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Cuba Bajo Lupa

600 KILÓMETROS BAJO LA HABANA: EL COSTO HUMANO Y MATERIAL DE LOS TÚNELES DE LA DEFENSA

Durante años, mientras La Habana arrastraba problemas de vivienda, deterioro urbano y carencias materiales, una parte considerable de la capacidad constructiva del Estado fue destinada a un proyecto que permanecía casi invisible desde la superficie: la excavación de túneles y refugios vinculados a la estrategia de defensa nacional.

La primera entrega de esta serie explicó cómo aquellas obras se integraron en la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo. Esta segunda parte aborda una cuestión mucho más difícil: cuánto trabajo, cemento, acero, combustible y alimentos pudo consumir el programa en la capital cubana.

La respuesta exige cautela. Existe una cifra que aparece repetidamente en publicaciones independientes: cerca de 600 kilómetros de túneles excavados bajo La Habana. Junto a ella aparecen otros números igualmente sorprendentes: 32.000 trabajadores movilizados, 230.000 metros cúbicos de hormigón, dos años y medio de producción de cabillas de Antillana de Acero y al menos 850 toneladas de combustible.

El problema es que Cuba no ha publicado un balance presupuestario que permita comprobar esas cifras una por una. Algunas pueden rastrearse hasta testimonios y reconstrucciones posteriores, pero no hasta un documento gubernamental público que detalle el programa.

Por eso esta investigación distingue claramente entre lo que puede verificarse, lo que procede de testimonios y lo que continúa siendo una estimación.

LOS 600 KILÓMETROS: UNA CIFRA REPETIDA, PERO NO CERTIFICADA

La cifra más llamativa asociada al programa habanero es la de aproximadamente 600 kilómetros de túneles.

TodoCuba publicó en 2018 que al terminar el proyecto se habían excavado cerca de esa cantidad bajo La Habana. La misma cifra aparece en textos posteriores de CubaNet y otras publicaciones, pero todos parecen depender de una cadena de testimonios y reproducciones que no conduce, al menos públicamente, a un inventario oficial de las obras.

Eso significa que los 600 kilómetros no deben presentarse como una cifra gubernamental confirmada.

Sin embargo, tampoco es una cantidad que pueda descartarse únicamente porque no exista una estadística pública. El propio Gobierno cubano ha reconocido históricamente la construcción de cientos de kilómetros de túneles y obras fortificadas dentro del sistema defensivo nacional.

La diferencia está en el nivel de certeza: sabemos que el programa fue enorme; lo que todavía no podemos demostrar documentalmente es que exactamente 600 kilómetros correspondieran a La Habana.

Para poner la magnitud en perspectiva, 600 kilómetros equivaldrían aproximadamente a la distancia por carretera entre La Habana y zonas del centro-oriente cubano. No significaría necesariamente un túnel continuo, sino la suma de cientos o miles de segmentos, galerías, ramificaciones y refugios distribuidos por diferentes puntos de la ciudad.

32.000 PERSONAS MOVILIZADAS SOLO EN LA CAPITAL

Otra cifra repetida sostiene que aproximadamente 32.000 hombres y mujeres participaron en las construcciones habaneras.

TodoCuba señala que unos 8.000 de esos trabajadores procedían de provincias orientales y fueron incorporados a contingentes constructivos. La publicación sostiene además que la movilización alcanzó tal escala que primero habría sido afectado el programa de construcción de viviendas y posteriormente otras actividades del sector.

Nuevamente, CubaBajoLupa no ha localizado un documento estatal que certifique ese total de 32.000 trabajadores específicamente para los túneles.

Sí existen, sin embargo, suficientes evidencias de que el Gobierno cubano tenía capacidad para organizar movilizaciones laborales masivas durante esos años. En 1993, por ejemplo, una información citada por Le Monde a partir de Granma señalaba movilizaciones de decenas de miles de estudiantes, profesores, habitantes urbanos y efectivos vinculados a las FAR para labores agrícolas en los alrededores de La Habana. Ese dato no demuestra los 32.000 constructores de los túneles, pero ayuda a contextualizar la dimensión de las movilizaciones laborales que el Estado podía organizar durante el Período Especial.

