NIVALDO PÉREZ GUERRA: EL MISTERIOSO CORONEL QUE CUSTODIÓ LOS SECRETOS DE FIDEL CASTRO DURANTE DÉCADAS
Durante más de seis décadas, Nivaldo Pérez Guerra permaneció ligado a uno de los organismos más herméticos del poder cubano: la Dirección de Seguridad Personal. No fue un escolta circunstancial ni un hombre que apareció al final de la vida de Fidel Castro. El propio aparato oficial acaba de reconocerlo como uno de los fundadores de la institución, otorgándole nuevamente protagonismo público en septiembre de 2026.
Su nombre aparece, además, en testimonios relacionados con el entorno privado de Castro, investigaciones internas de Seguridad Personal y las residencias reservadas al gobernante. Sin embargo, Pérez Guerra pertenece a una categoría especialmente intrigante dentro de la historia del castrismo: hombres que estuvieron extraordinariamente cerca del poder, conocieron su funcionamiento cotidiano y, a diferencia de otros antiguos escoltas, nunca rompieron públicamente el silencio para contar lo que vieron.
UNO DE LOS FUNDADORES DE LA SEGURIDAD PERSONAL
La Dirección de Seguridad Personal fue creada en 1961 para garantizar la protección de Fidel Castro, Raúl Castro y otros integrantes de la máxima dirección cubana. Con el paso de los años se convirtió en mucho más que un simple cuerpo de guardaespaldas: desarrolló dispositivos de contrainteligencia, control de instalaciones, seguridad de desplazamientos, protección de residencias y procedimientos especiales alrededor de la cúpula gobernante.
El 6 de septiembre de 2026, durante las actividades por el 65 aniversario de esa estructura, el gobierno cubano distinguió a cinco de sus fundadores: Luis Rivera Rivera, Nelson Camejo Mas, Nivaldo Pérez Guerra, Reinaldo Figueroa Peraza y Orlando Arias Álvarez. La prensa oficial describió a esos veteranos como hombres que habían demostrado durante décadas “entrega, compromiso y fidelidad”.
No es un reconocimiento menor. Sesenta y cinco años después de la creación del organismo, Pérez Guerra seguía siendo públicamente presentado como parte de su núcleo histórico, con el grado de coronel.
MUCHO MÁS CERCA DE FIDEL QUE UN GUARDAESPALDAS COMÚN
Una de las referencias más reveladoras procede de Juan Reinaldo Sánchez, antiguo integrante de la escolta de Fidel Castro que posteriormente salió de Cuba y comenzó a narrar episodios de la vida privada del gobernante.
En una crónica publicada originalmente por Café Fuerte, Sánchez identifica a Nivaldo Pérez Guerra como teniente coronel y oficial de guardia de la escolta de Castro. Esa función lo situaba dentro del circuito encargado de recibir información inmediata, transmitir incidentes y activar procedimientos de Seguridad Personal cuando ocurría algo relacionado directamente con Fidel.
No significa que Pérez Guerra conociera cada decisión política o cada operación de los servicios cubanos. Sí significa algo mucho más concreto: estaba en una posición desde la cual podía observar aspectos extremadamente privados de la rutina del gobernante y del aparato que lo protegía.
EL EXTRAÑO ROBO EN CASA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Un episodio narrado por Juan Reinaldo Sánchez muestra hasta dónde llegaba esa proximidad.
Según su relato, después de una visita de Fidel Castro a la residencia de Gabriel García Márquez en El Laguito, alguien informó que había desaparecido el teléfono principal de la vivienda del escritor colombiano. Apenas unos minutos después de regresar Fidel a Punto Cero, fue Nivaldo Pérez Guerra quien transmitió a la escolta la noticia de la desaparición.
Fidel ordenó que la contrainteligencia de Seguridad Personal investigara el asunto y que los resultados fueran comunicados directamente a él. A la mañana siguiente, siempre según Sánchez, Pérez Guerra volvió a llamar: Roberto Meléndez, responsable de protocolo, se encontraba con él y había devuelto el teléfono.
