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Cuba Bajo Lupa

NILSA ESPÍN Y RAFAEL RIVERO: EL MATRIMONIO REVOLUCIONARIO QUE MURIÓ EN 1965 BAJO UN MISTERIOSO PACTO SUICIDA NUNCA ACLARADO

En algún momento de 1965 murieron, con muy poca diferencia de tiempo, Nilsa Espín Guillois y su esposo Rafael Rivero, dos antiguos militantes revolucionarios vinculados desde los años 50 a los movimientos antibatistianos de Santiago de Cuba. Más de seis décadas después, ni siquiera puede establecerse con certeza pública si murieron el mismo día, con horas de diferencia o en jornadas consecutivas, porque las versiones disponibles se contradicen y no hemos localizado una explicación oficial contemporánea suficientemente detallada sobre ambas muertes.

Nilsa no era una figura cualquiera dentro de aquel ambiente. Era hermana de Vilma Espín Guillois, quien después del triunfo revolucionario se casó con Raúl Castro y presidió durante décadas la Federación de Mujeres Cubanas, mientras Rafael Rivero había alcanzado el grado de capitán del Ejército Rebelde, trabajó en el Instituto Nacional de Reforma Agraria en Pinar del Río y aparece identificado además como el primer director de la revista militar Verde Olivo.

DOS REVOLUCIONARIOS QUE COMENZARON ANTES DEL MONCADA

La historia de Nilsa y Rivero no comenzó después de 1959. Testimonios recogidos décadas más tarde sostienen que ambos formaban parte desde 1952 de grupos juveniles radicales en Santiago de Cuba y la Universidad de Oriente, antes incluso del asalto al cuartel Moncada encabezado por Fidel Castro en julio de 1953.

Carlos Franqui recordó que Vilma Espín le había contado en 1960 que Nilsa y Rivero participaron en un pequeño grupo que buscaba armas y explosivos mediante incursiones contra instalaciones policiales. El historiador Jorge Ibarra Cuesta fue citado posteriormente identificándolos también dentro de los sectores revolucionarios universitarios de Santiago y describiendo a aquel grupo como especialmente radical.

A Nilsa se le atribuye incluso el sobrenombre clandestino de “Madame Curie”, mientras algunas reconstrucciones la presentan como una joven de personalidad independiente y combativa. Esos recuerdos proceden fundamentalmente de contemporáneos y publicaciones posteriores, por lo que conviene distinguirlos de documentación primaria completa que permita reconstruir toda su actividad clandestina.

RAFAEL RIVERO Y VERDE OLIVO

Después del triunfo revolucionario, Rafael Rivero no desapareció de las nuevas estructuras estatales. Fuentes dedicadas a la historia de Verde Olivo lo identifican como primer director de la publicación de las Fuerzas Armadas, nacida originalmente dentro de la Sección de Cultura del Ejército Rebelde.

También aparece descrito como capitán del Ejército Rebelde y funcionario del INRA en Pinar del Río. Precisamente esa provincia aparece repetidamente en las versiones sobre su muerte, que lo sitúan en un campamento o instalación militar cuando ocurrió el supuesto suicidio.

1965: DOS MUERTES Y CASI NINGUNA EXPLICACIÓN PÚBLICA

El periodista Pablo Alfonso realizó en 2006 una de las investigaciones más extensas sobre el caso para El Nuevo Herald. Su reportaje encontró versiones coincidentes en un punto esencial: Rivero habría muerto primero en Pinar del Río y Nilsa falleció poco después en La Habana, aunque los detalles sobre ambas muertes variaban considerablemente según el testigo.

Algunas narraciones afirmaban que Rivero se había suicidado ese mismo día y que Nilsa hizo lo propio después de recibir la noticia. Dariel Alarcón Ramírez, “Benigno”, antiguo combatiente cubano que años después abandonó el país, ofreció otra cronología: aseguró haber sabido que Rivero había muerto el día anterior en Pinar del Río.

Esta contradicción es importante porque impide afirmar rigurosamente que “los dos se suicidaron el mismo día”. La formulación más segura es que ambos murieron en 1965 con muy poca separación temporal, mientras el orden exacto y las horas o fechas precisas permanecen sin documentación pública suficiente.

EL SUPUESTO “PACTO SUICIDA”

Carlos Franqui dijo a El Nuevo Herald que en los círculos revolucionarios circuló la versión de que Nilsa y Rivero habían realizado años antes una especie de pacto: si uno de los dos caía en determinadas circunstancias, el otro se quitaría la vida. Franqui no presentó un documento firmado ni afirmó haber presenciado tal acuerdo, de modo que debe considerarse una versión transmitida entre contemporáneos, no un hecho demostrado.

Según la reconstrucción atribuida a Franqui, Rivero murió primero en un campamento militar de Pinar del Río. Nilsa habría sido informada posteriormente de la muerte de su marido y habría terminado quitándose la vida poco después.

¿MURIÓ NILSA EN EL DESPACHO DE RAÚL CASTRO?

La parte más controvertida comienza con el lugar de la muerte de Nilsa. Varias versiones sostienen que ocurrió en un despacho perteneciente a Raúl Castro, aunque unas hablan de su oficina oficial y otras de un área privada dentro de la residencia donde vivía la familia.

