ROLANDO MASFERRER: “EL COJO” QUE FIDEL CASTRO CONSIDERÓ UN ENEMIGO MORTAL Y TERMINÓ VOLANDO EN PEDAZOS EN MIAMI
Rolando Masferrer Rojas fue uno de los personajes más temidos, controvertidos y difíciles de clasificar de la política cubana del siglo XX. Combatió en la Guerra Civil Española, militó en la izquierda, participó en la violencia política republicana, llegó al Senado, terminó aliado con Fulgencio Batista y después se convirtió en uno de los enemigos más persistentes de Fidel Castro desde el exilio. Su vida estuvo atravesada por armas, conspiraciones y rivalidades que comenzaron mucho antes de 1959.
Durante décadas se ha repetido que Fidel Castro le tenía miedo a Masferrer. Los documentos disponibles no permiten demostrar qué sentía personalmente Castro, pero sí prueban algo significativo: en plena guerra de la Sierra Maestra, sus fuerzas consideraban a Masferrer un enemigo mortal y llegaron a movilizarse creyendo que podían encontrarlo. Esa enemistad sobreviviría a Batista, al triunfo revolucionario y al exilio, hasta que una bomba colocada en un automóvil acabó con la vida de Masferrer en Miami.
DE REVOLUCIONARIO A HOMBRE FUERTE DE LA REPÚBLICA
Rolando Arcadio Masferrer Rojas nació en Holguín en 1918. Desde joven estuvo vinculado a la política radical y llegó a combatir del lado republicano durante la Guerra Civil Española. Una herida sufrida en aquel conflicto le dejó una cojera permanente que terminaría acompañándolo durante el resto de su vida y contribuyó al apodo con el que muchos lo conocieron: “El Cojo” Masferrer.
De regreso a Cuba se convirtió en una figura destacada dentro del turbulento mundo de los grupos de acción de las décadas de 1940 y 1950. Dirigió el Movimiento Socialista Revolucionario, participó en luchas políticas que con frecuencia terminaban a tiros y fue construyendo una reputación de hombre duro, impredecible y poco dispuesto a retroceder ante sus adversarios. Aquella era precisamente la Cuba donde un joven Fidel Castro comenzaba también a moverse entre organizaciones estudiantiles, conspiraciones y violencia política.
UNA ENEMISTAD QUE VENÍA DE MUCHO ANTES DE LA SIERRA
La rivalidad entre Fidel Castro y Masferrer no comenzó cuando el primero desembarcó del Granma. Ambos se conocían del ambiente político de la República y pertenecían a sectores enfrentados dentro del universo de los grupos de acción. Durante años circularon acusaciones de conspiraciones, atentados y amenazas entre organizaciones rivales, mientras Masferrer fue consolidando un poder político propio en Oriente.
Por eso resulta demasiado simple imaginar su relación únicamente como la de “revolucionario contra batistiano”. Masferrer había sido revolucionario antes de convertirse en aliado del régimen de Batista, mientras Fidel todavía era un joven activista. Cuando la insurgencia de la Sierra Maestra comenzó a expandirse, ambos ya tenían una historia previa de hostilidad.
¿FIDEL CASTRO REALMENTE LE TENÍA MIEDO?
Esta es probablemente la parte más atractiva de la historia, pero también la que requiere mayor cuidado. No hemos encontrado una declaración primaria de Fidel Castro reconociendo que temiera personalmente a Rolando Masferrer, por lo que presentar ese miedo como un hecho psicológico demostrado sería irresponsable.
Lo que sí existe es un documento extraordinariamente revelador. En septiembre de 1957, la Embajada estadounidense en La Habana informó al Departamento de Estado sobre una operación de los rebeldes de Castro cerca de la Sierra Maestra. Según el despacho diplomático, el enfrentamiento se produjo porque los rebeldes creían que Masferrer se encontraba en el lugar. El documento añadía que las fuerzas castristas lo consideraban “un enemigo mortal, y con razón”. Masferrer había estado allí, pero había salido el día anterior.
Ese episodio no demuestra miedo personal, pero sí demuestra algo difícil de ignorar: Masferrer era suficientemente importante y peligroso para que las fuerzas rebeldes modificaran operaciones cuando creían tener la posibilidad de encontrarlo. La leyenda posterior de que Fidel lo temía probablemente encontró combustible precisamente en esa larga rivalidad y en la reputación militar que Masferrer había construido.
LOS TIGRES DE MASFERRER
Durante el gobierno de Batista, Masferrer organizó una fuerza conocida popularmente como Los Tigres de Masferrer. Un documento diplomático estadounidense de 1958 lo describía directamente como senador favorable a Batista y jefe de un ejército privado respaldado por el régimen, organizado para emplear tácticas de combate no convencionales contra el movimiento revolucionario.
Los Tigres adquirieron una reputación extremadamente violenta en Oriente y fueron acusados de asesinatos, torturas y represalias contra civiles y opositores. Las cifras exactas de víctimas atribuidas a la organización varían considerablemente según la fuente y fueron posteriormente utilizadas también por la propaganda revolucionaria, por lo que deben tratarse con cautela. Lo que resulta mucho menos discutible es que Masferrer no fue un simple político conservador: dirigía una estructura armada al servicio de la lucha contra los rebeldes.
