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Cuba Bajo Lupa

APAGONES EN CUBA CONVIERTEN EL HIELO EN NEGOCIO: EN SANTIAGO YA SE VENDE HASTA POR VASOS

Los apagones en Cuba están cambiando incluso el valor de cosas tan elementales como un pedazo de hielo. En Santiago de Cuba, donde mantener un refrigerador funcionando durante horas puede convertirse en una tarea incierta, residentes han comenzado a producir y vender hielo en distintos formatos, desde grandes bloques hasta vasos individuales.

El fenómeno refleja una consecuencia muy concreta de la crisis energética: cuando una familia no sabe cuánto tiempo tendrá electricidad, enfriar agua, conservar alimentos o mantener unas bebidas frías deja de ser algo cotidiano. Para quienes cuentan con congeladores respaldados por sistemas eléctricos alternativos, incluidos paneles solares, esa necesidad se ha convertido también en una oportunidad de negocio.

APAGONES EN CUBA DAN VALOR A ALGO TAN BÁSICO COMO EL HIELO

Dos residentes de Santiago de Cuba consultados por CiberCuba describieron un crecimiento de la venta de hielo durante los últimos meses. Uno de ellos, residente en el reparto Los Pinos, aseguró que jóvenes e incluso niños recorren las calles transportando el producto en carretillas improvisadas.

De acuerdo con su testimonio, determinados bloques fabricados en recipientes conocidos popularmente como “jarros de cinco libras” pueden venderse alrededor de los 200 pesos cubanos, mientras las llamadas “balitas”, elaboradas dentro de botellas plásticas de aproximadamente 1.5 litros, rondan los 100 pesos.

Otro vendedor entrevistado por el mismo medio dijo ofrecer desde su vivienda recipientes de hielo por entre 70 y 100 pesos, mientras otras cantidades destinadas a enfriar bebidas pueden alcanzar los 120 pesos.

El aspecto más revelador de su testimonio no tiene que ver solamente con el precio. El hombre aseguró advertir a sus clientes que el agua utilizada no está tratada específicamente para consumo, pero algunos optan por descongelarla y beberla debido a la dificultad de conseguir agua fría.

La situación resume hasta qué punto una necesidad ordinaria ha adquirido otra dimensión: para algunas familias, beber un vaso de agua fría durante un apagón prolongado puede depender de comprar hielo a un particular.

EL HIELO TAMBIÉN SE VENDE EN FACEBOOK

Las ofertas no están limitadas a vendedores ambulantes. Publicaciones recientes localizadas en grupos de compraventa de Santiago de Cuba confirman que existe una oferta activa de hielo en redes sociales.

En el grupo 360 Compra Venta Santiago de Cuba, una publicación ofrecía hielo a 300 y 100 pesos, según la presentación.

En otro grupo de compraventa de la ciudad, una publicación anónima anunciaba recipientes de cinco litros por 400 pesos y, de manera aún más llamativa, vasos de hielo por 20 pesos.

También aparecen otras ofertas recientes de paquetes y bloques con precios diferentes según el peso y la cantidad, lo que muestra que no existe una tarifa uniforme y que el mercado funciona fundamentalmente por oferta, demanda y disponibilidad de refrigeración.

Que el hielo pueda comercializarse incluso por vasos es probablemente una de las imágenes más claras de la precariedad energética: el producto ya no sirve únicamente para fiestas, bares o negocios, sino para resolver necesidades domésticas inmediatas.

CUANDO CONGELAR UNA BOTELLA DE AGUA SE CONVIERTE EN NOTICIA

La expansión de este pequeño mercado tiene un contexto reconocible para quienes viven dentro de Cuba. En redes sociales se han viralizado publicaciones de cubanos celebrando algo tan sencillo como conseguir que una botella de agua llegue finalmente a congelarse entre un corte eléctrico y otro.

La reacción puede parecer exagerada vista desde fuera del país, pero adquiere otra dimensión cuando un refrigerador pasa repetidamente horas sin corriente.

La propia recurrencia de esas experiencias ayuda a explicar por qué existe demanda para quienes sí pueden garantizar varias horas continuas de congelación.

UNA ECONOMÍA INFORMAL NACIDA DE LA ESCASEZ

La venta de hielo no demuestra por sí sola cuánto ha crecido este negocio en toda Cuba ni permite establecer que exista de la misma forma en todas las provincias. Los testimonios y publicaciones consultados corresponden fundamentalmente a Santiago de Cuba.

Sí muestran, sin embargo, una dinámica económica fácil de identificar: donde desaparece un servicio básico, surge alguien dispuesto a vender una solución.

Quien dispone de un sistema fotovoltaico, baterías o alguna fuente alternativa de electricidad puede mantener un congelador funcionando mientras otros hogares permanecen a oscuras. Esa diferencia tecnológica termina convirtiéndose en capacidad productiva.

El resultado es paradójico: en una isla tropical, en pleno siglo XXI, algo tan común como el hielo comienza a comportarse como un producto condicionado por el acceso desigual a la electricidad.

Y cuando un vaso de hielo ya tiene precio propio, el problema dejó hace mucho tiempo de ser simplemente que “se fue la corriente”.

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