Rusia tiene capacidad técnica para participar en una reconstrucción profunda del deteriorado sistema eléctrico cubano, pero existe un obstáculo mucho más básico: Cuba tendría que demostrar primero cómo piensa pagar esas inversiones.
Ese fue el mensaje de Igor Yushkov, experto de la Universidad Financiera adscrita al Gobierno ruso, quien analizó para Finanzas Mail las posibilidades de que Moscú amplíe su participación en el sector energético de la isla. Su conclusión fue especialmente dura: “Cuba es un actor insolvente. Que encuentren con qué pagarnos. Entonces podremos hablar del tema”.
La declaración no constituye una posición oficial del Kremlin ni significa que Rusia haya descartado nuevos proyectos en Cuba. Pero sí expone una de las contradicciones que enfrenta La Habana: necesita inversiones multimillonarias para recuperar su infraestructura eléctrica mientras atraviesa una crisis económica que limita severamente su capacidad de financiarlas.
RUSIA PUEDE CONSTRUIR, PERO ALGUIEN TIENE QUE PAGAR
Yushkov describió un sistema eléctrico cubano envejecido, con apagones recurrentes, consumo creciente y ausencia de una modernización suficiente para cubrir la demanda.
Según el especialista, técnicamente Rusia podría participar en proyectos muy diversos: construcción de nuevas plantas generadoras, suministro de gas o carbón e incluso estudiar instalaciones nucleares. Sin embargo, insistió en que las empresas rusas necesitarían algún mecanismo que compensara sus costos.
“Esto debe ser una solución comercial”, sostuvo el analista al explicar que el problema fundamental sería determinar qué puede ofrecer Cuba como contrapartida económica.
El argumento coloca una condición financiera delante de las habituales declaraciones políticas sobre la alianza entre Moscú y La Habana.
Rusia y Cuba mantienen abierta una agenda de inversiones y cooperación económica. En junio, ambos gobiernos volvieron a discutir proyectos de inversión durante contactos de alto nivel vinculados al Foro Económico Internacional de San Petersburgo. El Gobierno ruso ha presentado públicamente a Cuba como socio y aliado, al tiempo que impulsa mecanismos para ampliar la participación empresarial rusa en la isla.
EL DILEMA: INVERTIR EN CUBA O RESOLVER PROBLEMAS EN RUSIA
Yushkov añadió otro elemento al debate: Rusia también tiene necesidades internas.
El especialista consideró que Moscú debe preguntarse si resulta económicamente racional destinar recursos a Cuba cuando existen regiones rusas donde también se necesitan inversiones para ampliar la infraestructura eléctrica.
Su razonamiento rompe con la idea de que la cercanía política entre ambos gobiernos garantiza automáticamente un nuevo rescate energético.
La cooperación, según su análisis, tendría que justificar sus costos.
También planteó un riesgo político. Yushkov señaló que cualquier acercamiento futuro entre La Habana y Washington podría afectar la seguridad de una inversión rusa a largo plazo. Esa valoración corresponde exclusivamente al experto y no implica que exista una decisión cubana de modificar actualmente su alianza con Moscú.
EL COMBUSTIBLE RUSO TAMPOCO ES ILIMITADO
La situación energética rusa añade otra dificultad.
El Gobierno de Moscú prorrogó recientemente restricciones a las exportaciones de combustibles. Interfax informó el 30 de julio que Rusia extendió durante seis meses la prohibición aplicable a determinadas exportaciones de gasolina y durante otro mes restricciones relacionadas con el diésel, con excepciones establecidas por las autoridades.
Eso no significa que Rusia haya suspendido automáticamente los suministros hacia Cuba, pero sí muestra que Moscú está gestionando su propio mercado interno de combustibles en un contexto de presión sobre la oferta.
Para La Habana, la diferencia es crucial.
Una cosa es obtener cargamentos puntuales de petróleo o créditos de emergencia y otra muy distinta financiar la reconstrucción de centrales, redes y nuevas capacidades de generación durante años.
La advertencia de Yushkov pone el foco precisamente ahí: la crisis eléctrica cubana ya no es solamente un problema de tecnología, combustible o capacidad de generación. También es un problema de solvencia.
Y mientras Cuba no pueda ofrecer garantías de pago suficientemente atractivas, incluso uno de sus aliados políticos más importantes puede encontrar razones económicas para pensarlo dos veces.
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