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Cuba Bajo Lupa

JULIO CASAS REGUEIRO: EL GENERAL DE RAÚL CASTRO QUE AYUDÓ A CONVERTIR A LOS MILITARES EN UN PODER ECONÓMICO EN CUBA

Quince años después de su muerte, las Fuerzas Armadas Revolucionarias vuelven a colocar en la memoria oficial el nombre de Julio Casas Regueiro, uno de los militares más poderosos y, al mismo tiempo, menos conocidos por el cubano común. Fue ministro de las FAR, vicepresidente del Consejo de Estado, miembro del Buró Político y durante décadas uno de los hombres de máxima confianza de Raúl Castro, pero detrás del uniforme hubo otra faceta mucho más importante para entender la Cuba actual: Casas estuvo en el centro de la transformación de las Fuerzas Armadas en un gigantesco actor empresarial.

La versión oficial lo presenta como un militar austero, eficiente y absolutamente leal. Fuera de esa narrativa, su nombre aparece asociado al nacimiento y expansión del sistema empresarial de las FAR, al llamado “perfeccionamiento empresarial” y al entramado que terminó otorgando a los militares una influencia extraordinaria sobre sectores estratégicos de la economía cubana. Su muerte repentina en septiembre de 2011 alimentó además especulaciones sobre la sucesión dentro de la cúpula militar, aunque nunca apareció evidencia verificable de una causa diferente al paro cardiorrespiratorio comunicado oficialmente.

EL CONTADOR QUE TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN GENERAL

Julio Casas Regueiro nació el 16 de febrero de 1936 en Bombí, Mayarí Arriba, en el oriente de Cuba. Había estudiado comercio y trabajaba como contador en Santiago de Cuba antes de incorporarse a las actividades contra Fulgencio Batista. Según la biografía oficial, fue detenido en dos oportunidades y en 1957 abandonó su trabajo debido a la persecución de las autoridades, incorporándose posteriormente al movimiento revolucionario.

Su trayectoria quedó ligada muy pronto a Raúl Castro. Se incorporó al Segundo Frente Oriental Frank País y combatió bajo las órdenes del hermano menor de Fidel, una relación que sobreviviría durante más de cinco décadas. Después de 1959 ocupó sucesivamente responsabilidades en la Policía Nacional Revolucionaria y las Fuerzas Armadas, hasta convertirse en uno de los oficiales de mayor confianza dentro del círculo raulista.

LA SOMBRA DE RAÚL CASTRO DENTRO DE LAS FAR

Cuando murió, medios internacionales describieron a Casas como uno de los colaboradores más cercanos de Raúl Castro. No era una exageración: había acumulado durante décadas cargos militares decisivos y llegó a desempeñarse como jefe del Ejército Oriental, jefe de las Tropas de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria, sustituto del ministro para la actividad económica y posteriormente viceministro primero.

Esa cercanía quedó confirmada públicamente en febrero de 2008. Cuando Raúl Castro abandonó formalmente el Ministerio de las Fuerzas Armadas para asumir la presidencia del país, escogió precisamente a Casas Regueiro para sustituirlo como ministro. No entregó uno de los centros fundamentales del poder cubano a un político civil ni a un militar de segunda línea, sino a un hombre que había estado junto a él desde la guerrilla.

EL GENERAL QUE APRENDIÓ ECONOMÍA ANTES QUE GUERRA

Aquí comienza la parte de su historia que ayuda a explicar el poder económico que hoy poseen las Fuerzas Armadas.

Casas tenía formación contable y durante décadas estuvo estrechamente relacionado con la administración económica de las FAR. A partir de la crisis provocada por la desaparición de la Unión Soviética, el aparato militar comenzó a aplicar sistemas de gestión que buscaban mayor eficiencia, rentabilidad, control de costos y estímulos materiales. Aquella experiencia recibió el nombre de Perfeccionamiento Empresarial y posteriormente fue extendida a numerosas empresas civiles.

La propia propaganda oficial reconoce el papel central de Casas en ese proceso. Cuando murió, el comunicado del Buró Político destacó expresamente sus “notables contribuciones” al perfeccionamiento empresarial de las FAR y a la implementación de las reformas económicas aprobadas durante el VI Congreso del PCC.

EL ORIGEN DEL PODER DE GAESA

Pero aquella transformación iba mucho más allá de mejorar la contabilidad de algunas fábricas militares.

