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Cuba Bajo Lupa

PRENSA OFICIALISTA PROPONE DEJAR EN MANOS PRIVADAS LA RECOGIDA DE BASURA EN LA HABANA Y COBRAR 100 PESOS POR VIVIENDA POR EL SERVICIO

La propuesta de cobrar 100 pesos por recoger la basura en La Habana ha reabierto el debate sobre la responsabilidad del Estado en uno de los servicios públicos más deteriorados de la capital cubana. Un artículo publicado el sábado 17 de octubre de 2026 en el periódico oficial Trabajadores plantea ampliar la participación de negocios privados y trabajadores independientes para enfrentar la acumulación de desechos en calles y barrios.

La iniciativa, defendida por la periodista Thalía Fuentes Puebla, no constituye una tarifa aprobada por las autoridades. Sin embargo, resulta significativa porque propone que los propios vecinos paguen por retirar residuos ante las dificultades del sistema estatal, mientras experiencias similares, como el proyecto El Rampeño en El Vedado, han enfrentado obstáculos que ponen en duda su capacidad de expansión.

PROPONEN COBRAR 100 PESOS POR RECOGER LA BASURA EN LA HABANA

Bajo el título «Cien pesos por una calle limpia», Fuentes Puebla describió el deterioro de la higiene urbana y cuestionó que los enormes basureros se hayan convertido en parte habitual del paisaje habanero.

La periodista identificó como causas principales la falta de combustible, la escasez de piezas de repuesto y la paralización de camiones recolectores. No obstante, sostuvo que esas dificultades no justifican que las autoridades sean incapaces de garantizar una limpieza regular.

Su propuesta consiste en extender los servicios particulares de recogida de residuos, utilizando como referencia experiencias desarrolladas en municipios como Playa y Guanabacoa, donde algunas mipymes han participado en estas labores mediante acuerdos con entidades estatales.

También mencionó iniciativas comunitarias y trabajadores independientes que retiran desperdicios a cambio de dinero. La idea es permitir que más operadores presten servicios en barrios donde la recogida estatal resulta insuficiente.

En ese contexto, la autora consideró razonable pagar 100 pesos por una retirada de basura, teniendo en cuenta los problemas sanitarios que ocasionan los desperdicios acumulados.

La diferencia fundamental es que se trata de una propuesta periodística, no de una decisión gubernamental ni de un nuevo cobro obligatorio para los habitantes de La Habana.

¿POR QUÉ LOS CUBANOS TENDRÍAN QUE PAGAR POR UN SERVICIO PÚBLICO?

El planteamiento introduce una interrogante que trasciende el importe mencionado: quién debe asumir el costo de resolver una deficiencia prolongada de los servicios comunales.

La participación privada puede contribuir a mejorar la recogida de residuos, especialmente cuando dispone de vehículos y equipos capaces de operar con mayor regularidad. Sin embargo, trasladar directamente ese gasto a los residentes plantea problemas para las familias con ingresos limitados.

Una cuota aparentemente pequeña puede representar una carga adicional cuando debe sumarse a los gastos de alimentación, electricidad, agua y transporte.

También existe una diferencia entre contratar voluntariamente un servicio complementario y depender de un pago privado para obtener una prestación básica que las instituciones públicas no consiguen garantizar.

La propia periodista reconoce que el Estado debe conservar responsabilidades de coordinación, regulación y mantenimiento de un sistema público de respaldo. Sin esa participación, los barrios donde no existan negocios interesados o vecinos con capacidad de pago podrían quedar en desventaja.

EL RAMPEÑO: EL PROYECTO QUE COBRABA 100 PESOS MENSUALES Y ENFRENTÓ DIFICULTADES

Uno de los antecedentes más importantes es El Rampeño, un proyecto de desarrollo local destinado a recoger residuos mediante triciclos eléctricos en el Consejo Popular Rampa, en El Vedado.

La iniciativa comenzó su prueba piloto en julio de 2026 y contemplaba una tarifa de 100 pesos mensuales por vivienda. Para negocios privados, mipymes y entidades estatales se anunciaron pagos desde 15.000 pesos, además de exenciones para personas en situación de vulnerabilidad.