El episodio terminó de una manera casi absurda. Meléndez habría explicado que tomó el aparato como represalia contra empleados de la residencia que se habían negado a continuar sirviéndole whisky después de verlo beber en exceso, y posteriormente abandonó su responsabilidad de protocolo.
Lo importante para reconstruir la figura de Nivaldo no es el teléfono. Es el mecanismo que revela la historia: ocurrió un incidente dentro del círculo privado de Castro, Nivaldo recibió la información, la investigación quedó en manos de Seguridad Personal y las novedades regresaban directamente al gobernante.
EL HOMBRE QUE RECIBÍA LAS LLAMADAS DEL PODER
Detrás de la imagen pública de los guardaespaldas caminando alrededor de un mandatario existía una estructura mucho más compleja. Los oficiales de guardia debían conocer itinerarios, movimientos, lugares seguros, cambios de última hora y problemas ocurridos en las instalaciones utilizadas por la persona protegida.
En el caso de Fidel Castro, esas medidas adquirieron dimensiones excepcionales por la enorme obsesión gubernamental con los posibles atentados contra su vida. La prensa oficial afirma que la Seguridad Personal llegó a frustrar más de 600 planes contra dirigentes revolucionarios, cifra que procede del propio aparato cubano y que no puede verificarse de manera independiente en todos sus casos.
Que Pérez Guerra haya formado parte de esa estructura desde sus orígenes convierte su trayectoria en una fuente histórica potencialmente extraordinaria. Sin embargo, a diferencia de otros hombres que abandonaron el círculo de Castro, no conocemos unas memorias públicas extensas suyas relatando qué sucedía detrás de las puertas cerradas.
LA SEGURIDAD PERSONAL TAMBIÉN PROTEGÍA UN MODO DE VIDA
Esa es precisamente una de las grandes controversias históricas alrededor del cuerpo al que perteneció Pérez Guerra.
Para la propaganda oficial, Seguridad Personal aparece esencialmente como una institución encargada de impedir atentados contra los dirigentes. Testimonios de antiguos miembros, sin embargo, han mostrado otra dimensión: un organismo que necesariamente conocía residencias, propiedades, desplazamientos privados y condiciones de vida que rara vez eran mostradas a la población.
Juan Reinaldo Sánchez, durante 17 años miembro de la escolta, posteriormente denunció que la vida privada de Fidel Castro era muy diferente de la imagen de austeridad proyectada públicamente. CiberCuba recordaba esas acusaciones precisamente al informar sobre la reorganización de los escoltas después de la muerte de Castro.
Esto no demuestra que Nivaldo Pérez Guerra estuviera involucrado personalmente en irregularidades económicas ni permite atribuirle responsabilidad por esas denuncias. Pero inevitablemente plantea otra pregunta: ¿qué sabía un oficial de semejante antigüedad sobre ese universo reservado?
2016: MUERE FIDEL, PERO NIVALDO PERMANECE
La muerte de Fidel Castro el 25 de noviembre de 2016 dejó a buena parte de su aparato personal de seguridad sin la misión que había justificado décadas de trabajo.
A comienzos de 2017 comenzó entonces una profunda reorganización. Juan Juan Almeida informó para Martí Noticias que más de 50 escoltas habían sido jubilados mientras se desmontaba la seguridad de una de las antiguas residencias oficiales de Castro en El Vedado. Sin embargo, una pequeña guarnición de cinco hombres permaneció temporalmente en el lugar y al frente aparecía nuevamente un nombre: el coronel Nivaldo Pérez Guerra.
La vivienda estaba ubicada en el tercer piso del inmueble de Calle 11 número 1007, entre 10 y 12. Según aquella información, aunque Fidel llevaba décadas sin utilizarla regularmente, continuó figurando como su domicilio legal desde 1976 hasta su muerte.
Mientras se retiraban reflectores, puestos de vigilancia, pertenencias y otros elementos de seguridad, Nivaldo seguía allí.
¿POR QUÉ ÉL?