Eso explica también por qué su figura generaba tanto odio. Para los revolucionarios era un enemigo armado del movimiento; para sectores opuestos a Batista, simbolizaba algunas de las formas más brutales de violencia política de aquellos años. Convertirlo ahora en un héroe impecable sería tan incorrecto como reducir toda su vida a la etiqueta de “esbirro batistiano”.
LA CAÍDA DE BATISTA Y LA HUIDA
Cuando Batista abandonó Cuba el 1 de enero de 1959, Masferrer entendió inmediatamente que permanecer en la Isla significaba casi con seguridad terminar detenido y posiblemente ejecutado. Salió de Cuba rumbo a Estados Unidos y comenzó una nueva etapa desde Florida.
El gobierno revolucionario intentó que fuera devuelto a Cuba, mientras Masferrer reorganizaba contactos y buscaba hombres dispuestos a combatir a Castro. Muy rápidamente empezó a aparecer en informes estadounidenses relacionados con grupos de exiliados, expediciones armadas y planes para regresar a la Isla.
La situación llegó al punto de que Washington también comenzó a verlo como un problema. Masferrer no era un instrumento fácilmente controlable y sus operaciones independientes podían interferir con los planes secretos que Estados Unidos desarrollaba contra Castro.
WASHINGTON TAMBIÉN QUISO FRENARLO
El 8 de abril de 1961, apenas días antes de la invasión de Bahía de Cochinos, agentes del FBI detuvieron a Rolando Masferrer. Documentación oficial estadounidense lo describía entonces como antiguo senador favorable a Batista y antiguo jefe de un ejército privado.
Ese episodio demuestra una de las contradicciones más interesantes de su exilio. Masferrer era enemigo feroz de Castro, pero eso no significaba que Estados Unidos confiara en él ni quisiera darle libertad absoluta para actuar. Washington trataba de mantener control sobre las operaciones contra Cuba y los grupos que actuaban por iniciativa propia podían provocar conflictos diplomáticos o interferir con acciones encubiertas de mayor escala.
Durante los años siguientes, su nombre siguió apareciendo en expedientes estadounidenses relacionados con organizaciones anticastristas y preparativos de expediciones. Incluso décadas después, archivos desclasificados conservarían páginas y páginas dedicadas a seguir sus contactos y movimientos.
UNA VIDA ENTERA PREPARÁNDOSE PARA VOLVER
Masferrer nunca abandonó completamente la idea de regresar a Cuba. Desde Miami mantuvo relaciones con sectores radicales del exilio, promovió operaciones contra Castro y reconstruyó redes alrededor de antiguos seguidores.
Su figura continuaba siendo polémica incluso entre los propios exiliados. Para algunos era un enemigo decidido del comunismo y un hombre dispuesto a enfrentarse a Castro cuando otros hablaban; para otros seguía siendo el antiguo jefe de una fuerza vinculada a Batista y responsable de una etapa particularmente violenta de la historia republicana.
Esa combinación de antecedentes convirtió a Masferrer en alguien con enemigos a ambos lados del estrecho de Florida. Los tenía en La Habana, pero también los acumuló en Miami.
LA BOMBA QUE TERMINÓ CON “EL COJO”
El 31 de octubre de 1975, Rolando Masferrer subió a su automóvil en Miami. Una bomba colocada en el vehículo explotó y lo mató. Tenía 57 años. Documentos del FBI conservados posteriormente en los National Archives registran que Masferrer murió cuando su automóvil fue destruido por un explosivo en Florida.
La investigación sobre su asesinato abrió múltiples líneas y alimentó durante décadas teorías sobre quién quería eliminarlo. Documentos posteriores del FBI muestran que todavía en los años noventa se examinaban pistas relacionadas con la colocación de explosivo plástico C-4 en su automóvil.
Nunca quedó establecida públicamente una responsabilidad definitiva que permita afirmar con seguridad quién ordenó el asesinato. Se ha señalado tanto a enemigos dentro del exilio como a posibles operaciones de inteligencia cubanas, pero atribuir directamente el crimen a Fidel Castro sin evidencia concluyente sería ir más allá de lo documentado.
¿EL HOMBRE QUE FIDEL TEMÍA?
La pregunta probablemente nunca podrá responderse en términos psicológicos. Nadie puede demostrar hoy qué sintió Fidel Castro personalmente cuando escuchaba el nombre de Masferrer. Sin embargo, existen hechos suficientes para explicar por qué surgió la leyenda.
Masferrer conocía a Castro desde mucho antes de 1959, dirigía hombres armados, tenía poder político en Oriente y había demostrado que estaba dispuesto a utilizar la violencia contra sus adversarios. En 1957, documentos diplomáticos estadounidenses registraron que las fuerzas rebeldes lo consideraban un enemigo mortal. Años después, desde Miami, continuó preparando acciones destinadas a destruir el gobierno que Castro había construido.
Por eso quizá la expresión más precisa no sea decir que Fidel “le tenía miedo”, sino que Masferrer fue uno de esos enemigos a los que Castro nunca pudo considerar inofensivos.
Rolando Masferrer sobrevivió a la Guerra Civil Española, a la violencia política de la República, al ascenso de Batista, a la guerra contra los rebeldes, a la caída del régimen y a años de conspiraciones en el exilio. No murió en una montaña cubana ni frente a un pelotón de fusilamiento. Murió despedazado por una bomba colocada en su automóvil, en Miami, después de pasar buena parte de su vida rodeado de enemigos.
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