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Cuba Bajo Lupa

JOVEN CUBANA MUESTRA CUÁNTO CUESTA UNA COMIDA “BARATA” EN CUBA: 2.400 PESOS SOLO EN ARROZ Y PICADILLO

Una joven cubana mostró cuánto puede costar actualmente preparar una comida barata en Cuba utilizando dos productos básicos: arroz y picadillo de pollo. La compra ascendió a 2.400 pesos cubanos, una cifra que adquiere otra dimensión cuando se compara con los ingresos salariales dentro de la isla.

La joven, que se identifica como Yanesi, explicó que vive en un pueblo alejado de la ciudad, donde las posibilidades de escoger alimentos son limitadas no solo por los precios, sino también por la disponibilidad. Para esa comida compró dos libras de picadillo de pollo por 1.400 pesos y un paquete de arroz por otros 1.000.

Su experiencia ofrece una fotografía cotidiana de uno de los problemas más sensibles para las familias cubanas: cuánto dinero se necesita para colocar una comida básica sobre la mesa.

Cuánto cuesta una comida barata en Cuba

El gasto presentado por la joven se distribuyó de esta manera:

  • Picadillo de pollo, dos libras: 1.400 CUP
  • Paquete de arroz: 1.000 CUP
  • Total: 2.400 CUP

La propia cubana aclaró que eligió productos económicos dentro de lo que tenía disponible en su localidad. También señaló que no siempre puede comprar los alimentos que desea porque simplemente no se comercializan en la zona donde reside.

Ese detalle resulta importante. En Cuba, el problema alimentario no se reduce únicamente al precio: la disponibilidad puede variar considerablemente entre municipios y provincias, obligando a muchas familias a comprar aquello que aparece en el mercado, aunque no sea su primera opción.

El contraste con el salario mínimo cubano

La comparación con los salarios ayuda a entender mejor el peso de esos 2.400 pesos.

Desde julio de 2026, Cuba elevó oficialmente el salario mínimo nacional de 2.100 a 3.210 pesos mensuales, según la Resolución 14 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social publicada en la Gaceta Oficial No. 60. La modificación comenzó a reflejarse en los pagos efectuados en agosto.

Esto significa que el costo señalado por Yanesi para comprar únicamente arroz y picadillo se acerca al valor de un salario mínimo mensual completo. Y esa compra, además, no incluye otros gastos imprescindibles de un hogar como aceite, condimentos, vegetales, pan, huevos, electricidad, medicamentos, transporte o productos de higiene.

El propio Gobierno cubano ha reconocido que el aumento salarial continúa siendo insuficiente. Durante una actualización ante la Asamblea Nacional a finales de julio, el primer ministro Manuel Marrero señaló que la medida era necesaria, aunque insuficiente, en el actual contexto económico.

Gastar 2.400 pesos todos los días

Yanesi planteó otra comparación: si una persona necesitara desembolsar aproximadamente esa cantidad diariamente para alimentarse, el gasto mensual rondaría los 74.400 pesos.

Naturalmente, eso no significa que cada cubano gaste esa cantidad todos los días ni que todas las comidas tengan ese precio. La comparación funciona, sin embargo, como una forma de dimensionar la brecha que existe entre determinados precios minoristas y los ingresos que reciben muchos trabajadores.

Tampoco puede afirmarse que los 2.400 pesos representen el precio estándar de una comida en toda Cuba. Los precios, tamaños de los envases, tipos de establecimientos y disponibilidad cambian considerablemente según el territorio.

Comer “barato” ya no significa gastar poco

Quizás el aspecto más revelador de la experiencia sea precisamente la palabra utilizada para describir la compra: “barata”.

Dos alimentos básicos, adquiridos porque estaban entre las opciones más económicas disponibles, terminaron costando miles de pesos.

La situación muestra cómo ha cambiado el significado de buscar alimentos económicos dentro de la isla. Para numerosas familias, la decisión cotidiana ya no consiste únicamente en qué desean comer, sino en qué pueden encontrar y qué pueden pagar con los ingresos disponibles.

El caso de Yanesi no constituye por sí solo una estadística nacional, pero sí aporta un ejemplo concreto de cómo los precios de los alimentos impactan el presupuesto doméstico y permite colocar las cifras salariales oficiales frente a una experiencia de compra real.

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