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Cuba Bajo Lupa

ROGELIO BOLUFÉ: SE CODEÓ CON LA FAMILIA CASTRO EN CUBA, LLEGÓ A MIAMI Y TERMINÓ DEPORTADO POR TRUMP A ECUADOR

La historia de Rogelio Enrique Bolufé Izquierdo tiene todos los ingredientes de una novela oscura del castrismo: un supuesto exmayor del Ministerio del Interior, vínculos con el entorno de seguridad de Fidel Castro, fotos cerca de la familia Castro, una llegada polémica a Miami, sospechas dentro del propio exilio, acusaciones desde La Habana, arresto en Florida, meses bajo custodia de ICE y, finalmente, una deportación a Ecuador que lo dejó convertido en símbolo de una caída brutal.

Bolufé no es un migrante cualquiera. Según Martí Noticias, fue identificado como antiguo oficial del MININT y vinculado durante años al círculo de seguridad de Fidel Castro. Ese mismo medio confirmó que Estados Unidos lo deportó a Ecuador el 1 de junio de 2026, después de casi diez meses bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE.

El contraste es lo que hace explosiva esta historia. Un hombre que, según distintas fuentes, se movió cerca de las zonas más sensibles del poder cubano, terminó en Guayaquil denunciando que fue dejado sin dinero, sin teléfono y sin documentos útiles. De codearse con los Castro a sentarse en un aeropuerto extranjero sin salida clara. Si eso no es derrumbe, hay que revisar el diccionario.

El hombre que decía venir de las entrañas del sistema

Bolufé llegó a Estados Unidos en 2020 y desde el principio fue una figura incómoda. No encajaba del todo en el molde clásico del exilio. Según CubaNet, al llegar ofreció entrevistas en las que afirmó: “No he desertado, ni desertaré, porque me siento orgulloso de lo que soy”. En esa misma entrevista admitió que en Cuba prevalece una dictadura, pero defendió que la labor de los militares debía ser “proteger al pueblo”.

Esa frase lo persiguió. En Miami, donde el pasado dentro del aparato castrista pesa como una losa, declararse orgulloso de haber pertenecido a estructuras del régimen no es precisamente una tarjeta de presentación limpia. Muchos lo vieron con recelo. Otros lo señalaron como posible infiltrado, doble agente o figura difícil de leer.

14ymedio recogió que Bolufé aseguró haber trabajado para el MININT durante 15 años y que dijo haber vivido una temporada en la casa de Fidel Castro por motivos laborales. El mismo medio recordó que sus propias declaraciones al llegar a Estados Unidos, asegurando que no había desertado y que sería el “libertador de Cuba”, alimentaron sospechas sobre su verdadera posición.

Ahí empieza la contradicción central del personaje: decía venir del corazón del sistema, pero quería presentarse también como alguien dispuesto a cambiar Cuba. En una novela eso se llama tensión dramática. En política cubana se llama sospecha.

Sandro Castro, fotos incómodas y cercanía al apellido prohibido

El nombre de Bolufé también quedó ligado al de Sandro Castro, nieto de Fidel Castro y figura muy comentada por su vida pública en redes. Martí Noticias publicó una imagen de Bolufé durante el funeral de Fidel Castro, acompañando en la guardia de honor a Sandro Castro.

Diario de Cuba también señaló que fotografías difundidas lo muestran junto al espía cubano Fernando González Llort y participando en la guardia de honor durante el funeral de Fidel, acompañado por Sandro Castro.

Además, 14ymedio reportó que existía una relación conocida entre Sandro Castro y Carlos Rogelio Bolufé García, hijo del deportado, a quien identificó como uno de los organizadores de la polémica fiesta de cumpleaños celebrada por Sandro en diciembre de 2024.

Ese dato vuelve todavía más venenosa la historia. No estamos hablando de un desconocido que pasó por una oficina del Estado. Hablamos de alguien cuyo nombre aparece conectado, directa o indirectamente, con el entorno simbólico de la familia Castro. Por eso su caída tiene morbo político: porque toca esa zona donde el poder cubano mezcla apellido, privilegio, seguridad, lealtad y traición.

De “presidente interino” a figura sospechosa

Con el tiempo, Bolufé comenzó a presentarse públicamente como fundador de La Nueva Nación Cubana y llegó incluso a llamarse “presidente interino de la República de Cuba”, según reportó 14ymedio en una entrevista reciente. Ese medio señaló que él sostiene no recibir órdenes de ninguna institución y que dice trabajar por la reconciliación entre cubanos.

Pero el régimen cubano lo colocó en su propia lista de personas vinculadas al terrorismo. OnCuba publicó en 2023 que Cuba había divulgado una Lista Nacional de Terroristas en la que aparecían personas y organizaciones, entre ellas Rogelio Enrique Bolufé Izquierdo y Nueva Nación Cubana.

Ese giro es casi cinematográfico: el hombre que presumía haber servido dentro del aparato terminó señalado por ese mismo régimen como enemigo. El castrismo, experto en devorar a sus propios hijos cuando dejan de ser útiles o confiables, lo ubicó del otro lado de la línea.

