SUSY PÉREZ, LA HISTORIA DE LA PEQUEÑA ACTRIZ CUBANA QUE ENCARNÓ A LA MUERTE EN EL CINE Y TERMINÓ ASESINADA Y DESCUARTIZADA POR SU PROPIA MADRE
La madrugada del 20 de abril de 2000 quedó marcada por uno de los sucesos más estremecedores asociados al mundo artístico cubano. Susy Pérez Malberti, una adolescente de 14 años que cinco años antes había aparecido en la película Guantanamera, murió en La Habana en circunstancias que terminaron convirtiéndose en una mezcla de crimen, silencio institucional, testimonios vecinales y versiones que durante años circularon principalmente de boca en boca.
La cobertura publicada por El País el 29 de abril de ese año confirmó que Susy había muerto, que tenía 14 años y que su madre, Sara Malberti, actriz de televisión y radio conocida por su trabajo en programas infantiles, había sido detenida e ingresada en el Hospital Psiquiátrico de La Habana. En aquel momento, sin embargo, la policía cubana mantenía una fuerte reserva sobre el caso y todavía no había confirmado públicamente todos los detalles del asesinato.
LA NIÑA QUE INTERPRETÓ A LA MUERTE EN “GUANTANAMERA”
Susy apareció en Guantanamera, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, cuando tenía apenas nueve años. Interpretó a Ikú, una representación de la muerte, y quedó asociada para siempre a la imagen de una niña vestida de negro, con largos tirabuzones, que aparecía en una de las escenas próximas a un cementerio.
Su carrera cinematográfica conocida fue breve. Las bases de datos de cine la registran principalmente por esa película, pero la tragedia ocurrida cinco años después hizo que su nombre permaneciera en la memoria de varias generaciones de cubanos.
LO QUE LOS VECINOS HABRÍAN ESCUCHADO AQUELLA MADRUGADA
Un informe psicodinámico elaborado en 2020 en la Universidad de San Carlos de Guatemala reconstruyó el caso utilizando testimonios atribuidos a vecinos, antecedentes familiares y referencias sobre la evaluación psiquiátrica de Sara Malberti.
Según ese documento, vecinos del Vedado afirmaron haber escuchado alrededor de la una de la madrugada del 20 de abril una fuerte discusión seguida de gritos y golpes que compararon con martillazos. También señalaron que no les resultaba extraño ver despierta a Sara Malberti a esas horas, pues acostumbraba a realizar labores domésticas o deambular durante la madrugada.
Ese dato coincide parcialmente con lo que ya había declarado en 2000 Iraida Malberti, hermana de Sara, quien reconoció públicamente que la actriz tenía antecedentes psiquiátricos y había sido ingresada anteriormente por problemas nerviosos.
EL POSIBLE ORIGEN DE LA DISCUSIÓN
El informe recoge como versión extraoficial que madre e hija habrían discutido porque Susy deseaba formalizar una relación sentimental y Sara se oponía. De acuerdo con esa reconstrucción, la discusión fue escalando hasta convertirse en una agresión fatal.
A lo largo de los años también se han repetido otras hipótesis, entre ellas una relación posesiva de la madre hacia la adolescente e incluso supuestos celos profesionales ante el futuro artístico de Susy. Ninguna de esas motivaciones aparece respaldada por un expediente judicial público disponible, por lo que deben mantenerse como versiones y no como hechos establecidos.
LA RECONSTRUCCIÓN MÁS DURA DEL CRIMEN
El informe psicodinámico sostiene que Susy fue golpeada hasta morir y que posteriormente Sara intentó quemar el cuerpo. Según ese mismo documento, al no conseguir incinerarlo completamente, habría procedido a mutilarlo y distribuir los restos en bolsas de nailon.
