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Cuba Bajo Lupa

NICOLÁS MÉNDEZ, «EL CHINO»: EL CURANDERO DE SANTA CLARA QUE ATRIBUÍA SUS SANACIONES A SAN LÁZARO Y ELEGGUÁ

Durante años, una vivienda del barrio La Vigía, en Santa Clara, se convirtió en punto de encuentro para cubanos que buscaban alivio a enfermedades y molestias que, según sus testimonios, no habían conseguido resolver mediante tratamientos convencionales. Allí recibía a sus visitantes Nicolás Méndez, conocido popularmente como «El Chino», un hombre que aseguraba poseer un don espiritual para sanar diferentes padecimientos.

Su historia quedó documentada en un reportaje publicado por OnCuba el 16 de octubre de 2015, que recogió declaraciones del propio curandero, experiencias de visitantes y opiniones de especialistas. Lo que emerge de esos testimonios es un caso revelador sobre la persistencia del curanderismo en Cuba, la influencia de las creencias religiosas y los límites entre una recuperación atribuida a la fe y una curación médicamente demostrada.

DE FUMIGAR MOSQUITOS A CONVERTIRSE EN CURANDERO

Antes de adquirir notoriedad como sanador popular, Nicolás Méndez había trabajado en la campaña antivectorial cubana, realizando labores de fumigación en viviendas. Nada en aquella ocupación anticipaba el papel que posteriormente asumiría dentro de su comunidad, según explicó él mismo al periodista Yariel Valdés González.

Méndez situó el origen de su supuesta capacidad curativa en un episodio protagonizado por una niña que llegó enferma a su vivienda. Contó que se acercó a ella convencido de que podía ayudarla y que, después de aquella experiencia, comenzó a difundirse entre los vecinos la noticia de que tenía un don especial.

El relato constituye su explicación personal sobre el nacimiento de esa habilidad, pero no permite establecer qué padecía la menor ni cuál fue la causa médica de su recuperación. No se conocen documentos clínicos de aquel episodio que permitan contrastar la interpretación ofrecida por el curandero.

Con el tiempo, su nombre comenzó a circular entre personas que buscaban soluciones para diferentes afecciones. Su vivienda terminó funcionando como un espacio informal de consultas donde se mezclaban prácticas tradicionales, símbolos religiosos y expectativas de sanación.

HASTA 50 PERSONAS ESPERABAN PARA SER ATENDIDAS LOS VIERNES

Uno de los aspectos más llamativos de la historia de El Chino era la cantidad de personas que acudían a verlo. Según la investigación publicada por OnCuba, sus sesiones comenzaban los viernes alrededor de la una de la tarde, aunque algunos visitantes llegaban desde las primeras horas de la mañana para asegurar un turno.

El reportaje describió jornadas en las que podían reunirse hasta 50 personas frente a su vivienda. Una de las entrevistadas, Sonia Naranjo Quintana, explicó que había llegado aproximadamente a las 6:45 de la mañana y, pese a la anticipación, ya ocupaba el número 18 en la fila.

La mujer buscaba alivio para las molestias provocadas por un espolón calcáneo y había decidido acudir después de recibir recomendaciones personales. Su testimonio refleja el peso que puede adquirir la experiencia transmitida entre familiares, compañeros de trabajo y vecinos cuando alguien convive con dolor persistente.

Otro caso recogido fue el de Idalia Hernández, una mujer de 78 años que también padecía dolores asociados a espolones. Después de acudir durante tres viernes, afirmó experimentar una mejoría considerable, aunque reconoció que no sabía si el alivio provenía de las sesiones o de la evolución natural de su padecimiento.

Esa incertidumbre resulta fundamental: una mejoría relatada por un paciente merece ser escuchada, pero no basta para demostrar que un procedimiento determinado produjo el resultado.

SAN LÁZARO Y ELEGGUÁ: LOS SANTOS A LOS QUE ATRIBUÍA SU DON

El espacio donde Nicolás Méndez atendía a sus visitantes tenía una marcada presencia religiosa. En la sala de su vivienda se encontraban representaciones de San Lázaro y Elegguá, acompañadas de velas, ofrendas y otros elementos vinculados con las prácticas espirituales cubanas.

Méndez atribuía a estas entidades la orientación que recibía para atender a cada persona. Según explicó en la entrevista, su función consistía en concentrarse, escuchar las indicaciones que consideraba recibir espiritualmente y utilizar sus manos durante el procedimiento.

La presencia conjunta de San Lázaro y Elegguá remite al amplio universo de tradiciones religiosas cubanas en el que conviven referencias católicas, creencias de origen africano y expresiones particulares de religiosidad popular. Sin embargo, no debe suponerse que todas las prácticas del curandero representaban procedimientos oficiales o universalmente aceptados dentro de esas religiones.

Para sus seguidores, el componente espiritual podía constituir una parte esencial de la experiencia. Desde una perspectiva científica, en cambio, las atribuciones sobrenaturales deben distinguirse de los resultados médicos que pueden comprobarse mediante observaciones y estudios independientes.

