Cuando parecía que la gastronomía estatal cubana ya no podía caer más bajo, apareció una imagen que resume el desastre mejor que cualquier discurso: varias bolas de helado servidas dentro de un cenicero de vidrio.
El insólito hecho ocurrió en La Flor de Paseo, en Guantánamo, y fue denunciado en Facebook por la cubana Giselda Serret.
La clienta publicó la fotografía del recipiente, con sus ranuras para apoyar cigarrillos, una cucharilla de metal y varias bolas de helado semiderretidas.
🍨🚬 No era una copa, ni un vaso ni un plato. Era un cenicero.
“Es una falta de respeto al pueblo ir a un local de gastronomía, tomarse un helado que bien caro está y que te lo sirvan en un cenicero”, escribió indignada.
Luego lanzó la pregunta que encendió las redes:
“¿A quién le echaremos la culpa? ¿Al bloqueo?”
La publicación provocó una avalancha de comentarios cargados de humor, sarcasmo y molestia.
Un internauta confesó que no sabría “si prender un cigarro o tomar el batido empinado”. Otro bromeó diciendo que se trataba de un nuevo sabor con nicotina.
😂 Algunos hasta encontraron una supuesta “ventaja” en las ranuras del cenicero: servirían para descansar la cuchara o beber sin tanto esfuerzo.
Pero detrás de las burlas hay una denuncia seria.
Una cosa es improvisar dentro de una casa por necesidad y otra muy distinta pagar en un establecimiento público para recibir un servicio sin condiciones mínimas de higiene, presentación y respeto.
Varios usuarios reclamaron que los clientes no continúen normalizando ese tipo de situaciones.
Porque cuando nadie protesta, la chapucería deja de ser una excepción y termina convirtiéndose en norma.
La denuncia tampoco parece ser un caso aislado.
Un usuario afirmó que en heladerías de Santiago de Cuba ya se utilizaban recipientes similares desde hacía más de seis años. Otros recordaron experiencias recientes con porciones diminutas, helados cristalizados y precios elevados en establecimientos estatales de distintas provincias.
⚠️ La propia normativa oficial exige que los locales gastronómicos dispongan de vajilla, cristalería y cubertería adecuadas. Sin embargo, la realidad volvió a demostrar que entre lo escrito en una resolución y lo que recibe el cubano en la mesa existe un abismo.
El caso ocurre, además, en medio de una situación alimentaria especialmente difícil en Guantánamo, donde productos esenciales alcanzan precios imposibles para muchas familias.
Mientras tanto, el Gobierno insiste en conservar la gastronomía estatal, incluso cuando sus propios funcionarios han reconocido que el sector depende de insumos adquiridos en el mercado privado.
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