LA BERE, EL OÍDO SECRETO DE LAS FAR: LA BRIGADA CUBANA QUE ESCUCHA DESDE BAJO TIERRA EL ESPACIO RADIOELÉCTRICO
A pocos kilómetros del centro de La Habana, en las inmediaciones del Cacahual, fuentes procedentes de la inteligencia militar cubana sitúan una instalación que durante décadas habría tenido una misión muy distinta a la de los cuarteles convencionales: escuchar, identificar y analizar el movimiento electrónico de un posible adversario. Se trata de la Brigada de Exploración Radioelectrónica (BERE), una estructura de inteligencia militar cuya historia está estrechamente relacionada con Estados Unidos y con la enorme estación soviética de Lourdes.
La BERE en Cuba no debe entenderse simplemente como una colección de antenas. La exploración radioelectrónica busca convertir transmisiones, radares, comunicaciones aéreas y navales, frecuencias, indicativos y otros rastros electromagnéticos en información militar; antiguas fuentes vinculadas a la unidad aseguran que durante décadas su principal objetivo fue conocer el comportamiento de las fuerzas estadounidenses en el Caribe y más allá.
LA BERE Y LOURDES: DOS OÍDOS ELECTRÓNICOS EN UNA MISMA ISLA
Durante la Guerra Fría, Cuba albergó uno de los centros de espionaje electrónico más importantes de la Unión Soviética fuera de su territorio. La estación de Lourdes, levantada al sur de La Habana, llegó a emplear alrededor de 1.500 a 2.100 técnicos y militares y podía monitorear comunicaciones estadounidenses, tráfico de satélites, actividades espaciales en Cabo Cañaveral y comunicaciones marítimas y militares.
Lourdes, sin embargo, no era exactamente la BERE. Fuentes abiertas y testimonios de antiguos oficiales describen una estructura cubana propia de exploración radioelectrónica, vinculada a la Inteligencia Militar, que desarrolló capacidades similares y que puede entenderse operativamente como la contraparte cubana del gigantesco sistema soviético, aunque no hemos encontrado documentación oficial que la defina literalmente como una “réplica” de Lourdes.
Existe además una versión especialmente interesante dentro de antiguos círculos militares: Lourdes y la BERE habrían sido mantenidas como sistemas separados deliberadamente, evitando que toda la capacidad cubana de escucha dependiera de la instalación soviética. CubaBajoLupa no ha localizado una orden desclasificada firmada por Fidel Castro que demuestre esa decisión, por lo que debe tratarse como una versión procedente del entorno de inteligencia y no como un hecho documentalmente establecido.
La lógica, sin embargo, encaja con una desconfianza cubano-soviética que sí está históricamente documentada. En octubre de 1962, Nikita Jrushchov acordó retirar los misiles nucleares soviéticos de Cuba sin consultar previamente a Fidel Castro, decisión que provocó una seria ruptura de confianza entre ambos aliados; documentos soviéticos desclasificados revelan que el propio Jrushchov tuvo que intentar recomponer posteriormente la relación con Castro.
1962: CUANDO FIDEL DESCUBRIÓ LOS LÍMITES DE MOSCÚ
La Crisis de los Misiles dejó una enseñanza incómoda para La Habana: la Unión Soviética podía ser su principal protector militar, pero llegado el momento decisivo Moscú tomaría decisiones de acuerdo con sus propios intereses estratégicos. Esa interpretación ayuda a entender por qué tendría sentido que Cuba desarrollara capacidades propias de inteligencia y no entregara completamente su conocimiento del espacio radioelectrónico a su aliado soviético, aunque atribuir directamente la creación o independencia de la BERE a una orden derivada de 1962 requiere todavía documentación adicional.
Las divergencias volvieron a emerger décadas después con Mijaíl Gorbachov. Fidel Castro rechazó aspectos fundamentales de la perestroika soviética y defendió que Cuba no debía aplicar reformas diseñadas para otra realidad; documentos de las conversaciones entre ambos dirigentes en 1989 muestran que, aunque públicamente mantuvieron la alianza y un lenguaje de respeto, existían diferencias importantes sobre el futuro del socialismo.
