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Cuba Bajo Lupa

TENER UNA CASA CON UN SISTEMA DE RESPALDO ELÉCTRICO DE PANELES SOLARES TE CONVIERTE EN UNA NUEVA CLASE SOCIAL EN CUBA

En la Cuba de hoy, la desigualdad ya no solo se mide por el dinero, la comida o la vivienda. También se ve desde la calle: basta mirar los techos.

De un lado están las casas con paneles solares, baterías e inversores. Del otro, millones de cubanos que pasan horas a oscuras, cocinan con leña o dependen de un sistema eléctrico que colapsa una y otra vez.

El escritor José Poveda Cruz resumió esta nueva fractura social con una idea tan simple como dolorosa: en la Cuba actual, la línea que separa a unos de otros pasa por los techos de las viviendas.

☀️ Los paneles solares dejaron de ser una tecnología moderna o un lujo decorativo.

Para muchas familias se han convertido en una herramienta de supervivencia: permiten encender un ventilador, cargar un teléfono, conservar alimentos o mantener una pequeña luz durante los apagones.

Pero acceder a esa autonomía depende casi siempre de tener familiares en el extranjero, ingresos privados o acceso a divisas.

La corriente dejó de ser un derecho y se convirtió en una capacidad de compra.

En muchos barrios el contraste resulta brutal.

Una vivienda puede permanecer iluminada gracias a baterías y paneles, mientras la casa de al lado cocina con leña y duerme sin ventilación.

🏚️ Dos países conviven a pocos metros de distancia: uno intenta sostenerse con tecnología; el otro retrocede a métodos de hace generaciones.

Poveda Cruz señaló que esas pequeñas luces que sobreviven en medio de barrios completamente apagados representan resistencia, pero también muestran una brecha cada vez más profunda.

Los propios ciudadanos lo expresaron en redes sociales.

Uno escribió que ahora no solo existe desigualdad económica, sino también “el privilegio de tener corriente en un país apagado”.

Otro advirtió que la cantidad de paneles parece determinar incluso la forma en que algunas personas miran a quienes no tienen nada.

Y una tercera voz resumió el agotamiento colectivo:

“Nos han dividido. A tal punto que cada cual piensa en escapar como pueda de tan terrible miseria”.

🎓 La ironía golpea especialmente a los profesionales que durante décadas creyeron que estudiar garantizaría una vida mejor.

Hoy muchos descubren que un diploma universitario ilumina menos que una batería de litio.

Según el texto base, un panel individual puede costar entre 990 y 1.000 dólares, mientras un sistema residencial completo oscila entre 2.750 y 5.200 dólares.

Frente a un salario estatal promedio de unos 17,5 dólares mensuales, esas cifras son simplemente inalcanzables para la mayoría.

💸 El panel solar dejó de ser una solución energética. Se convirtió en una frontera social.

Mientras tanto, el Sistema Eléctrico Nacional acumula apagones totales y cortes prolongados. En algunas zonas de Matanzas se han reportado hasta 87 horas consecutivas sin electricidad, y en La Habana los apagones rondan entre 15 y 24 horas diarias.

La contradicción oficial también quedó expuesta cuando Díaz-Canel visitó una fábrica de paneles solares para promocionar soluciones energéticas.

La propia instalación tuvo que colocar paneles en su techo para no depender del sistema eléctrico nacional.

Cuando hasta la fábrica que produce paneles necesita escapar del sistema, el fracaso ya no se puede esconder.