Conviene distinguir ambas modalidades: los 100 pesos mensuales de El Rampeño no son equivalentes a cobrar 100 pesos por cada retirada, como sugiere el artículo de opinión de Trabajadores.

El proyecto preveía disponer de 30 triciclos eléctricos y una estación de carga alimentada mediante energía solar. Sin embargo, durante su puesta en marcha solamente estaban disponibles cinco vehículos de los inicialmente previstos.

En agosto, Pedro Lizardo Garcés Escalona, presidente del Consejo Popular Rampa, reconoció que el servicio no había conseguido alcanzar sus objetivos originales.

Entre las dificultades señaló las demoras relacionadas con la estación de carga de las calles 23 y J y los problemas para mantener operativos los triciclos.

Este antecedente demuestra que la solución no consiste únicamente en autorizar nuevos operadores. También hacen falta equipos disponibles, mantenimiento, electricidad, rutas organizadas y lugares adecuados para depositar los residuos.

LA HABANA TENÍA MENOS DE LA MITAD DE SUS CAMIONES RECOLECTORES OPERATIVOS

La magnitud del problema quedó reflejada en febrero de 2026, cuando se informó que solamente 44 de los 106 camiones recolectores de La Habana estaban funcionando.

El dato, divulgado inicialmente por medios estatales y recogido por Reuters, significa que aproximadamente el 58,5 % de la flota estaba fuera de servicio en aquel momento.

La paralización provocó una reducción de la frecuencia de recogida y permitió que los desperdicios se acumularan durante días en numerosos puntos de la capital.

Según cifras divulgadas durante el año, La Habana genera entre 24.000 y 30.000 metros cúbicos de residuos diariamente. Gestionar semejante volumen requiere una infraestructura que combine transporte, contenedores, tratamiento y disposición final.

Las autoridades intentaron ampliar la capacidad de recogida mediante la incorporación de camiones procedentes de China durante septiembre. No obstante, el refuerzo de la flota no elimina por sí mismo las dificultades de combustible, mantenimiento y organización que condicionan el servicio.

LA BASURA ACUMULADA TAMBIÉN REPRESENTA UN RIESGO SANITARIO

La acumulación prolongada de residuos domésticos no constituye solamente un problema de limpieza urbana. Los desperdicios orgánicos pueden atraer insectos y roedores, producir malos olores y deteriorar las condiciones ambientales de las comunidades.

La situación adquiere mayor importancia en una ciudad con barrios densamente poblados, donde los basureros pueden encontrarse cerca de viviendas, centros educativos y establecimientos comerciales.

Aunque la presencia de residuos no demuestra por sí sola la aparición de una enfermedad determinada, sí constituye un factor de riesgo que exige medidas preventivas.

Una respuesta sostenible debe incluir recogidas frecuentes, contenedores adecuados, limpieza de los puntos de acumulación y control del destino final de los desperdicios.

Precisamente por eso, la propuesta de incorporar operadores privados necesita algo más que establecer un precio. Se requiere garantizar que la basura retirada no termine trasladándose de una esquina a otra sin recibir un tratamiento apropiado.

LA PROPUESTA EVIDENCIA LOS LÍMITES DE LA GESTIÓN ESTATAL

El artículo de Trabajadores resulta especialmente significativo porque reconoce abiertamente la incapacidad del sistema estatal para mantener la limpieza de La Habana y propone buscar alternativas fuera de su estructura tradicional.

La colaboración entre instituciones y empresas privadas podría aportar capacidad operativa, pero plantea preguntas sobre las condiciones del servicio, las tarifas, las exenciones y la responsabilidad pública.

Hasta ahora no existe evidencia de que se haya aprobado un sistema generalizado de pago por recogida de basura en la capital. Tampoco se ha demostrado que las experiencias locales puedan extenderse a todos los municipios sin resolver antes sus problemas técnicos.

El debate, por tanto, no debería limitarse a determinar si 100 pesos son suficientes para retirar una bolsa de desperdicios. La cuestión principal es cómo garantizar un servicio regular, accesible y seguro sin convertir las dificultades de la administración pública en una carga económica adicional para los hogares.

La Habana necesita retirar la basura acumulada, pero también recuperar un sistema capaz de impedir que los vertederos improvisados vuelvan a aparecer pocos días después de cada operativo de limpieza.

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