Para el exilio, sin embargo, el caso tampoco fue limpio. Algunos lo miraban como opositor tardío; otros como exrepresor; otros como alguien jugando a varias bandas. Bolufé quedó atrapado en una zona gris: demasiado castrista para unos, demasiado incómodo para La Habana, demasiado raro para confiar sin reservas.

Miami, arresto y caída migratoria

El capítulo estadounidense fue igual de turbulento. Martí Noticias informó que Bolufé fue arrestado el 17 de agosto de 2025 en Hialeah, Florida, durante un control policial. Según el reporte citado por ese medio, los agentes encontraron en su pantalón una bolsa plástica con un polvo blanco semejante a cocaína. El cargo por posesión de droga fue posteriormente retirado, pero Bolufé quedó bajo custodia migratoria por su estatus irregular en Estados Unidos.

14ymedio reportó que Bolufé no tenía estatus legal en Estados Unidos, aunque sí contaba con residencia legal en México y nacionalidad ecuatoriana adquirida por matrimonio anterior. También indicó que antes de emigrar a EE. UU. había dirigido un bar en Yucatán llamado La Nota.

Ese dato es clave para entender por qué no terminó deportado a Cuba. Según Martí Noticias, fuentes con conocimiento del caso habían señalado que Bolufé no tenía residencia permanente ni permiso de trabajo en Estados Unidos, pero sí residencia en México y doble nacionalidad cubana y ecuatoriana.

En otras palabras: el hombre que llegó a Miami con discurso de liberador no logró resolver lo más básico para quedarse legalmente en Estados Unidos. Y en la maquinaria migratoria actual, eso puede ser suficiente para que el personaje más novelesco termine convertido en expediente.

De Alligator Alcatraz a la Unión de Secuestrados por ICE

Tras su arresto, Bolufé fue movido por varios centros de detención. Martí Noticias reportó que pasó por instalaciones en Florida, Texas, Nuevo México, Alabama, Arizona y Washington. Durante ese tiempo denunció condiciones de reclusión, falta de acceso a documentos jurídicos y dificultades para comunicarse con abogados y familiares. También participó en una huelga de hambre y promovió una organización llamada Unión de Secuestrados por ICE.

The American Prospect presentó otra versión del mismo tramo: afirmó que Bolufé organizó una huelga de hambre y denunció condiciones inhumanas en centros de detención migratoria. Según ese medio, ICE lo movió varias veces en diez meses y terminó deportándolo a Ecuador después de su activismo dentro de los centros de detención.

Ahí el personaje vuelve a doblarse sobre sí mismo: un exoficial del aparato de seguridad cubano denunciando abusos dentro del sistema migratorio estadounidense. Un hombre que decía venir de las estructuras duras del castrismo acusando ahora a ICE de actuar con métodos de castigo y deshumanización.

La historia tiene ironías tan pesadas que no caben en una maleta.

Ecuador: el aterrizaje del desamparo

El 1 de junio de 2026, Bolufé terminó en Guayaquil. NOTUS publicó una investigación donde describió su llegada a Ecuador como una caída al vacío: sin dinero, sin teléfono, sin pasaporte en mano y con documentos que, según el reportaje, lo presentaban como ecuatoriano nacido en Ecuador, algo que Bolufé rechazó.

NOTUS narró que al llegar al aeropuerto José Joaquín de Olmedo, Bolufé venía tras meses de detención y después de un traslado agotador. El medio señaló que sus únicos identificadores eran una pulsera verde de prisión y una tarjeta de comisaría de CoreCivic, sin valor real como documento oficial.

CubaNet recogió declaraciones de Bolufé en las que afirmó que lo dejaron en Guayaquil con uniforme gris de detención, sin ropa adicional, sin dinero, sin identificación, sin teléfono móvil y sin conocer a nadie en la ciudad.

La imagen es demoledora: el supuesto hombre del círculo de Fidel, el que alguna vez se movió cerca de una familia intocable, reducido a buscar ayuda en un país donde, según él, no tenía cómo rehacer la vida de inmediato.

¿Víctima, operador caído o personaje imposible?

El caso Bolufé es difícil porque no permite una lectura limpia. Si uno lo pinta solo como víctima, borra su pasado dentro del aparato cubano y sus vínculos reportados con el entorno castrista. Si uno lo pinta solo como represor caído, ignora que terminó denunciando abusos migratorios y que fue enviado a Ecuador en condiciones cuestionables. Si uno lo pinta solo como opositor, olvida las dudas que despertaron sus propias palabras cuando llegó a Miami.

Por eso el enfoque más honesto es presentarlo como lo que parece ser: un personaje lleno de sombras, contradicciones y conexiones incómodas, cuya caída expone tanto los secretos del castrismo como la dureza de la nueva política migratoria estadounidense.

Bolufé se movió en una zona donde muy pocos salen limpios: la seguridad del régimen, la familia Castro, el exilio de Miami, las redes políticas, el sistema migratorio y las deportaciones a terceros países. Demasiadas puertas, demasiados pasillos, demasiadas versiones.

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