El Grupo de Administración Empresarial S.A., GAESA, terminó convirtiéndose en el corazón de un conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas. Investigaciones y análisis internacionales de aquella época identificaban a Julio Casas Regueiro como una de las principales figuras que dirigían el sistema empresarial militar y lo situaban al frente o en la supervisión del Grupo de Administración Empresarial durante su fase de expansión.

Los Angeles Times señaló tras su muerte que desde alrededor de 1990 Casas administraba el grupo empresarial del Ministerio de Defensa, encargado de numerosos negocios destinados a generar divisas. Aquella red incluía actividades relacionadas con turismo, comercio minorista, importaciones, servicios y producción de alimentos.

Es precisamente ahí donde su biografía deja de ser únicamente militar.

MILITARES ADMINISTRANDO HOTELES, TIENDAS Y DIVISAS

La crisis de los años noventa obligó al Gobierno cubano a buscar desesperadamente moneda convertible. Mientras la población enfrentaba apagones, racionamiento extremo y una caída brutal del nivel de vida durante el llamado Período Especial, sectores de las Fuerzas Armadas comenzaron a administrar empresas capaces de operar con mecanismos mucho más cercanos a los utilizados en economías de mercado.

El modelo combinaba disciplina militar, control político y herramientas empresariales. El País describía en 2007 una red de generales y coroneles administrando empresas bajo el paraguas de GAESA y situaba a Casas Regueiro en la dirección de ese aparato, como segundo militar en importancia detrás de Raúl Castro.

La paradoja era evidente: mientras el discurso oficial condenaba el capitalismo, una parte de la élite militar administraba hoteles, tiendas, importaciones, servicios turísticos y operaciones financieras utilizando técnicas empresariales destinadas a producir ganancias.

¿FUE JULIO CASAS EL “PADRE” DE GAESA?

Varias publicaciones independientes lo han descrito como creador o uno de los arquitectos de GAESA. Sin embargo, conviene precisar el término: el sistema empresarial militar se desarrolló gradualmente y no puede atribuirse exclusivamente a una sola persona. Raúl Castro proporcionó la cobertura política y estratégica, mientras Casas tuvo un papel fundamental en la administración económica y posteriormente otras figuras, especialmente Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, ampliaron enormemente el conglomerado.

Por eso resulta más preciso describir a Julio Casas Regueiro como uno de los principales arquitectos del modelo empresarial militar del que surgió el GAESA contemporáneo.

EL EXPERIMENTO QUE TERMINÓ TRANSFORMANDO TODA LA ECONOMÍA CUBANA

El llamado perfeccionamiento empresarial comenzó fundamentalmente dentro de las Fuerzas Armadas y después fue exportado a sectores civiles. En 2007, Casas intervenía personalmente en seminarios nacionales destinados a extender y consolidar aquel modelo, hablando de contabilidad, costos, eficiencia, dirección y gestión empresarial.

Aquello tenía una dimensión política importante. Las FAR dejaban de funcionar únicamente como institución defensiva y se convertían en una escuela de administradores. Generales, coroneles y cuadros formados dentro de la estructura militar comenzaron a ocupar puestos económicos estratégicos, consolidando una relación entre poder militar y poder empresarial que continuaría creciendo después de la muerte de Casas.

EL GRAN PROBLEMA: LA OPACIDAD

Aquí aparece una de las mayores controversias asociadas a su legado.

Las empresas controladas por las FAR se desarrollaron en un sistema extraordinariamente opaco para el ciudadano cubano. No existía una supervisión pública comparable a la de compañías que presentan balances transparentes ante accionistas o instituciones independientes, y la población tenía acceso muy limitado a información detallada sobre ingresos, gastos, patrimonio, inversiones y transferencias entre las compañías militares.

Incluso analistas extranjeros advertían que era difícil conocer con precisión el tamaño y los ingresos de aquellas estructuras. Esa falta de transparencia alimentó durante décadas preguntas sobre cuánto dinero manejaban realmente los militares, quién tomaba las decisiones económicas y hasta dónde llegaba el patrimonio administrado fuera del presupuesto ordinario visible del Estado.

EL SISTEMA QUE ABRIÓ EL CAMINO A LÓPEZ-CALLEJA

Una de las figuras que surgiría dentro del sistema económico militar fue Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien terminaría convirtiéndose en presidente ejecutivo de GAESA y en uno de los hombres más poderosos de Cuba. Además de militar, López-Calleja había sido yerno de Raúl Castro, lo que reforzó las acusaciones de concentración familiar del poder económico dentro del entorno de las Fuerzas Armadas.

