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Cuba Bajo Lupa

ALBERTO MORA BECERRA, EL MINISTRO DE COMERCIO EXTERIOR QUE TERMINÓ SUICIDÁNDOSE CUANDO FIDEL CASTRO LO APARTÓ DEL PODER

Alberto Mora Becerra perteneció al núcleo de jóvenes revolucionarios que llegaron al poder después de 1959 y ocuparon responsabilidades de primer nivel. Era hijo de Menelao Mora, uno de los organizadores del asalto al Palacio Presidencial contra Batista en 1957, y durante los primeros años de la Revolución alcanzó rango de comandante, dirigió organismos económicos y fue nombrado ministro de Comercio Exterior. Sin embargo, su trayectoria terminó alejándose cada vez más del centro del poder hasta desembocar en un desenlace trágico: se suicidó en septiembre de 1972, cuando ya había perdido las posiciones que alguna vez ocupó dentro del gobierno.

Su caso es especialmente delicado porque alrededor de su muerte existen numerosas versiones, interpretaciones y rumores, pero no una explicación oficial detallada que permita afirmar con certeza una causa política directa. Lo que sí está documentado es que Mora pasó de ser ministro y protagonista de uno de los grandes debates económicos de los años sesenta a quedar relegado a funciones menores, mantener una estrecha amistad con Heberto Padilla y enfrentarse nuevamente al clima de intolerancia política después del arresto del poeta en 1971.

HIJO DE UN HOMBRE QUE MURIÓ LUCHANDO CONTRA BATISTA

Alberto Mora era hijo de Menelao Mora Morales, una figura histórica del Partido Auténtico y uno de los organizadores del ataque al Palacio Presidencial del 13 de marzo de 1957. Alberto no participó directamente en aquella acción porque estaba encarcelado; una reconstrucción posterior sostiene que se había dejado detener días antes para facilitar la fuga de su padre. Menelao murió durante el ataque, mientras Alberto sobrevivió para ver la caída de Batista menos de dos años después.

Esa trayectoria familiar colocó a Mora dentro de una generación con fuertes credenciales revolucionarias propias. Después de 1959 fue incorporado rápidamente a responsabilidades estatales y alcanzó el grado de comandante. Su ascenso no fue simbólico: en febrero de 1961, una reorganización del gobierno creó el Ministerio de Comercio Exterior y Alberto Mora fue designado como su titular, mientras Ernesto Guevara asumía el nuevo Ministerio de Industrias.

DE COMANDANTE A MINISTRO DE COMERCIO EXTERIOR

El nombramiento colocó a Mora en un punto estratégico. Cuba estaba transformando radicalmente su economía, nacionalizando empresas, reorganizando el comercio exterior y acercándose cada vez más al bloque socialista. Desde el ministerio, Mora participó directamente en aquellas discusiones y se convirtió en una de las voces más visibles sobre cómo debía funcionar una economía socialista cubana.

Su posición no coincidía plenamente con la defendida por Che Guevara. Mora sostenía que la ley del valor, los costos, la rentabilidad, ciertos incentivos materiales y una determinada autonomía financiera de las empresas continuaban teniendo un papel durante la transición socialista. Guevara defendía, en cambio, el Sistema Presupuestario de Financiamiento y concedía un peso mucho mayor a la centralización y los estímulos morales. Aquella diferencia terminó convirtiéndose en el llamado Gran Debate Económico cubano de 1963-1964.

EL MINISTRO QUE LE DISCUTIÓ PÚBLICAMENTE AL CHE

En junio de 1963, Mora publicó en la revista Comercio Exterior un artículo titulado “En torno a la cuestión del funcionamiento de la ley del valor en la economía cubana en los momentos actuales”. El texto cuestionaba, sin necesidad de convertir la discusión en un ataque personal, la tesis de quienes consideraban que la ley del valor dejaba de operar plenamente dentro del sector estatal socialista.

La respuesta de Guevara fue pública. Nuestra Industria Económica, revista del Ministerio de Industrias, reprodujo el texto de Mora acompañado por una réplica del Che, y la controversia se amplió posteriormente a otros economistas y funcionarios como Carlos Rafael Rodríguez, Marcelo Fernández, Luis Álvarez Rom, Charles Bettelheim y Ernest Mandel. Estudios académicos consideran hoy aquella polémica uno de los grandes debates intelectuales sobre economía socialista desarrollados en América Latina durante el siglo XX.