En otras palabras, el número es plausible dentro de la capacidad de movilización de aquel sistema, pero todavía necesita documentación primaria para ser considerado definitivo.

UN SOLO TÚNEL: 40 HOMBRES DURANTE DOS AÑOS

Donde sí aparece un testimonio extremadamente detallado es en la experiencia de un antiguo trabajador que participó en la construcción de un túnel en el municipio Cerro.

Según el relato publicado por 14ymedio, alrededor de 40 hombres trabajaron permanentemente durante dos años, hasta que la obra fue terminada en diciembre de 1992. El salario promedio era de aproximadamente 250 pesos mensuales y, según los cálculos del testigo, solamente en salarios se desembolsaron unos 240.000 pesos de la época.

La obra habría tenido aproximadamente 1.200 metros al sumar sus ramificaciones, con unos 2,5 metros de ancho y 2,4 de altura. El trabajador también describió espesores considerables de hormigón: unos 20 centímetros en el piso, 35 en las paredes y hasta 70 centímetros en el techo.

El testimonio no permite extrapolar directamente el costo de ese túnel a toda La Habana. No todos tenían el mismo tamaño, profundidad, revestimiento o función.

Pero ayuda a entender algo fundamental: incluso una sola instalación podía absorber años de trabajo de decenas de personas y grandes cantidades de materiales.

LAS 600.000 RACIONES DE COMIDA DE UNA SOLA OBRA

El mismo testigo afirmó que durante aquellos dos años se suministraron aproximadamente 600.000 raciones de alimentos, procedentes del centro de alto rendimiento Cerro Pelado.

La cifra es llamativa y debe entenderse como parte de su reconstrucción personal, no como una contabilidad oficial disponible para auditoría.

Pero ilustra otro aspecto casi nunca mencionado cuando se habla de las fortificaciones: los trabajadores no necesitaban únicamente cemento y herramientas.

Había que alimentarlos, transportarlos, suministrarles combustible, iluminación, equipos de protección, herramientas y materiales durante meses o años.

A escala de un programa que involucró numerosos puntos de la capital, la logística podía convertirse en una operación gigantesca.

230.000 METROS CÚBICOS DE HORMIGÓN

Las reconstrucciones independientes atribuyen al programa habanero aproximadamente 230.000 metros cúbicos de hormigón.

TodoCuba equipara esa cantidad a unos dos millones de sacos de cemento y sostiene que las plantas de hormigón de la capital fueron colocadas en función de las obras. La misma cifra ha sido reproducida posteriormente por CubaNet y otras publicaciones.

No hemos localizado una estadística oficial que confirme ese volumen.

Pero el dato permite realizar una observación importante sin necesidad de aceptar automáticamente toda la cifra: un sistema de túneles reforzados con pisos, paredes y techos de hormigón necesitaba cantidades extraordinarias de materiales.

El testimonio del trabajador del Cerro describe precisamente ese tipo de revestimiento pesado. Por tanto, el enorme consumo de hormigón es coherente con las características constructivas conocidas, aunque el volumen total exacto siga siendo una estimación.

DOS AÑOS Y MEDIO DE CABILLAS DE ANTILLANA DE ACERO

Otra de las afirmaciones más difíciles de comprobar sostiene que las fortificaciones utilizaron una cantidad de cabillas equivalente a dos años y medio de producción de Antillana de Acero.

TodoCuba y CubaNet reproducen ese dato, asociado a la Empresa Siderúrgica José Martí, conocida popularmente como Antillana de Acero.

La siderúrgica de El Cotorro fue y continúa siendo una instalación fundamental dentro de la producción nacional de acero. Fuentes contemporáneas confirman que entre sus productos se encuentran precisamente las barras corrugadas utilizadas como refuerzo en la construcción.

