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Cuba Bajo Lupa

“EL CANGREJO” Y EL JEFE DEL MININT APARECEN EN EL RADAR DE EE.UU. PARA UNA EVENTUAL TRANSICIÓN EN CUBA

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro conocido como “El Cangrejo”, y el ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas, aparecen mencionados como figuras que podrían resultar aceptables para funcionarios estadounidenses en un eventual escenario de transición política en Cuba, según una investigación publicada por The New York Times. El diario no afirma que ninguno haya sido seleccionado formalmente para asumir el poder.

La revelación encaja dentro de una búsqueda más amplia atribuida a la administración de Donald Trump: identificar dentro del propio aparato cubano a un funcionario actual o anterior capaz de mantener cierta continuidad institucional y, al mismo tiempo, trabajar con Washington si se produce una reconfiguración de la cúpula gobernante.

El modelo de referencia sería Venezuela, donde Washington encontró en Delcy Rodríguez una figura interna con la que podía negociar después del desplazamiento de Nicolás Maduro. En Cuba, sin embargo, distintas evaluaciones y análisis coinciden en que no existe un equivalente evidente y que la estructura de poder es considerablemente más cerrada.

DOS NOMBRES DEL CORAZÓN DEL SISTEMA

La aparición de Rodríguez Castro resulta llamativa porque no ocupa uno de los cargos civiles más visibles del Estado cubano.

“El Cangrejo” ha permanecido históricamente vinculado al entorno de seguridad de Raúl Castro y ha adquirido una relevancia creciente en los contactos entre La Habana y Washington. Associated Press señala que anteriormente trabajó como guardaespaldas de su abuelo y posteriormente dirigió la estructura cubana equivalente al Servicio Secreto, pese a no haber ocupado un puesto gubernamental de primera línea.

Álvarez Casas representa un perfil distinto. Como ministro del Interior, encabeza una institución esencial dentro del aparato de seguridad cubano.

Además, su eventual consideración como interlocutor estadounidense produciría una paradoja política evidente: Washington mantiene sancionado al propio Álvarez Casas. En enero de 2021, el Departamento del Tesoro designó tanto al Ministerio del Interior como a su titular bajo la Orden Ejecutiva 13818, vinculada al régimen Global Magnitsky, por lo que describió como graves abusos de derechos humanos.

Que un funcionario sancionado pueda al mismo tiempo aparecer como posible interlocutor en un escenario político futuro no significa que las sanciones hayan sido retiradas ni que exista un acuerdo para rehabilitarlo.

LA REUNIÓN QUE AHORA COBRA MÁS IMPORTANCIA

Existe un hecho que coloca a ambos nombres directamente en la relación Washington-La Habana.

El 14 de mayo de 2026, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Cuba y sostuvo una reunión con Rodríguez Castro, Álvarez Casas y el jefe de los servicios cubanos de inteligencia. Tanto funcionarios estadounidenses como cubanos confirmaron aquel encuentro.

Según la CIA, durante las conversaciones se abordaron cooperación de inteligencia, estabilidad económica y cuestiones de seguridad. Ratcliffe también transmitió el mensaje de Trump de que Estados Unidos estaba dispuesto a mantener conversaciones serias si Cuba realizaba “cambios fundamentales”.

La reunión fue excepcional por el nivel de sus participantes y porque colocó frente al jefe de la CIA precisamente a representantes del núcleo de seguridad cubano que hoy aparecen asociados a posibles escenarios futuros.

Eso permite añadir contexto, pero no demostrar causalidad: no hay evidencia pública de que Ratcliffe viajara a La Habana para seleccionar a un futuro gobernante cubano.

WASHINGTON BUSCA UNA FIGURA “DESDE DENTRO”

El elemento más importante de la investigación del Times no son únicamente los nombres, sino el tipo de transición que Washington estaría examinando.

La administración Trump ha estado buscando a algún funcionario o antiguo funcionario cubano que pudiera desempeñar un papel similar al de una figura interna capaz de negociar una transformación sin provocar el colapso inmediato de las instituciones. El propio New York Times resumió públicamente que la administración busca a alguien que pueda asumir el gobierno de La Habana en determinadas circunstancias.

Ese enfoque ayuda a explicar por qué figuras pertenecientes al sistema —y no exclusivamente integrantes de la oposición— forman parte del debate estadounidense.

Pero el problema sigue sin resolverse.

Análisis previos ya advertían que Cuba carece de una “Delcy Rodríguez” claramente identificable, precisamente por la concentración del poder en estructuras partidistas, militares y de seguridad y por la limitada presencia de dirigentes pragmáticos con suficiente autoridad interna.

LA CIA TAMBIÉN HA REFORZADO SU ATENCIÓN SOBRE CUBA

El contexto se vuelve todavía más significativo después de otra información atribuida esta semana al New York Times: la CIA habría creado un grupo de trabajo dedicado específicamente a Cuba.

Según el reporte, la agencia estaría incorporando especialistas en captación y manejo de fuentes, operaciones cibernéticas y actividades encubiertas de influencia, dentro de un esfuerzo más amplio por incrementar la inteligencia relacionada con la isla.

Tomadas en conjunto, las informaciones muestran una estrategia estadounidense que combina presión, inteligencia y negociación.

Pero todavía existe una diferencia enorme entre considerar quién podría resultar aceptable y haber elegido quién gobernará Cuba.

Por ahora, ni “El Cangrejo” ni Álvarez Casas pueden describirse rigurosamente como candidatos oficiales de Washington. Lo que revelan los reportes es algo distinto: sus nombres han entrado en una conversación estadounidense mucho más amplia sobre quién podría controlar partes del aparato estatal cubano si la actual estructura de poder empieza a cambiar.

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