SOBREVIVIENTES DE LA INCURSIÓN ARMADA EN CUBA HABLAN DESDE PRISIÓN: RELATAN EL PLAN, EL TIROTEO Y DENUNCIAS DE MALTRATO
Cuatro de los cinco sobrevivientes de la incursión armada en Cuba ocurrida el 25 de febrero de 2026 hablaron públicamente por primera vez sobre la operación que partió desde Florida, el enfrentamiento con las Tropas Guardafronteras, las condiciones de su detención y las diferencias internas sobre quién organizó y financió la misión.
Las entrevistas fueron realizadas en julio por el periodista Reed Lindsay, fundador de Belly of the Beast, y publicadas este 23 de septiembre en colaboración con Drop Site News y Miami New Times. José Manuel Rodríguez Castelló, Christian Ernesto Acosta Guevara, Leordán Enrique Cruz Gómez y Conrado Galindo Sariol fueron entrevistados por separado mientras permanecían bajo custodia del Ministerio del Interior cubano. El quinto sobreviviente, Amijail Sánchez González, no fue entrevistado; el reportaje señala que no pudo determinarse si se negó a hablar o si las autoridades no lo permitieron.
El contexto de esas entrevistas es relevante: los cuatro llegaron esposados y vestidos con uniformes naranjas y hablaron sin abogados presentes. En la sala estuvieron el fiscal del caso, Edward Robert Campbell, y el coronel Francisco Estrada Portales, responsable de investigaciones de seguridad del Estado. Todos dijeron que no habían sido presionados para conceder las entrevistas, pero el propio medio advierte que esa afirmación no pudo verificarse independientemente.
EL PLAN: PROVOCAR UN LEVANTAMIENTO Y CONTROLAR UNA PROVINCIA
Según Rodríguez Castelló, el objetivo era provocar un levantamiento contra el Gobierno cubano, controlar una provincia durante aproximadamente 72 horas y después solicitar una intervención militar estadounidense.
Rodríguez relató que había conocido en TikTok a Raúl Quevedo, creador de la cuenta La Nueva Cuba, y que posteriormente viajó a Florida para entrar en contacto con otros exiliados interesados en una acción armada. Christian Acosta también dijo haber sido captado a través de TikTok, en su caso mediante Pavel Alling Peña y el llamado Movimiento Cardumen.
Cruz Gómez ofreció una versión algo distinta sobre la planificación. Según él, el grupo esperaba tomar una estación policial en Cárdenas, Matanzas, y provocar que la población saliera a las calles. Las autoridades cubanas sostienen que los objetivos incluían una unidad policial en Santa Marta y una instalación de Guardafronteras cercana a Varadero. Esa diferencia sigue sin resolverse de manera independiente.
Los testimonios coinciden en que varios integrantes entrenaron durante meses en una finca próxima a Fort Myers, Florida. Tres de los entrevistados dijeron que el lugar estaba vinculado a la activista Maritza Lugo Fernández, dirigente del Partido 30 de Noviembre. Lugo reconoce que Amijail Sánchez tenía acceso a la propiedad, pero niega haber organizado o financiado una incursión armada.
DIEZ HOMBRES, ARMAS Y UNA TRAVESÍA QUE TERMINÓ EN TIROTEO
Los diez hombres salieron la noche del 24 de febrero desde los Cayos de Florida. Las autoridades cubanas aseguran que transportaban 25 armas de fuego, unas 13.000 municiones, más de 100 cargadores, chalecos antibalas, dispositivos de visión nocturna, explosivos artesanales, cócteles molotov, un dron y una terminal Starlink.
Tras una avería en una de las embarcaciones, todo el grupo continuó a bordo de El Tornado, una lancha de pesca de 24 pies registrada en Florida.
A la mañana siguiente fueron detectados por las Tropas Guardafronteras cerca de Cayo Falcones, en la costa norte de Villa Clara. Los cuatro sobrevivientes entrevistados coincidieron en un punto decisivo: el primer disparo salió de su propia embarcación. Acosta señaló específicamente a Sánchez González como quien habría abierto fuego, aunque los otros tres dijeron no saber quién disparó primero. Sánchez no ha ofrecido públicamente su versión de ese punto.
El enfrentamiento duró pocos minutos. Murieron Ledián Padrón Guevara, Pavel Alling Peña, Michel Ortega Casanova y Héctor Duani Cruz Correa; Roberto Álvarez Ávila falleció posteriormente a consecuencia de sus heridas. El comandante de la patrullera cubana resultó herido.
Nueve de los diez integrantes de la expedición recibieron impactos de bala, según el reportaje. Los cuatro entrevistados afirmaron que personalmente no llegaron a disparar durante el choque.
VERSIONES CONTRADICTORIAS SOBRE MARITZA LUGO
Uno de los principales puntos sin resolver es el papel de Maritza Lugo.
