Ir al contenido principal

Cuba Bajo Lupa

ROBERTO AGRAMONTE: PUDO SER PRESIDENTE DE CUBA Y TERMINÓ FUERA DEL PRIMER GOBIERNO EXPULSADO POR EL PROPIO FIDEL CASTRO

Roberto Agramonte Pichardo no llegó a enero de 1959 como un desconocido ni como un oportunista de última hora. Era profesor universitario, diplomático, dirigente del Partido Ortodoxo y había sido el candidato presidencial que debía competir en las elecciones de 1952, frustradas por el golpe de Estado de Fulgencio Batista. Cuando triunfó la Revolución, entró al primer gabinete como ministro de Estado, equivalente a canciller. Apenas cinco meses después, estaba fuera.

Su caída es uno de los mejores ejemplos de las tensiones que atravesaron al primer gobierno revolucionario. Agramonte pertenecía al sector civil y moderado que inicialmente acompañó el proceso, pero en junio de 1959 una tormentosa reunión del Consejo de Ministros terminó exponiendo públicamente la fractura. Según la cobertura contemporánea de TIME, Fidel Castro le lanzó una frase brutal: “You are not a revolutionary minister”, es decir, “usted no es un ministro revolucionario”. Días después, Raúl Roa ocupaba su puesto.

EL HOMBRE QUE PUDO HABER SIDO PRESIDENTE DE CUBA

Agramonte había sido una figura central del Partido del Pueblo Cubano, conocido como Partido Ortodoxo, dirigido por Eduardo Chibás. En las elecciones de 1948, Chibás lo escogió como compañero de fórmula para la vicepresidencia. Después de la muerte de Chibás en 1951, Agramonte emergió como candidato presidencial de la Ortodoxia para las elecciones previstas en 1952.

No se trataba de una candidatura testimonial. Fuentes de la época muestran que los ortodoxos tenían posibilidades reales de disputar el poder, mientras Batista se encontraba por detrás en las encuestas. El golpe del 10 de marzo de 1952 eliminó aquellas elecciones antes de que los cubanos pudieran votar.

Agramonte, además, tenía una sólida trayectoria académica. Había estudiado Derecho y Filosofía y Letras, ejercido como profesor de la Universidad de La Habana, dirigido su Facultad de Filosofía y Letras y posteriormente ocupado el rectorado. También fue embajador de Cuba en México entre 1947 y 1948.

DE ADVERSARIO DE BATISTA A CANCILLER DE LA REVOLUCIÓN

Tras el triunfo revolucionario, Roberto Agramonte fue nombrado ministro de Estado en el gobierno encabezado por Manuel Urrutia. Una cobertura de TIME de enero de 1959 describía al gabinete inicial como integrado mayoritariamente por hombres moderados y responsables, y señalaba específicamente a Agramonte como antiguo embajador y figura política conocida.

Durante sus primeros meses como canciller tuvo contacto directo con el embajador estadounidense Philip Bonsal y funcionó como intermediario para tratar de facilitar encuentros con Fidel Castro. Documentos oficiales del Departamento de Estado muestran que, incluso a comienzos de junio, Agramonte intentaba gestionar reuniones entre Bonsal y Castro sobre asuntos sensibles como la reforma agraria y las relaciones bilaterales.

Pero esos mismos documentos revelan otra cosa: el centro de gravedad del gobierno ya estaba desplazándose. Agramonte podía ser ministro de Estado, pero había momentos en que ni él mismo conseguía localizar a Castro para discutir crisis diplomáticas. En un telegrama del 6 de junio de 1959, Bonsal informó que Agramonte expresó “considerable embarrassment” porque tampoco había logrado contactar con el primer ministro durante todo el día.

LA REFORMA AGRARIA Y LA PRIMERA GRAN FRACTURA

La crisis estalló abiertamente en junio de 1959, después de la aprobación de la Ley de Reforma Agraria. La medida abrió profundas discusiones dentro del nuevo gobierno y generó preocupación entre varios ministros sobre su alcance económico y político.

La revista TIME, en una crónica publicada el 22 de junio, describió una reunión del gabinete que se prolongó aproximadamente desde las nueve de la noche hasta las dos de la madrugada. Según esa cobertura, Fidel Castro reprendió directamente a varios ministros. A Agramonte le habría dicho: “You are not a revolutionary minister.”

No fue el único señalado. También recibieron reproches Luis Orlando Rodríguez, Elena Mederos, Julio Martínez Páez y Humberto Sorí Marín. La misma crónica señalaba que Agramonte estaba entre quienes mostraban reservas hacia aspectos de la radical reforma agraria.

Aquella escena tiene enorme valor histórico porque muestra que las divisiones internas aparecieron apenas cinco meses después de la caída de Batista. El primer gobierno revolucionario no era ideológicamente uniforme, y los sectores más moderados comenzaron a perder terreno rápidamente.

EL 12 DE JUNIO: AGRAMONTE QUEDA FUERA

El relevo ocurrió inmediatamente. Un documento del Departamento de Estado fechado el 12 de junio de 1959 registra que Raúl Roa se encontraba viajando de Washington a La Habana después de haber sido convocado para asumir el Ministerio de Estado. Una nota incluida en el mismo documento confirma que Castro anunció cinco cambios ministeriales y que Agramonte sería sustituido por Roa.

La versión transmitida por Roa a funcionarios estadounidenses fue más diplomática. Según ese memorando, la crisis se habría originado por la necesidad de colocar figuras con mayor prestigio popular en cargos importantes, y Agramonte, amigo personal de Roa, habría participado incluso en esa discusión. Esa explicación no necesariamente contradice la existencia de fuertes tensiones, pero muestra que la salida fue presentada oficialmente de forma menos traumática que la escena descrita por TIME.

Ese contraste entre fuentes es importante. Podemos afirmar que hubo una crisis de gabinete, que Agramonte fue reemplazado y que existen fuentes contemporáneas que documentan una reprimenda de Castro. Lo que no debemos hacer es inventar una escena de “expulsión” individual si la documentación muestra que el cambio ocurrió dentro de una reorganización ministerial más amplia.

DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO AL EXILIO

Agramonte permaneció poco tiempo más en Cuba. En 1960 se exilió en Puerto Rico, donde retomó su vida académica y desarrolló una extensa carrera como investigador en la Universidad de Puerto Rico. Fuentes académicas señalan que trabajó allí hasta mediados de la década de 1980. Murió en Puerto Rico en 1995.

Su historia resulta particularmente reveladora porque había combatido políticamente a Batista, pertenecía al mismo universo ortodoxo del que había surgido Fidel Castro y aceptó incorporarse al primer gobierno después del triunfo. Sin embargo, antes de que terminara el primer semestre de 1959 ya había perdido su cargo, y al año siguiente estaba en el exilio.

Roberto Agramonte representa así una de las fracturas más tempranas del nuevo poder cubano: un hombre que pudo haber llegado a la presidencia por elecciones en 1952 terminó sirviendo como primer canciller de la Revolución en 1959 y abandonando el país poco después, mientras el gobierno se movía rápidamente hacia una estructura cada vez más concentrada alrededor de Fidel Castro.

SIGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES

Cuba Bajo Lupa
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.