No existe documentación pública suficiente para afirmar por qué Pérez Guerra permaneció encargado de aquella guarnición mientras decenas de escoltas eran enviados al retiro. Podría explicarse simplemente por su rango, experiencia, funciones administrativas o responsabilidad dentro de Seguridad Personal.
Pero el hecho resulta relevante precisamente por la selección realizada en ese momento. CiberCuba informó que casi un centenar de integrantes estaban siendo retirados o reubicados, mientras Nivaldo y un pequeño grupo conservaron funciones después de la desaparición de Castro.
No debemos convertir esa circunstancia en una conspiración sin pruebas. Periodísticamente, sin embargo, sí permite formular una pregunta razonable: ¿por qué uno de los fundadores históricos del organismo quedó asociado al cierre de una de las instalaciones más privadas del antiguo gobernante?
LAS CASAS DE FIDEL Y EL MURO ENTRE EL PODER Y EL PUEBLO
La información de 2017 tiene otro elemento interesante. La residencia de Calle 11 estaba protegida mediante una cadena, reflectores y una posta que restringía el tránsito alrededor del inmueble, elementos que comenzaron a desaparecer después de la muerte de Castro.
Durante décadas, el ciudadano cubano escuchó una narrativa oficial que insistía en la austeridad personal de Fidel. Buena parte de las propiedades, instalaciones y dispositivos utilizados por el gobernante quedaron fuera del escrutinio público.
Precisamente los hombres de Seguridad Personal eran quienes podían entrar en ese mundo. Conocían las entradas, los movimientos, los protocolos y las propiedades protegidas porque garantizar la seguridad de Castro exigía conocerlos.
Nivaldo permaneció dentro de ese sistema durante prácticamente toda su existencia.
EL CONTRASTE CON LOS ESCOLTAS QUE DECIDIERON HABLAR
La figura de Pérez Guerra se vuelve todavía más interesante cuando se compara con quienes terminaron rompiendo con el aparato.
Juan Reinaldo Sánchez relató episodios privados de Castro y cuestionó públicamente la imagen de austeridad construida por el gobierno. Otros antiguos integrantes de las estructuras cubanas de seguridad e inteligencia, como Juan Antonio Rodríguez Menier, también abandonaron el sistema y ofrecieron testimonios profundamente críticos.
Nivaldo siguió otro camino. No existe evidencia pública localizada por CubaBajoLupa de que haya desertado, denunciado al gobierno o publicado unas memorias revelando secretos de su etapa junto a Fidel. Por el contrario, en septiembre de 2026 estaba siendo homenajeado oficialmente por décadas de “fidelidad” al organismo.
El silencio, en su caso, no es prueba de ningún delito ni de una conspiración. Pero constituye un elemento histórico fascinante porque pocas personas habrían tenido una perspectiva comparable sobre la intimidad del poder cubano.
65 AÑOS DESPUÉS, EL RÉGIMEN VUELVE A SACARLO A ESCENA
El homenaje de 2026 resulta especialmente significativo porque Nivaldo prácticamente había desaparecido de las informaciones públicas.
La ceremonia reunió a Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, altos mandos del MININT y las FAR, trabajadores y veteranos de Seguridad Personal. Los cinco fundadores supervivientes fueron reconocidos como símbolos de la continuidad de una institución que el gobierno considera fundamental para la protección de su cúpula.
Otra publicación vinculada a las conmemoraciones señala que Pérez Guerra continúa vivo y lo menciona junto a otros veteranos históricos del organismo.
Para una figura que durante décadas trabajó precisamente evitando la exposición pública, su aparición resulta una oportunidad excepcional para volver sobre su historia.
EL CORONEL QUE SABE Y NO CUENTA
Aquí está el verdadero misterio de Nivaldo Pérez Guerra.
No existen, al menos entre las fuentes públicas que hemos podido verificar, grandes entrevistas donde reconstruya sus décadas al lado de Fidel Castro. Tampoco aparece explicando cómo funcionaban Punto Cero, las residencias privadas, las decisiones cotidianas de Seguridad Personal o los episodios que seguramente atravesaron una carrera iniciada desde los primeros años de la Revolución.
