RANDY ALONSO EXPLOTA TRAS APAGONES DE MÁS DE 40 HORAS EN LA HABANA Y CUESTIONA AL RÉGIMEN POR CÓMO SE REPARTE LA ELECTRICIDAD
El director de Cubadebate, Randy Alonso, publicó una crítica poco habitual sobre la distribución del servicio eléctrico en La Habana y reconoció que existen apagones de más de 40 horas en algunos circuitos de la capital. Su texto, aparecido en el medio oficialista que dirige, cuestiona por qué determinadas zonas permanecen tanto tiempo sin electricidad mientras otras, consideradas vinculadas a “objetivos vitales”, apenas sufren cortes.
La publicación resulta significativa porque no proviene de un medio independiente ni de una denuncia ciudadana, sino de una figura estrechamente vinculada al aparato comunicacional estatal. Alonso no pone en duda la narrativa oficial sobre las causas de la crisis, pero sí reclama una distribución más racional de la escasa electricidad disponible y una mejor coordinación entre los servicios de agua y energía.
RANDY ALONSO HABLA DE APAGONES DE MÁS DE 40 HORAS EN LA HABANA
En su texto, Alonso asegura que varios circuitos habaneros llevan más de 40 horas sin servicio eléctrico y se pregunta por qué algunos de ellos no aparecen entre los que estaban siendo restablecidos durante la mañana. También cuestiona que determinados circuitos permanezcan protegidos durante semanas bajo el argumento de que alimentan instalaciones consideradas esenciales.
Su planteamiento va más allá de la duración de los apagones. Alonso también señala que en determinados barrios resulta difícil hacer coincidir el regreso de la electricidad con el suministro de agua, lo que agrava las condiciones de vida de las familias. En su valoración, la falta de agua puede resultar incluso más dura para la población que la propia ausencia de corriente.
UNA CRÍTICA INTERNA QUE NO ROMPE CON EL DISCURSO OFICIAL
Aunque el director de Cubadebate cuestiona la organización interna del servicio, mantiene intacta la explicación política del Gobierno cubano sobre el origen de la crisis. En su publicación responsabiliza a Estados Unidos y llama incluso a protestar contra Donald Trump y Marco Rubio por lo que describe como un “castigo colectivo” contra la población cubana.
La crítica, por tanto, tiene un límite claro: Alonso admite problemas concretos de gestión y distribución, pero no atribuye responsabilidad estructural al Gobierno cubano por el deterioro acumulado del Sistema Electroenergético Nacional. Esa posición contrasta con reportes independientes y de agencias internacionales que han señalado, además de las restricciones estadounidenses al acceso a combustible, el envejecimiento de las termoeléctricas, la falta de inversión y las averías recurrentes como factores centrales de la crisis.
LA CRISIS ENERGÉTICA YA ALCANZA NIVELES EXTREMOS
Los cuestionamientos de Alonso aparecen en un contexto particularmente crítico. El 1 de septiembre, la Unión Eléctrica preveía una afectación simultánea de hasta 70 % del país durante el horario de mayor demanda, con una capacidad de generación de apenas 1.020 MW frente a una demanda máxima de unos 3.300 MW.
En las últimas semanas, los apagones en La Habana han alcanzado habitualmente 20 horas o más, mientras en otras provincias se han reportado cortes superiores a dos días consecutivos. La propia agencia EFE ha descrito la situación del sistema como “crítica” y “extremadamente tensa”, de acuerdo con reconocimientos realizados por el propio Gobierno cubano.
La magnitud del problema también se refleja en la frecuencia de fallos graves. Cuba ha sufrido múltiples apagones generales y parciales durante los últimos dos años, con salidas de servicio de varias termoeléctricas y afectaciones severas en las líneas de transmisión.
PROTESTAS TRAS MÁS DE 40 HORAS SIN LUZ
La referencia de Alonso a apagones superiores a 40 horas coincide con reportes independientes sobre protestas recientes en La Habana. Diario de Cuba informó que residentes de la calle 26, en el Vedado, bloquearon el tráfico después de permanecer más de 40 horas sin electricidad. Según ese reporte, varios vehículos tuvieron que retroceder ante la presencia de vecinos en la vía.
El episodio muestra que la duración de los apagones ya no es solo un problema técnico o doméstico. Los cortes prolongados están generando creciente malestar social, especialmente cuando se combinan con falta de agua, dificultades para cocinar, altas temperaturas y deterioro de alimentos.
LA PROPIA PRENSA OFICIAL RECONOCE EL PROBLEMA
Que una figura como Randy Alonso cuestione públicamente la distribución de la electricidad resulta relevante porque evidencia que el malestar ha penetrado incluso en espacios tradicionalmente alineados con el discurso estatal. Su publicación no representa una ruptura política, pero sí constituye un reconocimiento de que la organización de los apagones está generando inconformidad incluso entre voces cercanas al oficialismo.
El propio Alonso plantea que, aun con muy poca energía disponible, las autoridades deberían mejorar la forma de repartirla y ofrecer información más clara para evitar mayor frustración. También menciona la posibilidad de utilizar herramientas de inteligencia artificial para optimizar procesos de planificación y distribución.
El problema, sin embargo, va mucho más allá de cómo distribuir los cortes. La crisis energética cubana combina escasez de combustible, deterioro tecnológico, falta de mantenimiento, insuficiente capacidad de generación y una infraestructura envejecida que lleva años mostrando signos de agotamiento.
POR QUÉ IMPORTA ESTA DECLARACIÓN
La publicación de Randy Alonso tiene valor precisamente porque proviene de uno de los principales espacios mediáticos del sistema cubano. Cuando una voz de ese entorno reconoce apagones superiores a 40 horas y cuestiona la forma en que se distribuye el servicio, queda claro que el problema ha alcanzado una dimensión difícil de ocultar.
Al mismo tiempo, su mensaje refleja una contradicción que se repite dentro del discurso oficial: se reconoce el sufrimiento cotidiano de la población y se admiten fallos internos de organización, pero se mantiene como explicación principal la responsabilidad externa.
La crisis, mientras tanto, sigue golpeando directamente a millones de cubanos que deben organizar su vida alrededor de unas pocas horas de electricidad y agua.
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