Pero hay una diferencia importante entre comprobar que Antillana fabricaba cabillas y afirmar que dos años y medio completos de su producción fueron absorbidos por los túneles.

Ese segundo punto continúa sin documentación primaria pública suficiente.

Por eso, mientras no aparezcan registros industriales o militares de la época, debe presentarse como una estimación procedente de fuentes independientes.

EL DILEMA: HORMIGÓN BAJO TIERRA O VIVIENDAS SOBRE ELLA

Aquí aparece uno de los asuntos centrales de esta investigación.

Los materiales utilizados para la defensa eran exactamente los mismos que necesitaba el deteriorado parque habitacional de La Habana: cemento, arena, acero, equipos de construcción, transporte y trabajadores especializados.

Una investigación académica sobre la vivienda habanera recuerda que durante los años 80 el país combinó diferentes programas urbanos con la preparación territorial derivada de la Guerra de Todo el Pueblo. Esa estrategia contemplaba incluso la preparación de áreas de refugio y resistencia para situaciones de guerra.

Las fuentes independientes que describen la construcción de los túneles sostienen que el programa de viviendas llegó a sufrir paralizaciones o pérdida de recursos debido a la prioridad otorgada a las obras defensivas.

Sin acceso a los planes constructivos completos de aquellos años, no es posible determinar qué porcentaje exacto del déficit habitacional puede atribuirse a los túneles.

Pero la competencia por recursos sí plantea una pregunta legítima: ¿cuántas viviendas, reparaciones o infraestructuras civiles pudieron ejecutarse con los materiales y la fuerza laboral que terminaron bajo tierra?

¿SE PODRÍAN HABER CONSTRUIDO 50.000 CASAS?

Algunas publicaciones recientes han llevado el argumento todavía más lejos y afirman que los materiales consumidos habrían permitido construir más de 50.000 viviendas.

Esa cifra debe tratarse con mucha cautela.

No basta con dividir metros cúbicos de hormigón entre el consumo promedio de una vivienda. Una casa requiere terrenos, instalaciones hidráulicas y eléctricas, carpintería, acabados, transporte, mano de obra y muchos otros materiales.

Por tanto, CubaBajoLupa no presenta como hecho que los túneles equivalieran a 50.000 casas.

Lo que sí puede afirmarse es que los materiales utilizados tenían un costo de oportunidad: una tonelada de acero destinada a una fortificación era una tonelada que no podía utilizarse simultáneamente en otra obra.

Cuantificar cuántas viviendas concretas se perdieron exigiría información técnica que no está disponible.

850 TONELADAS DE COMBUSTIBLE

Las mismas reconstrucciones atribuyen a las obras aproximadamente 850 toneladas de combustible procedentes de reservas militares, especialmente durante la etapa posterior al derrumbe soviético.

Ese dato resulta especialmente significativo porque las excavaciones continuaron durante años extremadamente difíciles para la economía cubana.

Después de 1991, el país comenzó a sufrir graves problemas de transporte, electricidad, alimentación y disponibilidad de combustibles. En ese contexto, cualquier gasto energético importante tenía consecuencias económicas mucho mayores que durante la etapa de subsidios soviéticos.

Sin embargo, tampoco hemos encontrado documentación oficial que permita verificar de forma independiente las 850 toneladas. La cifra debe considerarse, nuevamente, una estimación publicada.

TÚNELES EN PLENO PERÍODO ESPECIAL

El testimonio del trabajador del Cerro confirma que algunas obras continuaban activas entre 1991 y 1992, precisamente cuando Cuba entraba en la etapa más severa del Período Especial. Esa coincidencia cronológica resulta significativa.

La desaparición de la Unión Soviética eliminó una parte fundamental del comercio y del financiamiento exterior de Cuba. Se produjeron apagones prolongados, cayó la disponibilidad de combustible y el transporte urbano sufrió enormes dificultades.