Por eso resulta demasiado categórico afirmar que Fidel “calló desde 1962 hasta que apareció Gorbachov”. Lo demostrable es más interesante: la retirada unilateral de los misiles abrió una fractura real en 1962 y las políticas de Gorbachov volvieron a colocar décadas más tarde las diferencias cubano-soviéticas en primer plano.
UNA INSTALACIÓN SOTERRADA CERCA DEL CACAHUAL
Uno de los mayores misterios de la BERE es su sede principal. Un reportaje de CubaNet basado en entrevistas con antiguos oficiales de la Inteligencia Militar la sitúa cerca del Mausoleo del Cacahual, al suroeste de La Habana, y describe una parte considerable de sus instalaciones como soterrada.
Otra fuente de exiliados, publicada años antes, identifica la instalación como Unidad Militar 1757 y la ubica al sureste de Santiago de las Vegas. Según ese testimonio, entre 1991 y 1994 determinadas áreas fueron llevadas bajo tierra para protegerlas contra ataques y dificultar su localización desde el aire; esa versión no ha sido confirmada públicamente por las FAR.
Fuentes independientes atribuyen además a la BERE una red mucho más amplia que la instalación del Cacahual. Antiguos integrantes han mencionado campos de antenas, radiogoniómetros, estaciones móviles, medios instalados en embarcaciones y aeronaves, así como antiguas instalaciones secundarias en Naroca y el Bosque de La Habana.
NO SE TRATA SOLO DE ESCUCHAR: SE TRATA DE IDENTIFICAR
Los testimonios más llamativos describen un trabajo casi detectivesco. Antiguos oficiales aseguran que la BERE llegó a construir archivos de frecuencias, patrones de transmisión, indicativos e incluso características particulares de operadores y sistemas estadounidenses, lo que permitiría reconocer determinados medios militares por su comportamiento electrónico.
La radiogoniometría agrega otra capacidad: determinar la dirección desde la cual procede una transmisión y, mediante varias estaciones, contribuir a establecer su posición. Manuales militares que emplean la misma doctrina de origen soviético incluyen unidades BERE dedicadas a exploración radio, radiotécnica y radiogoniométrica contra objetivos terrestres, navales y aéreos.
EL “JUGUETE DE GUERRA” DE RAÚL CASTRO
Describir la BERE como uno de los “juguetes de guerra preferidos de Raúl Castro” es una caracterización política, no una denominación oficial. Pero la importancia atribuida a la inteligencia militar durante las décadas en que Raúl dirigió el MINFAR ayuda a explicar por qué una capacidad destinada a conocer movimientos militares estadounidenses habría recibido atención especial.
Fuentes abiertas sobre la estructura de la Inteligencia Militar cubana colocan la exploración radioelectrónica entre sus componentes especializados y vinculan la UM-1757 con esa función. La dimensión real de sus capacidades actuales, su presupuesto, el número de efectivos y sus tecnologías continúan fuera de la información pública disponible.
EL FIN DE LOURDES NO SIGNIFICÓ EL FIN DEL OÍDO CUBANO
Rusia decidió cerrar Lourdes a comienzos del siglo XXI y su desmantelamiento concluyó en 2002. La medida provocó malestar en La Habana y puso fin a una instalación soviético-rusa que había funcionado durante décadas como uno de los grandes puestos de escucha contra Estados Unidos.
Pero el cierre de Lourdes no implica necesariamente que Cuba perdiera sus capacidades propias. Precisamente ahí radica la importancia histórica de la BERE: si los testimonios de antiguos oficiales son correctos, La Habana habría conservado su propio aparato de inteligencia radioelectrónica independientemente de que Moscú recogiera sus antenas y abandonara la isla.
En 2023, exoficiales entrevistados por CubaNet afirmaron incluso que China podría estar colaborando en la modernización tecnológica y sostenimiento de la BERE. Esas declaraciones se produjeron durante la controversia internacional sobre posibles instalaciones chinas de inteligencia en Cuba, pero los detalles específicos sobre una modernización de la BERE no han sido confirmados independientemente.
La pregunta, por tanto, sigue abierta: ¿qué puede escuchar hoy la BERE desde Cuba y quién tiene acceso a la información que acumula? Detrás de las antenas visibles y de las instalaciones que antiguos militares describen bajo tierra permanece una estructura sobre la que el Gobierno cubano ofrece muy pocas respuestas públicas.
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