OTERO ALCÁNTARA OFRECE SU ENTREVISTA MÁS SERIA DESDE EL EXILIO AL PERIODISTA JUAN MANUEL CAO: “ME DIJERON EXILIO O PRISIÓN”
Cinco años en una cárcel de máxima seguridad, meses de aislamiento, vigilancia constante y una salida de Cuba que, según su testimonio, no fue realmente una elección. Luis Manuel Otero Alcántara habló largo y tendido con el periodista cubano Juan Manuel Cao y dejó una entrevista mucho más profunda que la polémica de los últimos días alrededor de relojes, bebidas, piscinas y fotografías.
Porque detrás del ruido de las redes hay una historia bastante más incómoda para el régimen cubano: la de un artista que asegura haber pagado cinco años de su vida por intentar salir a la calle el 11 de julio de 2021 y que, después de cumplir su condena, terminó fuera de su país.
Cao abrió precisamente poniendo esa discusión sobre la mesa. Recordó las controversias surgidas tras la llegada de Otero Alcántara al exilio, pero insistió en algo que, a su juicio, no debía quedar sepultado: que nunca debió estar encarcelado y que tampoco debía ser colocado ante la disyuntiva de permanecer preso o abandonar Cuba.
“HOY TAMPOCO ME QUEDARÍA EN CASA”
Uno de los momentos más fuertes llegó cuando Cao regresó al 11J.
Otero relató que aquel día comenzaron a llegarle mensajes de protestas en distintos puntos de Cuba. Cuando comprendió la magnitud de lo que estaba ocurriendo decidió salir. Fue detenido antes de incorporarse plenamente a las manifestaciones y terminó en Guanajay, donde pasaría los siguientes cinco años.
Cao fue directo: después de lo vivido, ¿se habría quedado aquel día en casa?
La respuesta fue contundente:
“Estoy seguro que no.”
Y fue más lejos: aseguró que tampoco piensa quedarse ahora esperando pasivamente a que el régimen se derrumbe.
“No me voy a quedar en la casa a esperar que aquello se caiga solo.”
Para Otero, salir de Cuba no significa abandonar la lucha. Definió el exilio como una oportunidad de recuperar fuerzas y continuar trabajando por la libertad desde otro espacio. Según explicó, dentro de la Isla gran parte de su energía terminaba consumida simplemente intentando sobrevivir a la vigilancia, el acoso, la falta de internet y la presión de la Seguridad del Estado.
“LA ÚNICA OPCIÓN ES EL EXILIO O LA PRISIÓN”
Quizás la revelación política más dura de toda la conversación llegó cuando Cao le preguntó directamente si él había elegido marcharse.
Otero respondió:
“A mí me dijeron: la única opción que tiene es el exilio o la prisión.”
El artista aseguró que años atrás había rechazado esa misma posibilidad y escogido permanecer en Cuba, aun sabiendo que podía terminar encarcelado. Incluso explicó que participó en los acontecimientos del 11J consciente de que la prisión era una posibilidad real.
Pero después de cinco años, tomó otra decisión.
“El exilio va a ser sumamente doloroso, pero creo que hay que oxigenarme”, explicó.
Su testimonio coloca el foco sobre una vieja herramienta utilizada contra voces incómodas en Cuba: la salida del país como condición para recuperar la libertad.
No libertad plena. No regreso a casa.
Prisión o destierro.
GUANAJAY: DOS METROS POR DOS METROS Y LA SOLEDAD COMO CASTIGO
La entrevista cambia de tono cuando Otero comienza a describir Guanajay.
Cuenta que estuvo alrededor de dos meses en celdas de castigo. Describe espacios de aproximadamente dos metros por dos metros, con el sanitario dentro y prácticamente nada más.
Pero para él, lo peor no era solamente el tamaño de la celda.
Era la soledad.
En su relato, el colchón era entregado por la tarde y retirado por la mañana. El resto del día transcurría en aislamiento, sin conversar con nadie y con muy pocos estímulos.
Otero lo explicó con una imagen brutalmente sencilla: llega un momento en que ya no puedes inventarte más historias ni “contar más ovejas porque se te acabaron las ovejas que contar”.
Aseguró que la presión psicológica podía llegar a niveles extremos. Según su testimonio, los mecanismos de castigo buscaban quebrar al preso cuando este no cedía. Habló incluso del riesgo de terminar psicológicamente destruido.
Y afirmó que su condición dentro del penal llegó a ser tan controlada que, cuando lo sacaban al patio, en determinados momentos encerraban a los demás presos para dejarlo solo.