Mientras tanto, al menos determinadas construcciones defensivas continuaban recibiendo trabajadores, hormigón, alimentación e iluminación.

Eso no demuestra que todos los túneles del país siguieran construyéndose al mismo ritmo, pero sí confirma que algunas obras se mantuvieron activas durante los primeros años de la crisis.

EL COSTO REAL CONTINÚA SIENDO DESCONOCIDO

Resulta tentador transformar las toneladas de cemento, acero y combustible en dólares. Hacerlo produciría una cifra llamativa, pero probablemente engañosa.

Los precios internos cubanos de finales de los años 80 y comienzos de los 90 no eran precios de mercado comparables con los actuales. Gran parte del equipamiento, combustible y materias primas estaba vinculado además al sistema comercial del bloque socialista.

Aplicar precios internacionales de 2026 a materiales utilizados hace más de treinta años no permitiría conocer cuánto costó realmente el programa.

El verdadero costo tendría que calcularse utilizando documentos presupuestarios, registros de producción industrial, salarios, transporte, maquinaria y gastos militares de aquella época.

Esos documentos no están disponibles públicamente de forma suficiente. Por ahora, no existe una cifra seria y verificable del costo total en pesos o dólares.

QUÉ SABEMOS CON CERTEZA

La investigación permite separar cuatro niveles distintos de evidencia.

CONFIRMADO: durante los años 80 y 90 Cuba construyó extensas obras defensivas subterráneas y algunas continuaban ejecutándose durante el comienzo del Período Especial. Un testimonio documentado describe una instalación del Cerro cuya construcción necesitó aproximadamente 40 trabajadores durante dos años.

DOCUMENTADO POR TESTIMONIOS Y FUENTES INDEPENDIENTES: alrededor de 600 kilómetros de túneles en La Habana y aproximadamente 32.000 participantes en las obras.

ESTIMACIONES PUBLICADAS, TODAVÍA SIN RESPALDO PRESUPUESTARIO PRIMARIO LOCALIZADO: 230.000 metros cúbicos de hormigón, dos años y medio de producción de cabillas de Antillana de Acero, 850 toneladas de combustible y un elevado consumo de reservas alimentarias.

DESCONOCIDO: cuánto dinero costó todo el programa, cuántos trabajadores participaron realmente a escala nacional y qué proporción exacta de los recursos de construcción cubanos fue desviada hacia las fortificaciones.

Ese último vacío posiblemente sea el dato más importante de todos. Un proyecto capaz de movilizar decenas de miles de personas y cientos de kilómetros de excavaciones debería haber generado una montaña de documentos administrativos, presupuestos, planes de materiales y reportes de producción.

Tres décadas después, el público todavía no dispone de ese balance completo.

Y DESPUÉS DE TODO AQUEL CEMENTO, ¿QUÉ QUEDÓ?

Hay una ironía histórica detrás de aquellas enormes inversiones. Muchos túneles que fueron concebidos para sobrevivir a una guerra terminaron décadas después inundados, tapiados, convertidos en basureros o parcialmente derrumbados.

Una investigación de 14ymedio publicada en junio de 2026 encontró antiguas instalaciones de este tipo en Regla, Alamar y La Habana del Este en condiciones de fuerte deterioro. Algunas entradas estaban cegadas; otras presentaban inundaciones o riesgo de derrumbe.

Ese será precisamente el centro de la próxima entrega. Porque una cosa fue construir cientos de galerías bajo la ciudad. Otra muy distinta fue mantenerlas durante cuarenta años.

PRÓXIMA ENTREGA

QUÉ QUEDA HOY DE LOS TÚNELES POPULARES: ENTRE DERRUMBES, AGUA, BASURA Y ENTRADAS SELLADAS

Recorreremos lo que se conoce sobre las antiguas obras de Regla, Alamar, Centro Habana, La Habana del Este y otros puntos de la capital; cuáles siguen siendo visibles, cuáles están cerradas y qué sabemos realmente sobre su estado actual.

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