SU POSICIÓN NO ERA “ANTICOMUNISTA”

Aquí hay una paradoja importante que no debemos simplificar. Alberto Mora no discutía con Guevara desde posiciones capitalistas ni estaba defendiendo una economía liberal. Los dos discutían sobre cómo construir el socialismo, pero proponían mecanismos económicos diferentes para llegar a ese objetivo.

De hecho, la corriente defendida por Mora era en varios aspectos más próxima a determinados modelos económicos soviéticos, especialmente al llamado cálculo económico. Esa circunstancia vuelve difícil sostener que su posterior marginación se debiera simplemente a una supuesta oposición al comunismo; su caída respondió a una combinación mucho más compleja de cambios internos, rivalidades, decisiones políticas y pérdida de influencia.

EN 1965 DEJÓ DE SER MINISTRO

Mora permaneció al frente de Comercio Exterior hasta aproximadamente 1965, cuando fue sustituido por Marcelo Fernández Font. Los registros históricos del ministerio sitúan su gestión entre 1961 y 1965, pero las fuentes no permiten afirmar con seguridad que su salida se produjera exclusivamente como castigo por la polémica económica con Guevara.

Hay incluso una circunstancia que obliga a ser cuidadosos: fuentes vinculadas al propio debate económico sostienen que, después de ser sustituido, Guevara lo incorporó como asesor del Ministerio de Industrias. Si esa reconstrucción es correcta, demuestra que las diferencias teóricas entre ambos no equivalían automáticamente a una enemistad personal o a una purga inmediata.

DE LOS DESPACHOS DEL GOBIERNO A UNA POSICIÓN MARGINAL

Lo que sí parece claro es que, durante la segunda mitad de los años sesenta, Mora fue perdiendo protagonismo dentro de la estructura estatal. Una investigación académica sobre el cine cubano señala que para finales de aquella década había caído en desgracia y que su traslado a la Comisión de Extensión Universitaria representó una degradación burocrática respecto a las posiciones que anteriormente había ocupado.

Desde aquel espacio universitario trató de promover actividades culturales y cinematográficas y se mantuvo cercano a escritores e intelectuales. Entre sus amistades estaban Guillermo Cabrera Infante y, de manera especialmente importante para lo que ocurriría después, Heberto Padilla. Estudios sobre la trayectoria de Padilla confirman que Mora había sido uno de sus amigos y apoyos desde los primeros años revolucionarios.

EL CASO PADILLA LO VOLVIÓ A PONER EN EL CENTRO DEL CONFLICTO

Cuando Heberto Padilla fue arrestado en marzo de 1971, Mora reaccionó de una manera extraordinaria. Según una reconstrucción basada en testimonios posteriores, escribió una carta dirigida a Fidel Castro en la que sostenía que compartía muchas de las ideas del poeta y consideraba injusto permanecer libre mientras Padilla estaba detenido. En ese documento habría llegado a pedir que, si aquellas ideas constituían un delito, él también debía ser arrestado.

La historia tiene un giro todavía más extraño. Según la misma fuente, agentes de la Seguridad del Estado detuvieron a Mora como parte de las investigaciones relacionadas con Padilla antes de conocer la existencia de la carta, que había sido entregada a Raúl Roa. Después de una entrevista con Fidel Castro mientras permanecía bajo custodia, Mora fue liberado y enviado a recorrer distintas regiones del país.

ESCRIBIÓ MÁS CARTAS CRITICANDO EL RUMBO DEL PROCESO

La primera carta no habría sido la última. La reconstrucción de Alejandro Armengol sostiene que Mora escribió posteriormente otros documentos donde analizaba logros y deficiencias de la Revolución y advertía sobre la necesidad de avanzar hacia fórmulas más democráticas para evitar la reproducción de prácticas propias de la Unión Soviética y del bloque socialista.

Debemos manejar este episodio con cautela porque no hemos localizado las cartas originales completas dentro de un archivo público accesible. Sin embargo, existen testimonios coincidentes sobre la cercanía entre Mora y Padilla, y Belkis Cuza Malé recordó posteriormente que Alberto fue uno de los amigos que permaneció más firmemente al lado del poeta después del escándalo de 1971.