LOS PRESOS DEL 11J Y EL MIEDO A ACERCARSE A “LUISMA”
Otro detalle particularmente revelador aparece cuando habla de otros manifestantes del 11J encarcelados junto a él.
Según Otero, cuando algún preso comenzaba a acercarse para conversar, preguntar por su obra o conocer su historia, podía ser trasladado en menos de 24 horas.
El resultado, asegura, fue que otros reclusos terminaron intimidados y temerosos de establecer relación con él.
También explicó que dentro del sistema penitenciario continuaba utilizándose la categoría “CR”, de “contrarrevolucionario”, que él interpreta como un eufemismo para evitar reconocer formalmente la existencia de presos políticos.
“ESTABA LISTO PARA DAR LA VIDA POR CUBA”
Hay además un tramo profundamente personal.
Otero cuenta que durante el encarcelamiento llegó a colocar mentalmente tres escenarios delante de sí:
muerte, prisión o exilio.
Paradójicamente, afirmó que el exilio le parecía incluso particularmente doloroso. Pero comenzó a preguntarse qué podía hacer realmente por Cuba desde una celda y qué podría producir si recuperaba su capacidad creativa.
Según explicó, esa reflexión terminó pesando en la decisión de aceptar la salida y utilizarla para continuar su activismo:
“Vamos a aceptar relativamente el exilio… porque lo vamos a utilizar para seguir peleando por la libertad de Cuba.”
También confesó algo que resume la intensidad con la que describe su vínculo con la causa cubana:
“Estoy listo para dar la vida por Cuba de verdad.”
UNA DEFENSA DEL EXILIO QUE NO ABANDONA CUBA
Otero dedicó parte de la conversación a desmontar otra idea: que salir de Cuba equivale automáticamente a abandonar a quienes permanecen dentro.
Defendió a quienes desde fuera continúan dedicando tiempo, recursos o trabajo a la causa cubana, aun teniendo que reconstruir sus propias vidas.
Para él, la lucha desde el exilio también cuenta.
Y esa posición tiene una importancia especial porque sabe lo que ocurre cuando un referente abandona físicamente la Isla: quienes permanecen dentro pueden sentir que se han quedado solos.
Su apuesta, al menos según lo dicho ante Cao, es precisamente demostrar lo contrario: que el lugar geográfico cambió, pero el objetivo no.
ARTISTA ANTES QUE POLÍTICO
Cuando Cao le preguntó si se veía como líder político o artista, Otero eligió otra definición:
“Un ciudadano con responsabilidades cívicas.”
Se reconoció como artista visual y defendió la utilización del arte no solamente como una vía profesional, sino como herramienta para intervenir en una sociedad que considera fracturada.
Para él, convertirse en referente político fue consecuencia de colocar su obra y su cuerpo al servicio de determinadas demandas sociales.
La conversación también abordó la naturaleza del Movimiento San Isidro y ese tipo de oposición nacida desde el barrio, la música, la plástica, la poesía y sectores alejados de las estructuras opositoras tradicionales.
Otero afirmó que aquella diversidad era consciente: personas de derecha, izquierda, distintas religiones y procedencias podían tener conflictos entre sí, pero compartían un punto común:
“Todos estábamos enfocados en la libertad.”
MUCHO MÁS QUE UN RELOJ, UNA CERVEZA O UNA PISCINA
Cao no escondió la controversia que acompañó los primeros días de Otero Alcántara fuera de Cuba. Desde el inicio mencionó abiertamente “el reloj, la cerveza, el whisky, la piscina” y sostuvo que concentrar toda la conversación pública en esas imágenes terminaba desplazando precisamente los asuntos que el régimen preferiría sacar del centro del debate.
Y ahí está quizás una de las conclusiones más importantes de la entrevista.
Se puede cuestionar a Otero. Se puede discutir su estrategia, su comportamiento en el exilio, sus declaraciones o cualquier imagen publicada en redes.
Eso forma parte de una sociedad libre.
Pero reducir cinco años de cárcel a una fotografía tomada después de salir sería borrar el verdadero fondo de la historia.
En la entrevista quedan denuncias mucho más graves: aislamiento, vigilancia sobre otros reclusos, castigos, presión psicológica y, sobre todo, la afirmación de que al terminar su condena la alternativa que le presentaron fue irse de Cuba o continuar preso.
Luis Manuel Otero Alcántara está fuera de Guanajay.
Pero Cuba sigue llena de hombres y mujeres que no tienen piscina, whisky, reloj ni cámaras esperando afuera. Tienen una celda.
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