Algunas versiones aseguran que Nilsa se disparó en la cabeza utilizando una pistola Browning. Otras hablan de una pistola automática soviética Stechkin e incluso de una subametralladora, diferencias demasiado grandes para tratar cualquiera de esas descripciones como definitivamente establecida.

EL TESTIMONIO DE “BENIGNO”

Dariel Alarcón declaró a El Nuevo Herald que en aquel momento era segundo al mando del dispositivo de escolta y seguridad de Raúl Castro y que se encontraba de guardia cuando ocurrió el episodio. No dijo haber visto directamente la muerte de Nilsa, sino que explicó que recibió la versión de un escolta al que recordó con el nombre de Idalberto.

Según ese relato de segunda mano, Nilsa llegó alterada, entró en una oficina y se produjo una discusión antes de escucharse disparos. Alarcón afirmó que posteriormente la explicación reservada fue que Nilsa se había suicidado, pero reconoció que no podía establecer quién había efectuado el disparo fatal.

Ese último detalle es fundamental. El testimonio de Alarcón sirve para demostrar que existió una versión interna de suicidio y que la muerte fue considerada un asunto delicado, pero no constituye una prueba presencial de cómo murió Nilsa.

HAY OTRAS VERSIONES

La investigación de Pablo Alfonso generó posteriormente testimonios adicionales que complicaron todavía más la historia. Una persona aseguró haber asistido al velorio de Nilsa en la entonces Funeraria Caballero y recordar que se comentaba que se había suicidado, aunque dudaba incluso del año exacto y lo situaba alrededor de 1964

Otro testimonio aseguró haber volado varias veces en helicóptero hasta Cayo Largo del Sur junto a Nilsa y Rivero cuando supuestamente trabajaban en instalaciones iniciales de aquel lugar. Incluso llegaron a circular versiones según las cuales la pareja había muerto en un accidente aéreo, ejemplo de hasta qué punto la ausencia de información verificable favoreció explicaciones contradictorias.

¿HABÍAN CAÍDO EN DESGRACIA POLÍTICA?

Franqui sostuvo que Nilsa y Rivero tenían un “espíritu muy independiente” y que en aquel momento habían caído en desgracia por posiciones próximas al maoísmo. Otras fuentes posteriores los han descrito como trotskistas o pertenecientes a una izquierda radical distinta de la línea política que terminó consolidándose en Cuba, pero esas caracterizaciones tampoco son uniformes.

El contexto de 1965 hace que la hipótesis resulte históricamente interesante. Ese año coincidió con un deterioro creciente entre Cuba y China, la consolidación del nuevo Partido Comunista cubano y una reorganización considerable del sistema político de la isla, pero la coincidencia cronológica no demuestra que un conflicto político provocara las muertes de Nilsa y Rivero.

No hemos encontrado cartas de despedida, expedientes disciplinarios, resoluciones partidistas, documentos de investigación o archivos médicos que permitan vincular directamente sus muertes con una purga ideológica. Por eso, presentar el maoísmo, trotskismo o una disputa con dirigentes cubanos como causa demostrada iría más allá de lo que sostienen actualmente las pruebas públicas.

UN SILENCIO QUE ALIMENTÓ EL MISTERIO

Una de las características más extrañas del caso es la escasa presencia posterior de ambos protagonistas en la historiografía pública cubana, pese a que sus antecedentes revolucionarios no eran menores. Una publicación oficial de Holguín dedicada a la familia Espín menciona a Nilsa como participante destacada de la lucha clandestina, pero ofrece muy pocos detalles sobre su trayectoria posterior.

El reportaje de El Nuevo Herald señalaba ya en 2006 que las muertes prácticamente no habían sido explicadas públicamente durante décadas. Esa ausencia no prueba por sí sola un encubrimiento criminal, pero sí explica por qué el caso quedó dominado por memorias personales, rumores y testimonios que muchas veces se contradicen entre sí.

LO QUE PODEMOS DECIR MÁS DE SEIS DÉCADAS DESPUÉS

Nilsa Espín y Rafael Rivero fueron dos revolucionarios activos desde antes del triunfo de 1959, estuvieron casados y ocuparon posiciones dentro de las nuevas estructuras surgidas después de la victoria revolucionaria. Rivero fue capitán, funcionario del INRA y primer director de Verde Olivo, mientras Nilsa pertenecía a una familia central en la historia política posterior de Cuba.

Ambos murieron en circunstancias extraordinariamente próximas en 1965 y la explicación predominante transmitida por antiguos compañeros fue el suicidio. Pero no sabemos con certeza pública si murieron el mismo día, qué provocó la muerte de Rivero, qué ocurrió exactamente dentro del lugar donde falleció Nilsa ni si existió realmente el supuesto pacto suicida.

Ese es el verdadero misterio. No hace falta convertir rumores en hechos para que la historia resulte inquietante: dos militantes de los primeros años revolucionarios desaparecieron casi simultáneamente y, más de sesenta años después, seguimos dependiendo principalmente de testimonios posteriores para intentar reconstruir sus últimas horas.

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