Casas Regueiro pertenece a la generación anterior, aquella que estructuró y profesionalizó buena parte del aparato económico castrense. Bajo sus responsabilidades se formaron cuadros que posteriormente dirigirían algunas de las mayores empresas del país, consolidando un modelo donde el control militar no se limitaba a los cuarteles.

LA POLÉMICA COMPRA DE LA PARTICIPACIÓN DE TELECOM ITALIA

Uno de los acontecimientos económicos que despertó interrogantes durante los últimos años de Casas ocurrió en 2010, cuando una compañía vinculada a las estructuras militares compró por aproximadamente 706 millones de dólares la participación que Telecom Italia poseía en ETECSA, la empresa estatal de telecomunicaciones.

Los Angeles Times recordó la operación al informar sobre la muerte de Casas y señaló que había provocado sorpresa porque se realizó en un momento en que el propio Gobierno cubano insistía en que sufría una severa falta de liquidez.

No existe evidencia que permita atribuir irregularidades personales a Casas en esa compra, pero la operación ilustraba hasta dónde había llegado el poder financiero de las estructuras vinculadas a las FAR: mientras el país declaraba escasez de divisas, una empresa estatal-militar podía movilizar cientos de millones de dólares.

EL GENERAL DE LA ECONOMÍA TAMBIÉN FUE GENERAL DE GUERRA

Reducirlo a administrador empresarial sería igualmente incompleto. Casas desarrolló una carrera estrictamente militar durante décadas, recibió formación en la Academia del Estado Mayor General de la Unión Soviética y participó en misiones internacionales.

Granma documentó particularmente su presencia en Etiopía durante la guerra del Ogadén, donde oficiales cubanos participaron en operaciones junto a las fuerzas etíopes y soviéticas contra Somalia. Un testimonio publicado después de su muerte lo sitúa directamente acompañando las operaciones cubanas durante la ofensiva hacia Jijiga.

Aquellas campañas reforzaron su posición dentro de una generación de generales cuya legitimidad interna combinaba la lucha revolucionaria, las misiones africanas y la lealtad personal a Raúl Castro.

DE SEGUNDO HOMBRE DE LAS FAR A MINISTRO DE DEFENSA

Durante años, Casas fue considerado prácticamente el segundo hombre de las Fuerzas Armadas detrás de Raúl. Cuando este asumió definitivamente la jefatura del Estado en 2008, la sucesión dentro del MINFAR pareció natural y Casas quedó colocado al frente de la institución.

También fue elegido vicepresidente del Consejo de Estado y conservó su posición en el Buró Político, acumulando simultáneamente poder militar, político y experiencia económica. Cuando murió en 2011 no era, por tanto, un general retirado: estaba ocupando algunos de los cargos más importantes del país.

3 DE SEPTIEMBRE DE 2011: LA MUERTE

El comunicado oficial divulgado aquel día señaló que Julio Casas Regueiro murió en La Habana a la 1:20 de la tarde, como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio. Tenía 75 años y continuaba siendo ministro de las FAR, vicepresidente del Consejo de Estado y miembro del Buró Político.

Sus restos fueron cremados y posteriormente trasladados al Mausoleo del Segundo Frente Oriental Frank País. El Gobierno decretó duelo oficial y Raúl Castro encabezó los homenajes póstumos.

¿HUBO ALGO EXTRAÑO EN SU MUERTE?

CONFIRMADO

La única causa oficialmente establecida fue un paro cardiorrespiratorio. La información fue publicada inmediatamente por el Gobierno cubano, repetida por medios internacionales y nunca apareció documentación médica pública que estableciera otra causa.

También está confirmado que su muerte fue relativamente repentina desde el punto de vista político: seguía ejerciendo funciones al máximo nivel y había participado en la elaboración e implementación de las nuevas reformas económicas aprobadas meses antes en el VI Congreso del PCC.

NO CONFIRMADO

No existe evidencia verificable que permita afirmar que Casas Regueiro murió asesinado, envenenado o víctima de una conspiración interna. Esas hipótesis circularon fundamentalmente fuera de Cuba y se vieron alimentadas por la tradicional opacidad del régimen alrededor de la salud de sus dirigentes.

El hecho de que sus restos fueran cremados tampoco constituye por sí mismo evidencia de encubrimiento. El comunicado oficial indicó expresamente que la cremación respondió a su voluntad.

¿POR QUÉ SURGIERON TANTAS ESPECULACIONES?

La respuesta tiene más que ver con el contexto que con pruebas concretas. Casas era ministro de Defensa, hombre de máxima confianza de Raúl, conocedor del aparato económico militar y uno de los generales con mayor acceso a información estratégica. Su muerte ocurrió apenas tres años después de la transferencia presidencial de Fidel a Raúl y pocos meses después del VI Congreso del PCC, cuando comenzaba una importante reorganización económica.

