3.000 PESOS POR PLÁTANOS, DOS AGUACATES Y DOS CEBOLLAS: ASÍ GOLPEA EL PRECIO DE LOS ALIMENTOS EN CUBA
Una mano de plátanos, dos aguacates, dos cebollas blancas y varios pequeños paquetes de condimentos terminaron costándole unos 3.000 pesos cubanos al joven Rey Barranco García durante una jornada de compras en Cuba. Había salido además con la intención de conseguir huevos, pero regresó sin encontrarlos.
Su experiencia, compartida públicamente en redes sociales, ofrece una fotografía cotidiana de uno de los problemas que más presiona actualmente a las familias cubanas: conseguir alimentos no solo depende de encontrarlos, sino de disponer del dinero suficiente para pagarlos.
“Seiscientos pesos dos cebollas blancas”, comentó Barranco al mostrar parte de su compra. Ante la ausencia de huevos, terminó recurriendo al aguacate como acompañamiento de la comida.
SALIÓ APROVECHANDO LA FERIA Y AUN ASÍ GASTÓ 3.000 PESOS
Barranco explicó que realizó las compras un sábado, aprovechando el día de feria porque determinados productos podían encontrarse “relativamente más baratos”.
La lista, sin embargo, dista mucho de representar una compra completa para varios días: plátanos, dos aguacates, dos cebollas y condimentos consumieron aproximadamente 3.000 CUP.
El caso no permite establecer cuál es el precio promedio nacional de esos productos, ya que los valores pueden variar considerablemente entre provincias, mercados estatales, ferias, vendedores particulares y establecimientos privados. Pero sí ilustra el deterioro del poder adquisitivo que organismos internacionales y otras fuentes vienen documentando.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) señala actualmente que Cuba atraviesa dificultades crecientes de seguridad alimentaria y nutricional, dentro de una prolongada crisis económica caracterizada por inflación persistente, reducción de recursos públicos y escasez de combustible. El organismo calcula además que la economía cubana se ha contraído alrededor de un 15 % durante los últimos seis años.
CUANDO UNA COMPRA PEQUEÑA COMPITE CON EL SALARIO
La dimensión del problema aparece con mayor claridad al comparar esos precios con los ingresos en moneda nacional.
Como referencia, Reuters informó en agosto de 2025 que el salario estatal promedio rondaba los 6.000 pesos mensuales. En aquel momento, un cartón de 30 huevos se vendía en La Habana por unos 2.800 pesos, mientras jubilados consultados por la agencia aseguraban que sus ingresos no alcanzaban para cubrir necesidades básicas.
Eso significa que los 3.000 pesos gastados por Barranco equivaldrían, tomando aquella referencia salarial, a aproximadamente la mitad de un salario estatal mensual promedio, aunque su compra no incluía carne, arroz, frijoles, aceite, leche ni los huevos que originalmente buscaba.
La comparación no implica que todos los trabajadores reciban 6.000 pesos ni que esos precios sean idénticos en todo el país. Sirve, sin embargo, para mostrar la enorme distancia que puede existir entre los ingresos en pesos y el costo efectivo de determinados alimentos.
ESCASEZ, INFLACIÓN Y PRODUCCIÓN EN RETROCESO
El encarecimiento de la comida ocurre además dentro de una crisis económica más amplia.
En julio de 2025, el propio ministro de Economía cubano reconoció que la economía continuaba acumulando varios años de contracción y que los sectores de agricultura, ganadería y minería habían disminuido en conjunto un 53,4 % durante los cinco años anteriores. También persistían dificultades para importar alimentos, combustible y otros bienes esenciales por la falta de divisas.
A ello se suma la pérdida de valor del peso. Reuters documentó en 2025 que la depreciación de la moneda y la expansión de operaciones en divisas estaban ampliando la desigualdad entre quienes tienen acceso a dólares y quienes dependen exclusivamente de ingresos en CUP.
“A FALTA DE HUEVO, AGUACATE”
La frase utilizada por Barranco resume, casi accidentalmente, otra característica de la alimentación cotidiana durante la crisis: comprar muchas veces significa sustituir lo que se buscaba por aquello que apareció.
Salió por huevos y no los encontró. Compró aguacates. Buscó precios más económicos aprovechando una feria y aun así desembolsó 3.000 pesos.
No es una estadística nacional ni pretende serlo. Es una experiencia individual. Pero precisamente por eso resulta reveladora: detrás de las grandes cifras sobre inflación y contracción económica está la pregunta mucho más sencilla que millones de familias deben responder cada día en Cuba: ¿qué alcanza a comprar hoy el dinero que tienen en el bolsillo?
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