Estos son algunos de los detalles que comenzaron a circular rápidamente por La Habana en 2000. Ya entonces El País informó de los rumores sobre descuartizamiento y sobre la permanencia temporal de los restos en la vivienda, aunque advertía que la historia estaba siendo amplificada por versiones callejeras y que la investigación policial todavía no había hecho públicos todos sus resultados.
El documento académico añade además una afirmación aún más extrema: atribuye al psiquiatra Mario Colli la conclusión de que Sara habría ingerido una porción del cuerpo de su hija. Ese punto aparece específicamente en el informe psicodinámico, pero CubaBajoLupa no ha encontrado un informe médico original, expediente forense ni documento oficial independiente que permita corroborarlo directamente. Por tanto, puede mencionarse como parte de esa fuente, pero no presentarse como un hecho probado de manera autónoma.
LA DETENCIÓN EN LA CARRETERA MONUMENTAL
El informe de 2020 sitúa la detención el sábado 22 de abril, dos días después de la presunta fecha del crimen. Según esa reconstrucción, dos policías observaron a Sara Malberti arrojando bolsas de nailon en la carretera Monumental, en las afueras de La Habana.
El documento sostiene que, al preguntarle qué contenían, la actriz mostró nerviosismo y que uno de los paquetes cayó, dejando al descubierto restos humanos que permitieron identificar inmediatamente la gravedad de la situación.
Esta secuencia es mucho más detallada que la cobertura periodística contemporánea de El País, que únicamente señaló que el hecho había sido descubierto el sábado anterior y que las circunstancias exactas todavía se desconocían públicamente.
DEL DTI AL HOSPITAL PSIQUIÁTRICO
Según el informe académico, Sara fue trasladada después de su detención al Departamento Técnico de Investigaciones, ubicado en 100 y Aldabó, y posteriormente a la sala penal del Hospital Psiquiátrico de La Habana para determinar su estado mental.
El trabajo atribuye al doctor Mario Colli una evaluación en la que se habría considerado que Sara se encontraba en estado psicótico, con mecanismos de negación, depresión y un elevado riesgo suicida. También señala que se recomendó retirar cualquier objeto con el que pudiera hacerse daño.
El documento sostiene que esas precauciones no fueron suficientes y que Sara fue posteriormente encontrada muerta tras suicidarse por ahorcamiento dentro del hospital psiquiátrico. Una reconstrucción publicada recientemente por Cubalite también recoge que terminó quitándose la vida mientras permanecía internada.
UNA FAMILIA QUE PREFIRIÓ RECORDARLAS COMO ACTRICES
Años después apareció un testimonio especialmente significativo. El cineasta Juan Carlos Cremata Malberti, sobrino de Sara y primo de Susy, escribió sobre ambas en un texto titulado Roto. Fragmento de mi orfandad.
Cremata se refirió a “mi tía Sarita” y “mi prima Susell” y explicó que la familia no tuvo voluntad ni posibilidad de realizarles un velatorio. Añadió que, frente a todo lo ocurrido, prefirieron refugiarse en el recuerdo de sus carreras artísticas.
Ese testimonio familiar no describe los detalles del crimen, pero sí confirma que el episodio quedó como una herida profunda y difícil de abordar incluso dentro de la propia familia.
EL SILENCIO QUE ALIMENTÓ LOS RUMORES
Uno de los elementos centrales del caso fue la ausencia de información pública detallada. El País describió en 2000 cómo la noticia se había extendido por toda La Habana “de boca en boca” en un contexto donde la prensa oficial no tenía una sección regular de sucesos y la policía mantenía absoluta reserva.
Ese vacío informativo explica por qué algunas partes del caso permanecen hoy bien documentadas mientras otras sobreviven mediante testimonios, trabajos académicos, memorias familiares y reconstrucciones posteriores.
No existe evidencia accesible que permita sostener con rigor que se eliminaron deliberadamente todas las apariciones de Susy o Sara de archivos oficiales. De hecho, Suset Pérez Malberti continúa figurando en registros y programaciones cinematográficas de Guantanamera años después de su muerte.
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