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Cuba Bajo Lupa

“NUNCA DEJAS DE SER ALCOHÓLICO”: HUMORISTA CUBANO ÁNGEL RAMIS CONFIESA LA ETAPA MÁS OSCURA DE SU VIDA

El humorista cubano Ángel Ramis, conocido por varias generaciones como el inolvidable Cabo Pantera, habló abiertamente sobre una de las etapas más dolorosas de su vida: su lucha contra el alcoholismo, el golpe profesional que lo obligó a reaccionar y el camino que lo ha mantenido durante más de 20 años lejos de la bebida.

Durante una entrevista conducida por el actor Bárbaro Marín para el programa Todos Hablan, transmitido por el canal de YouTube CubaMásTV, Ramis reconoció que el alcohol llegó a controlar su comportamiento, afectar a sus seres queridos y poner en riesgo una carrera que apenas comenzaba a despegar.

EL DÍA QUE EL ALCOHOL LO DEJÓ FUERA DEL ESCENARIO

Uno de los episodios más duros ocurrió cuando formaba parte del grupo humorístico Los Avispas, en Las Tunas.

Según relató, importantes representantes del movimiento humorístico habían viajado hasta la provincia para observar el trabajo de varias agrupaciones. Aquella podía ser una oportunidad decisiva, pero Ramis había bebido tanto que el director del grupo le prohibió subir al escenario.

Al día siguiente fue expulsado.

El humorista recordó que en ese momento sintió que “se le unió el cielo con la tierra”. Aunque insistía en que podía actuar, con los años comprendió que su percepción estaba completamente alterada.

Aquella caída no fue un hecho aislado. En otra ocasión despertó en una vivienda que no reconocía, sin recordar cómo había llegado. Una amiga de su madre lo había encontrado borracho cerca de una tarima y decidió llevarlo a un lugar seguro.

“NUNCA DEJAS DE SER ALCOHÓLICO”

Ramis explicó que abandonar la bebida no significa que la enfermedad desaparezca.

“Nunca dejas de ser alcohólico”, afirmó durante la entrevista. Según su experiencia, basta con volver a consumir para que el alcohol recupere el control que parecía perdido.

El artista reconoció que llegó a sufrir una recaída después de convencerse de que podía beber moderadamente. Primero fueron unos tragos sin consecuencias aparentes. Después apareció nuevamente el patrón que ya conocía.

Para Ramis, ese es uno de los engaños más peligrosos de la adicción: hacer creer a la persona que ya domina aquello que antes la dominaba.

En su reflexión, advirtió que el alcoholismo activo puede conducir a la enfermedad mental, la cárcel o la muerte, porque quien bebe hasta perder el control deja de medir sus actos y sus consecuencias.

SU FAMILIA TAMBIÉN ESTABA PAGANDO EL PRECIO

El daño no se limitaba al escenario.

Ramis reconoció que su consumo estaba afectando a sus padres, su pareja y otras personas cercanas. Incluso recordó que algunos conocidos escondían las botellas cuando lo veían llegar.

No lo hacían por egoísmo. Sabían cómo podía transformarse después de beber y trataban de evitar que volviera a perder el control.

La recuperación también implicó resistir la presión de un ambiente artístico donde ofrecer ron, cerveza, vino o sidra suele formar parte de celebraciones, festivales y encuentros profesionales.

El humorista asegura que hoy puede permanecer frente a una bebida y rechazarla sin sentirse provocado. Atribuye esa fortaleza a su fe en Dios y a la certeza de que una nueva recaída pondría en peligro todo lo que consiguió reconstruir.

EL HOMBRE QUE EXISTE DETRÁS DEL CABO PANTERA

La conversación también permitió conocer las raíces de su humor.

Ramis habló del repentismo heredado de su abuelo y de la puntualidad y disciplina que aprendió de su padre. Esos elementos terminaron acompañándolo en su carrera y en la construcción del personaje que lo hizo famoso.

El Cabo Pantera surgió casi por casualidad. Otro actor no pudo asumir el papel y Ramis recibió la oportunidad. A partir de ahí creó una forma particular de hablar, una frase reconocible y una personalidad tan vinculada a la suya que hoy admite que resulta difícil separar al personaje del hombre.

Cuando Bárbaro Marín le preguntó cómo deseaba ser recordado, Ramis respondió que de las dos maneras: como el Cabo Pantera y como el hombre que logró vencer sus propios demonios.

Su mayor triunfo no fue únicamente provocar carcajadas ni convertirse en uno de los rostros más populares del humor cubano. Fue reconocer que detrás de cada aplauso había un hombre perdiendo el control y tener el valor de detenerse antes de que el alcohol terminara quitándole el escenario, la familia y la vida.

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