Y resulta difícil imaginar que un fundador de Seguridad Personal, oficial de guardia de Fidel y posteriormente coronel responsable de personal asociado a una de sus residencias desconociera completamente ese universo.
Hay una diferencia enorme entre saber secretos y ser responsable de aquello que se sabe. CubaBajoLupa no atribuye a Pérez Guerra delitos o escándalos que no estén documentados. Lo que señalamos es una realidad histórica: su posición lo situó excepcionalmente cerca de un poder caracterizado por el secretismo.
¿QUÉ PODRÍA CONTAR NIVALDO PÉREZ GUERRA?
Podría explicar cómo evolucionó la seguridad de Fidel desde los primeros años de la Revolución hasta el siglo XXI. Podría describir la estructura interna de Seguridad Personal, las residencias protegidas, los protocolos de viaje y la relación entre los oficiales de protección y otros órganos del Ministerio del Interior.
También podría aportar información sobre una cuestión mucho más humana: cómo era realmente el gobernante cuando desaparecían las cámaras, terminaban los discursos y solamente permanecían quienes tenían autorización para cruzar los perímetros de seguridad.
Eso no implica que necesariamente conozca respuesta a cada polémica atribuida a Fidel Castro. Significa simplemente que pocos hombres tuvieron una posición mejor para observar la diferencia entre el personaje público y el privado.
CONFIRMADO
Está confirmado por publicaciones oficiales de septiembre de 2026 que Nivaldo Pérez Guerra posee el grado de coronel y es reconocido como uno de los cinco fundadores supervivientes de la Dirección de Seguridad Personal. El gobierno cubano lo homenajeó por décadas de servicio, compromiso y fidelidad.
También está documentado mediante el testimonio publicado de Juan Reinaldo Sánchez que Pérez Guerra ejerció como oficial de guardia de la escolta de Fidel Castro y aparece específicamente relacionado con la comunicación e investigación del episodio ocurrido en la residencia de Gabriel García Márquez.
Finalmente, está documentado que en 2017 fue identificado como coronel responsable de una pequeña guarnición que permaneció en una antigua residencia oficial de Castro mientras decenas de escoltas eran retirados.
LO QUE NO ESTÁ CONFIRMADO
No hemos encontrado evidencia fiable que permita acusar personalmente a Nivaldo Pérez Guerra de narcotráfico, corrupción, ejecuciones, enriquecimiento ilícito u otros delitos. Tampoco existe documentación pública suficiente para afirmar que participara directamente en las polémicas económicas o políticas denunciadas por antiguos escoltas de Fidel.
Tampoco podemos asegurar qué secretos concretos conoció, porque precisamente esa información permanece fuera de los archivos públicos. Utilizar su proximidad al gobernante para inventarle responsabilidades sería convertir una investigación histórica en especulación.
El misterio es otro: cuánto llegó a conocer y por qué, después de más de seis décadas alrededor de una de las estructuras más cerradas de Cuba, prácticamente nada de su versión personal ha trascendido públicamente.
UN TESTIGO VIVO DE LA CUBA MÁS SECRETA
Nivaldo Pérez Guerra pertenece a una generación que se extingue. Los dirigentes envejecen, desaparecen los escoltas, mueren los protagonistas y determinados archivos continúan cerrados. Con cada una de esas pérdidas desaparece también una parte de la posibilidad de reconstruir cómo funcionó realmente el poder cubano durante más de medio siglo.
Pero Nivaldo sigue ahí. En 2026 volvió a aparecer recibiendo un reconocimiento del mismo sistema al que dedicó prácticamente toda su vida. El gobierno lo presenta como ejemplo de fidelidad; la historia, sin embargo, podría recordarlo también como uno de los pocos hombres todavía vivos capaces de explicar desde dentro cómo era custodiar al gobernante más poderoso —y más protegido— de la Cuba revolucionaria.
Después de tantos años, quizás la pregunta más importante no sea qué hizo Nivaldo Pérez Guerra. La pregunta es qué vio.
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