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Cuba Bajo Lupa

¿POR QUÉ HAN DISMINUIDO LOS APAGONES EN LA HABANA SI CUBA SIGUE CON UN DÉFICIT ELÉCTRICO DE CASI 2.000 MW?

En los últimos días, numerosos residentes de La Habana han comenzado a notar algo que parecía improbable apenas una semana atrás: los apagones en La Habana han disminuido de manera considerable e incluso se han registrado momentos puntuales con cero afectaciones por déficit de generación, pese a que el Sistema Electroenergético Nacional continúa operando con déficits que rondan los 2.000 megavatios en el horario pico.

La pregunta resulta inevitable: ¿qué cambió? Aunque las autoridades sí han ofrecido algunas explicaciones técnicas sobre la mejoría, todavía no han detallado por qué la capital ha experimentado una reducción tan visible de los cortes mientras otras provincias continúan soportando apagones prolongados. Al mismo tiempo, en redes sociales circulan especulaciones que relacionan el alivio en La Habana con las protestas recientes y el temor a nuevas manifestaciones, pero hasta ahora no existe evidencia pública que confirme esa versión.

Los apagones en La Habana pasaron de jornadas extremas a horas sin afectaciones

El contraste con los primeros días de septiembre es notable. El 1 de septiembre, la Empresa Eléctrica de La Habana reportaba 523 MW afectados y 153 circuitos sin servicio, con zonas que acumulaban más de 37 horas de interrupción. El 6 de septiembre, al mediodía, todavía había 315 MW y 88 circuitos afectados, algunos con más de 35 horas sin corriente.

La situación comenzó a cambiar durante la semana siguiente. El 9 de septiembre, por ejemplo, la capital reportó 278 MW afectados a las 3:00 de la madrugada, mientras el 11 de septiembre un periodista oficialista celebró públicamente que La Habana había llegado a registrar “0 afectaciones por déficit de generación” durante un periodo de la jornada. Ese dato no significaba que toda la ciudad estuviera libre de averías o mantenimientos, pero sí evidenciaba una reducción extraordinaria respecto a los días anteriores.

El déficit nacional, sin embargo, sigue siendo enorme

La mejoría en La Habana no significa que la crisis eléctrica nacional haya terminado.

La UNE continuaba pronosticando déficits superiores a los 2.000 MW durante varios días consecutivos: 2.130 MW para el 8 de septiembre, 2.100 MW para el día 9, otros 2.130 MW para el 10 y aproximadamente 2.000 MW para el 11 de septiembre.

El 10 de septiembre, la afectación máxima real llegó incluso a 2.267 MW, mientras la generación disponible se situaba en apenas 1.220 MW frente a una demanda prevista de 3.350 MW.

Eso ayuda a entender la paradoja: la generación nacional sigue siendo insuficiente, pero la distribución de las afectaciones no necesariamente es uniforme entre territorios.

Qué explicación han dado las autoridades

Contrario a la idea de que no existe ninguna explicación oficial, la UNE sí ha reconocido una mejoría parcial.

El jefe de operaciones del Despacho Nacional de Carga, Lisner Cruz Sánchez, afirmó el sábado que las afectaciones habían disminuido “significativamente”, aunque para esa misma jornada se esperaba todavía un déficit cercano a 2.008 MW en el horario pico.

La televisión estatal también atribuyó parte de la mejoría a la reincorporación de varias unidades termoeléctricas y al incremento de la generación solar. Canal Caribe informó que Cuba había incorporado más de 1.000 MW en parques fotovoltaicos, mientras algunas unidades térmicas regresaban al sistema tras periodos de mantenimiento.

El problema es que esas explicaciones no aclaran completamente por qué La Habana ha experimentado una reducción mucho más visible de los apagones que otros territorios, especialmente cuando el déficit nacional continúa siendo tan elevado.

Las protestas precedieron a la mejoría

La reducción de los cortes llega después de varias semanas particularmente tensas en la capital.

El 1 de septiembre se reportaron protestas por falta de agua y electricidad en Párraga, mientras el 2 de septiembre vecinos del Vedado bloquearon la calle 26 después de más de 40 horas sin servicio. Tres días después, residentes de Fontanar, en Boyeros, bloquearon la Avenida Rancho Boyeros al grito de “queremos luz”.

El 7 de septiembre también se reportaron cacerolazos en La Güinera después de tres días sin electricidad. A esas dificultades se suman problemas persistentes con el suministro de agua, averías hidráulicas y dificultades para conservar alimentos en medio de la crisis económica.

Esos hechos sí están documentados. Lo que no está demostrado es que el Gobierno haya decidido reducir deliberadamente los apagones en La Habana para evitar un estallido social.

¿Se está priorizando la capital?

En redes sociales circula con fuerza la teoría de que las autoridades estarían destinando una mayor parte de la electricidad disponible a La Habana por razones políticas y de estabilidad social. La hipótesis surge precisamente porque la capital ha pasado de apagones de más de 20 o 30 horas a registrar periodos sin afectaciones por déficit, mientras otras provincias continúan padeciendo cortes prolongados.

Hasta ahora, sin embargo, no existe un documento público de la UNE que confirme que se haya adoptado una política especial para proteger eléctricamente a La Habana frente al resto del país.

También resulta importante recordar que “cero afectaciones por déficit” no equivale necesariamente a “cero apagones”. El 11 de septiembre, por ejemplo, la propia Empresa Eléctrica reportaba 13 circuitos y 35 MW afectados al mediodía, aunque esos cortes podían responder a averías, mantenimientos u otras causas diferentes al déficit nacional.

La gran incógnita sigue abierta

Los datos permiten afirmar que existe una mejoría real en La Habana y que parte de ella puede explicarse por la reincorporación de unidades térmicas, la generación fotovoltaica y variaciones en la demanda. Lo que todavía no está claro es cómo se está distribuyendo exactamente esa limitada generación entre provincias.

Mientras el déficit nacional continúe cerca de los 2.000 MW, cada hora adicional de corriente en una región plantea inevitablemente la pregunta de dónde se está dejando de suministrar esa misma energía.

Esa es la explicación que falta: no solamente cuánto produce el sistema, sino quién recibe la electricidad disponible y bajo qué criterios se decide qué territorio permanece a oscuras y cuál no.

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