Rodríguez sostuvo que los participantes compraron por su cuenta armas, municiones y equipamiento, mientras Acosta afirmó que Lugo no intervino en la planificación pero que su organización funcionaba como “patrocinador” político. Rodríguez dijo que la activista colaboraba principalmente con logística, comida y transporte.
Galindo presentó un relato mucho más grave. Afirmó que inicialmente había sido contratado por 500 dólares para grabar y editar videos de entrenamiento y que, una vez en la finca, Lugo le dijo que debía viajar a Cuba. También sostuvo que fue amenazado y que le quitaron el teléfono y la residencia permanente.
Lugo negó esas acusaciones y sostuvo que los detenidos están haciendo declaraciones bajo presión para intentar salvar sus vidas.
La investigación no establece de forma independiente una cadena definitiva de mando o financiamiento.
DETENCIÓN, TRATAMIENTO MÉDICO Y DENUNCIAS DE MALTRATO
Tras el tiroteo, los sobrevivientes fueron llevados inicialmente al Hospital Provincial Arnaldo Milián Castro, en Santa Clara. Cruz fue operado debido a una lesión en el brazo que afectó el nervio radial y posteriormente recibió otra cirugía en un hospital militar de La Habana. Él mismo calificó la atención médica recibida como “muy profesional y humana”.
Después fueron trasladados a Villa Marista y posteriormente a una sección de máxima seguridad del Combinado del Este.
Galindo afirmó que recibió patadas en las piernas el día que llegó a prisión. Rodríguez aseguró que fue amenazado y que un agente de Guardafronteras le pisó deliberadamente una pierna lesionada. Sin embargo, Rodríguez, Acosta y Cruz dijeron no haber sufrido otros daños físicos ni torturas durante su detención.
El caso de Amijail Sánchez González presenta denuncias más graves. Lugo dijo que familiares del detenido le informaron que habría sido golpeado repetidamente, con pérdida de audición en un oído y lesiones en un brazo y las costillas. Las autoridades cubanas niegan que Sánchez haya sufrido malos tratos físicos.
Estas acusaciones no han podido ser verificadas independientemente.
SEIS PERSONAS SIGUEN ENCARCELADAS
Los cinco sobrevivientes —Rodríguez Castelló, Acosta Guevara, Cruz Gómez, Galindo Sariol y Sánchez González— permanecen en prisión provisional.
También continúa detenido Duniel Hernández Santos, a quien las autoridades cubanas identifican como el supuesto contacto en tierra que debía asistir al grupo después del desembarco. En consecuencia, al menos seis personas permanecen encarceladas en relación con el expediente.
Según el fiscal Campbell, los cargos relacionados con terrorismo podrían implicar penas de hasta 30 años o, en determinados supuestos, la pena de muerte. Cuba no lleva a cabo una ejecución desde 2003. El fiscal dijo además que se analiza la posibilidad de procesar a Maritza Lugo en ausencia. No existe todavía una fecha de juicio confirmada.
EL FBI VIAJÓ A CUBA Y EXAMINÓ EL CASO
Uno de los elementos más relevantes del reportaje es la confirmación de contactos con autoridades estadounidenses.
Según funcionarios cubanos citados por Belly of the Beast, una delegación del FBI llegó a Cuba el 31 de marzo y permaneció aproximadamente dos días y medio. Los agentes estuvieron acompañados por un enlace de la Guardia Costera y por el responsable de seguridad de la embajada estadounidense.
Durante esa visita inspeccionaron El Tornado y la embarcación de las Tropas Guardafronteras involucrada en el enfrentamiento. También tuvieron encuentros breves con los detenidos y les tomaron huellas dactilares y muestras de ADN.
Las autoridades cubanas sostienen que entregaron información y preguntas sobre cómo se organizó y financió la operación desde territorio estadounidense. El reportaje señala que la Guardia Costera, el Departamento de Estado y el FBI evitaron ofrecer detalles públicos sobre la investigación cuando fueron consultados.
“FUE UNA LOCURA”: LOS SOBREVIVIENTES NO PIENSAN IGUAL
Los testimonios realizados meses después muestran diferencias importantes sobre la operación.
Christian Acosta es quien expresa un arrepentimiento más claro. La calificó como una “locura” y advirtió a otros cubanos que no intentaran acciones similares.
Cruz continúa defendiendo la necesidad de cambios políticos en Cuba, pero reconoció que la operación fue ingenua, insuficientemente preparada y carente de los recursos necesarios para enfrentarse a las fuerzas cubanas.
Rodríguez Castelló, por el contrario, dijo que no se arrepiente de participar. Expresó pesar por la muerte de sus compañeros y por el sufrimiento causado a su familia, pero mantuvo su oposición al sistema político cubano. Incluso afirmó que preferiría permanecer preso antes que aceptar un hipotético acuerdo en el que Estados Unidos enviara petróleo a Cuba a cambio de su liberación.
Esas declaraciones son posiciones personales de los detenidos y no permiten extraer conclusiones sobre la opinión general de la población cubana o del exilio.
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