Además, su desaparición obligaba a responder inmediatamente una pregunta fundamental: quién ocuparía el Ministerio de las FAR y cómo quedaría repartido el poder dentro de la generación histórica. Finalmente, Leopoldo Cintra Frías asumió el ministerio.

EL HOMBRE QUE CONOCÍA LAS CUENTAS DE LOS MILITARES

La condición de Casas como responsable durante años de la actividad económica de las FAR explica buena parte del misterio que posteriormente rodeó su figura.

No era únicamente alguien que conocía planes militares. También había participado en la construcción de un sistema empresarial que administraba divisas, hoteles, tiendas, importaciones y otros negocios estratégicos. En un país donde las cifras de las empresas militares permanecían lejos del escrutinio ciudadano, un hombre con ese conocimiento ocupaba una posición excepcional.

Eso no demuestra que conociera secretos ilícitos ni que su muerte estuviera relacionada con ellos, pero sí explica por qué su nombre aparece inevitablemente cuando se intenta reconstruir el origen de la economía militar cubana.

DE JULIO CASAS A LA CUBA DE GAESA

Aquí está probablemente la herencia más importante de su trayectoria. El modelo empresarial desarrollado dentro de las FAR no desapareció con su muerte. Todo lo contrario: continuó expandiéndose hasta convertir a GAESA en un actor determinante de sectores como turismo, comercio minorista, servicios financieros, transporte y operaciones inmobiliarias.

Por eso, investigar a Julio Casas Regueiro no es simplemente revisar la biografía de un general fallecido hace quince años. Es regresar al periodo en que comenzó a construirse una de las estructuras económicas más poderosas y menos transparentes de la Cuba contemporánea.

¿UN ESCÁNDALO PERSONAL?

NO HAY EVIDENCIA SÓLIDA

A diferencia de otros dirigentes investigados en nuestra serie, no encontré documentación suficientemente sólida para atribuir a Julio Casas Regueiro un gran caso personal de corrupción, enriquecimiento ilícito, narcotráfico o comportamiento privado escandaloso.

Y no debemos inventárselo. Las grandes polémicas de Casas son institucionales: su papel en la militarización de la economía, la opacidad del sistema empresarial castrense, el extraordinario crecimiento de GAESA y la concentración de poder económico en una institución que simultáneamente dispone de armas, control político y acceso privilegiado al Estado.

Esa historia es suficientemente grande sin necesidad de fabricar otra.

EL GENERAL QUE AYUDÓ A CAMBIAR LA NATURALEZA DE LAS FAR

Durante buena parte del siglo XX las Fuerzas Armadas se definían principalmente por sus funciones militares. Bajo Raúl Castro y hombres como Casas Regueiro comenzaron también a convertirse en administradores, empresarios y gestores de sectores fundamentales de la economía.

El resultado de ese experimento terminó trascendiendo ampliamente al propio Casas. La combinación de disciplina militar, privilegios institucionales, empresas estatales y ausencia de mecanismos públicos de fiscalización creó una estructura con enorme capacidad para concentrar recursos.

Para el régimen aquello era eficiencia. Para sus críticos, era la construcción de un Estado empresarial dentro del propio Estado.

QUINCE AÑOS DESPUÉS, SU SOMBRA SIGUE SOBRE LA ECONOMÍA CUBANA

Julio Casas Regueiro murió el 3 de septiembre de 2011, pero el modelo al que dedicó una parte fundamental de su carrera sobrevivió y se hizo todavía más poderoso.

Ese probablemente sea el motivo por el que su nombre merece algo más que los homenajes cuidadosamente elaborados por la prensa oficial. Detrás del general austero presentado por Granma existía uno de los arquitectos de una transformación decisiva: el momento en que los militares cubanos dejaron de limitarse a controlar las armas y comenzaron también a administrar una parte creciente del dinero.

La versión oficial celebra su eficiencia, disciplina y fidelidad a Raúl Castro. La otra cara de su legado conduce a preguntas que siguen completamente vigentes: ¿cuánto controla realmente el aparato militar?, ¿cómo se administraron durante décadas los ingresos de sus empresas?, ¿qué mecanismos independientes fiscalizaron esos recursos?, ¿y cómo una organización creada para defender el país terminó acumulando semejante peso económico?

Quince años después de su muerte, esas preguntas siguen siendo considerablemente más importantes que cualquier misterio sobre su fallecimiento.

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