MIENTRAS OTROS SE ALEJABAN DE PADILLA, MORA SE QUEDÓ

Después de la autocrítica pública de Padilla, el poeta quedó prácticamente aislado dentro de la vida cultural cubana. Un testimonio posterior recuerda que Alberto Mora fue durante ese período su compañía y apoyo más constante, incluso cuando relacionarse con el poeta podía convertirse en un problema político.

Ese dato añade una dimensión distinta a la historia de Mora. Ya no era únicamente el antiguo ministro que había perdido influencia, sino un cuadro revolucionario que, aun permaneciendo dentro de Cuba, estaba dispuesto a cuestionar abiertamente el tratamiento dado a un amigo y a defender principios relacionados con la libertad intelectual.

13 DE SEPTIEMBRE DE 1972

Alberto Mora se suicidó el 13 de septiembre de 1972. Fuentes posteriores coinciden en la fecha y en que para entonces ya no ocupaba el Ministerio de Comercio Exterior ni formaba parte del primer círculo gubernamental que había integrado una década antes.

Una reconstrucción sostiene que Carlos Rafael Rodríguez fue la única figura importante del gobierno que acudió a su entierro. El detalle resulta impactante, pero debe presentarse como una afirmación procedente de fuentes retrospectivas y no como un hecho respaldado, hasta ahora, por una lista oficial de asistentes al funeral.

¿POR QUÉ SE SUICIDÓ?

Esta es precisamente la pregunta que exige mayor prudencia. A lo largo de los años han aparecido versiones que vinculan su muerte con la marginación política, su solidaridad con Padilla, supuestos castigos laborales e incluso con la presión emocional acumulada después de su caída dentro del gobierno. Algunas publicaciones opositoras han interpretado directamente su suicidio como una denuncia política contra Fidel Castro.

Pero no tenemos evidencia suficiente para afirmar una causa única. No hemos localizado una carta de suicidio autenticada, un informe médico detallado o un documento oficial que explique sus motivos. Por eso el artículo debe ser contundente con los hechos comprobados y mucho más cuidadoso con la interpretación: Alberto Mora sufrió una caída política visible, mantuvo posiciones críticas y murió por suicidio, pero afirmar que “Castro lo llevó al suicidio” sería ir más allá de las pruebas disponibles.

LA GRAN PARADOJA DEL CASO MORA

La trayectoria de Alberto Mora tiene varias contradicciones difíciles de ignorar. Fue hijo de un hombre muerto combatiendo a Batista, comandante revolucionario, ministro de Comercio Exterior y protagonista de una discusión intelectual que el propio gobierno permitió publicar abiertamente en los primeros años sesenta. Una década después había perdido influencia, estaba ligado a un escritor perseguido y había pasado por una nueva confrontación con el aparato político.

También existe otra ironía histórica: algunos de los mecanismos económicos defendidos por Mora durante el debate de los sesenta —costos, rentabilidad, incentivos materiales y cálculo económico— no eran ideas antirrevolucionarias, sino propuestas internas del propio socialismo. Su caso demuestra hasta qué punto los primeros años de la Revolución estuvieron marcados por discusiones que posteriormente se volvieron mucho más difíciles dentro de una estructura política cada vez más centralizada.

DEL CENTRO DEL PODER AL SILENCIO

La historia de Alberto Mora no puede reducirse a la de un ministro que perdió su cargo. Su trayectoria reúne revolución, poder económico, debate intelectual, caída política, solidaridad con un escritor perseguido y un suicidio que quedó rodeado de silencios y especulaciones. Esa combinación convierte su caso en uno de los más enigmáticos de la generación que ocupó los primeros puestos del nuevo Estado después de 1959.

Y precisamente ahí está el ángulo más sólido para CubaBajoLupa: no necesitamos afirmar aquello que los documentos no demuestran. Basta con mostrar la secuencia comprobable. Alberto Mora llegó al Consejo de Ministros, discutió públicamente cómo debía construirse el socialismo, perdió progresivamente su posición, defendió a Padilla cuando hacerlo era peligroso y murió por suicidio en 1972. La causa exacta de su decisión final permanece abierta a interpretación.

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