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Cuba Bajo Lupa

EL SECRETO MÁS OSCURO DE FIDEL CASTRO Y EL CHE GUEVARA: LA DENUNCIA SOBRE SANGRE DE PRESOS VENDIDA POR DÓLARES

Una de las acusaciones más graves documentadas sobre el sistema penitenciario cubano de los años sesenta sostiene que presos condenados a muerte fueron sometidos a extracciones forzosas de sangre antes de ser fusilados. El episodio aparece recogido en un informe de 1967 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), pero requiere una precisión fundamental: el documento incorporó denuncias recibidas por la Comisión; no constituye por sí solo una sentencia judicial que haya probado cada detalle narrado.

El señalamiento más estremecedor se refiere al 27 de mayo de 1966. El informe consignó que, entre aproximadamente las seis de la mañana y las seis de la tarde, 166 civiles y militares habrían sido ejecutados en la Fortaleza de La Cabaña después de pasar por un procedimiento de extracción de sangre. Según la denuncia recogida por la CIDH, se habrían extraído unas siete pintas por persona y esa sangre era vendida a Vietnam del Norte a 50 dólares por pinta.

La denuncia que quedó registrada en la CIDH

El documento de la CIDH describió además una instalación médica en La Cabaña donde, según la información recibida, trabajaban hematólogos cubanos y soviéticos. La Comisión también recogió denuncias de familiares de presos políticos a quienes supuestamente se exigía “donar” sangre como condición para poder realizar visitas.

Décadas después, Cuba Archive retomó el expediente y afirmó haber documentado 31 casos individuales de personas cuya sangre habría sido extraída antes de su ejecución entre 1960 y 1964. La propia organización reconoce que trabaja con testimonios, expedientes y fuentes históricas de distinto grado de comprobación, por lo que sus conclusiones deben ser atribuidas y no tratadas automáticamente como hechos judicialmente establecidos.

Entre esos nombres aparece Howard Anderson, ciudadano estadounidense ejecutado en Pinar del Río en abril de 1961. Cuba Archive sostiene que fue torturado y que se le extrajo gran parte de la sangre antes de morir. También registra el caso de Robert Fuller, ejecutado en Santiago de Cuba en octubre de 1960, junto con otros casos ocurridos fuera de La Habana.

Fidel habló públicamente de “dar nuestra sangre” a Vietnam

Existe, además, una declaración pública de Fidel Castro que añade un elemento significativo, aunque no demuestra por sí misma que la sangre enviada a Vietnam procediera de presos. El 2 de enero de 1966 afirmó que Cuba estaba dispuesta a entregar al pueblo vietnamita no solo azúcar, sino también “nuestra sangre”. La frase continúa siendo reproducida por medios oficiales cubanos en el contexto de las relaciones entre ambos países.

Lo que no puede sostenerse con rigor es que esa declaración constituya una admisión directa de extracción forzosa a condenados. Tampoco ha podido comprobarse la autenticidad de otra frase atribuida a Castro en la que supuestamente habría dicho que la sangre de “contrarrevolucionarios” era extraída antes de las ejecuciones. Cuba Archive reconoce expresamente que no ha logrado localizar una fuente primaria que permita verificar esa cita.

Una historia suficientemente grave sin necesidad de exagerarla

El material original mezcla hechos documentados, denuncias históricas, cálculos económicos y afirmaciones que carecen de respaldo suficiente. Por ejemplo, no encontré documentación sólida que permita afirmar que Canadá comprara específicamente sangre extraída de presos cubanos, ni que las víctimas del escándalo canadiense de sangre contaminada recibieran productos procedentes de esas extracciones.

También existe un error matemático importante en la narración original. Si 166 personas hubieran aportado siete pintas cada una a 50 dólares por pinta, el resultado sería 58.100 dólares, no 8.100.

La verdadera dimensión periodística del asunto está precisamente en lo que sí puede sostenerse: en 1967 una institución interamericana dejó registrada formalmente una denuncia extraordinariamente grave sobre extracciones de sangre a condenados a muerte en Cuba, con fecha, lugar, cantidades y un supuesto destino comercial. Más de medio siglo después, siguen faltando archivos cubanos abiertos y documentación independiente suficiente para esclarecer completamente qué ocurrió.

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