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Cuba Bajo Lupa

¿QUÉ SABÍA ROSA MARÍA ABIERNO? LA ÚNICA MUJER CONDENADA DURANTE EL FAMOSO JUICIO CONTRA ARNALDO OCHOA

En 1989, mientras Cuba seguía por televisión uno de los procesos judiciales más estremecedores de la etapa revolucionaria, una mujer apareció entre generales, coroneles y oficiales del Ministerio del Interior acusados en la llamada Causa 1/89. Su nombre era Rosa María Abierno Govín y terminó condenada a 30 años de prisión.

Su figura quedó eclipsada por nombres mucho más conocidos, especialmente el del general Arnaldo Ochoa y el coronel Antonio de la Guardia. Sin embargo, los documentos de la época la incluyen entre los procesados de una trama que el Gobierno cubano presentó como una operación de narcotráfico y corrupción desarrollada desde estructuras vinculadas al aparato militar y de seguridad.

La mujer que apareció en medio de la Causa Ochoa

Los registros publicados sobre la Causa 1/89 identifican a Rosa María Abierno dentro del grupo de acusados. La documentación oficial del proceso, publicada posteriormente en forma de libro por Editorial José Martí, incluye su nombre junto al de otros miembros del MININT y las Fuerzas Armadas.

La magnitud del caso quedó marcada por las condenas. Arnaldo Ochoa, Antonio de la Guardia, Amado Padrón y Jorge Martínez fueron sentenciados a muerte. El Consejo de Estado confirmó posteriormente las cuatro penas capitales.

Abierno recibió un castigo diferente, pero igualmente severo: 30 años de prisión. La prensa internacional de la época registró que ella y otros acusados recibieron esa pena, incluso por encima de los 25 años solicitados inicialmente en algunos casos.

¿Qué papel desempeñó Rosa María Abierno?

Décadas después surgieron nuevos testimonios sobre su participación.

En 2008, Daniel Abierno Govín, identificado como hermano de Rosa María y exoficial del Ministerio del Interior, declaró a El Nuevo Herald que su hermana había sido condenada por introducir cocaína en Cuba escondida en estructuras o armazones de computadoras. La información fue reproducida entonces por el diario colombiano El Tiempo.

Ese detalle, sin embargo, procede de un testimonio familiar posterior al juicio, por lo que debe diferenciarse de aquello que puede establecerse directamente mediante las sentencias publicadas en 1989.

Daniel Abierno hizo además una acusación mucho más grave: sostuvo que las operaciones relacionadas con narcotráfico habían sido autorizadas por niveles superiores del Gobierno cubano. Esa afirmación ha alimentado durante décadas las dudas alrededor de la Causa Ochoa, pero no constituye por sí sola prueba concluyente de responsabilidad de dirigentes que no fueron condenados por esos hechos.

La explosiva historia sobre Pablo Escobar

El mismo testimonio introdujo otro elemento que todavía genera controversia.

Daniel Abierno aseguró que Pablo Escobar estuvo en la vivienda de su familia en La Habana en 1989 y que inicialmente le fue presentado como un amigo de Rosa María. Según su relato, solo después habría descubierto quién era realmente aquel visitante.

La afirmación es extraordinaria y no debe tratarse como un hecho establecido únicamente sobre esa base. Lo comprobable es que el nombre de Escobar apareció alrededor de investigaciones y testimonios relacionados con integrantes de la trama: una reconstrucción contemporánea del proceso señaló que Jorge Martínez había sido acusado de viajar clandestinamente a Medellín para reunirse con el jefe del cartel.

Por eso, afirmar categóricamente que Escobar estuvo personalmente en Cuba requeriría evidencia independiente adicional.

30 años de cárcel y una vida que desapareció del relato público

Después de la sentencia, Rosa María Abierno prácticamente desapareció del escenario público.

El testimonio difundido en 2008 sostiene que fue liberada en 1994 y que murió de cáncer aproximadamente tres meses después. Esa cronología ha sido repetida por diversos medios, aunque procede fundamentalmente del relato de su hermano y de publicaciones posteriores sobre el caso.

Lo que sí está documentado sin ambigüedad es la dureza de la condena que recibió en 1989: treinta años de privación de libertad, una de las penas más altas impuestas a los acusados que no fueron condenados a muerte.

La pregunta que la Causa 1/89 nunca consiguió cerrar

Más de tres décadas después, el debate alrededor del proceso continúa dividido entre dos lecturas.

La versión oficial cubana presentó el caso como la actuación criminal de funcionarios que traicionaron sus responsabilidades. Pero desde entonces exoficiales, investigadores y críticos del Gobierno han sostenido que operaciones de semejante alcance difícilmente habrían podido desarrollarse dentro de estructuras militares y de seguridad sin conocimiento superior.

Esa última interpretación continúa siendo precisamente eso: una acusación y una hipótesis sobre la cadena de mando, no un hecho judicialmente demostrado.

La historia de Rosa María Abierno resulta importante precisamente por ese vacío. Fue una de las personas condenadas en uno de los procesos políticos y militares más impactantes de la Cuba contemporánea, pero buena parte de su trayectoria continúa rodeada de interrogantes.

Y la pregunta que permanece no es menor: ¿qué sabía realmente Rosa María Abierno sobre las operaciones que terminaron llevando al paredón a cuatro altos oficiales cubanos?

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