¿QUÉ ENFERMEDADES ASEGURABA PODER TRATAR?

El abanico de afecciones por las que las personas acudían a la vivienda de El Chino era amplio. El reportaje mencionaba dolores de espalda y cabeza, problemas renales, empachos, espolones, lesiones cutáneas, parásitos y la llamada culebrilla, nombre popular del herpes zóster.

También aparecían padecimientos definidos dentro de la medicina tradicional, como el mal de ojo, así como otros problemas descritos mediante expresiones populares. La diversidad de consultas es relevante porque agrupa condiciones con causas, gravedad y tratamientos completamente diferentes.

No es lo mismo una molestia digestiva transitoria que una infección viral o una enfermedad renal. Mientras algunos síntomas desaparecen espontáneamente, otros requieren pruebas diagnósticas, medicamentos específicos o seguimiento médico para evitar complicaciones.

La información disponible no contiene historiales clínicos suficientes para comprobar que Méndez hubiera logrado curar estas enfermedades. Lo documentado es que recibía a personas que las padecían y realizaba procedimientos a los que atribuía una dimensión espiritual.

¿COBRABA NICOLÁS MÉNDEZ POR SUS CONSULTAS?

En sus declaraciones de 2015, El Chino negó establecer un precio por la atención que ofrecía. Sostuvo que no exigía dinero, aunque aceptaba regalos voluntarios entregados por las personas que acudían a su vivienda.

También explicó que parte del dinero depositado como ofrenda pertenecía, según sus creencias, a los santos representados en su espacio religioso. Distinguía esas contribuciones de los obsequios que los visitantes decidieran entregarle personalmente.

Es importante señalar que estas explicaciones proceden del propio Méndez. El reportaje no aporta registros contables o documentación independiente que permita verificar el volumen de donaciones, pero tampoco presenta pruebas de cobros obligatorios o enriquecimiento indebido.

Por tanto, sería incorrecto describirlo como alguien que exigía pagos por sus supuestas curaciones. La información disponible únicamente permite afirmar que reconocía recibir regalos voluntarios mientras negaba cobrar tarifas por las consultas.

LA CULEBRILLA Y LOS LÍMITES DE LAS SUPUESTAS CURACIONES

Uno de los elementos más importantes del reportaje original fue la intervención de Amelia Betancourt Pérez, especialista de primer grado en Dermatología. La médica abordó las creencias relacionadas con la curación de la culebrilla y explicó que el herpes zóster es una enfermedad viral cuyas lesiones pueden desaparecer como parte de su evolución natural.

Esta explicación ayuda a comprender por qué determinadas prácticas populares adquieren reputación de eficacia. Cuando una persona mejora después de acudir a un curandero, puede atribuirle la recuperación aunque la enfermedad ya estuviera evolucionando hacia la resolución de sus síntomas.

La mejoría espontánea no significa que todas las afecciones sean inofensivas. El herpes zóster puede producir dolor intenso, complicaciones neurológicas u oculares y molestias persistentes, por lo que requiere valoración médica y, en determinados casos, tratamiento antiviral oportuno.

Betancourt Pérez también cuestionó que profesionales sanitarios recomendaran procedimientos sin respaldo científico. Sus observaciones ponen de relieve una distinción esencial: respetar la dimensión cultural de una práctica no implica reconocerle una eficacia médica que no haya sido demostrada.

EL EMPACHO Y LA MEDICINA POPULAR: UNA TRADICIÓN QUE SOBREVIVE

La presencia del empacho entre los padecimientos atendidos por El Chino conecta su historia con una tradición extendida por América Latina. Una revisión de 109 fuentes documentales, publicada en 2016 en la Revista Chilena de Pediatría, analizó las creencias y procedimientos utilizados históricamente para tratar este supuesto trastorno digestivo.

La investigación muestra que el empacho ha sido interpretado tradicionalmente como una alteración relacionada con alimentos difíciles de digerir y que sus tratamientos populares pueden combinar infusiones, masajes y rituales. Sin embargo, el término no representa por sí mismo un diagnóstico clínico preciso.

En otra investigación, publicada en 1993 en el Boletín Médico del Hospital Infantil de México, especialistas estudiaron las prácticas familiares relacionadas con el empacho y detectaron procedimientos potencialmente peligrosos. Algunas preparaciones podían ocasionar intoxicaciones o complicaciones respiratorias.

Estos resultados no demuestran que Nicolás Méndez utilizara remedios peligrosos ni permiten atribuirle daños a pacientes. Su relevancia consiste en recordar que las prácticas tradicionales deben evaluarse individualmente y que ninguna supuesta curación debe justificar el abandono de tratamientos médicos necesarios.

¿POR QUÉ ALGUNOS CUBANOS ACUDÍAN A ÉL POR RECOMENDACIÓN DE UN MÉDICO?

Entre los testimonios publicados figura el de Aymé Ruiz del Pino, quien aseguró haber acudido a tratarse una culebrilla por recomendación de su médico de familia. La afirmación resulta llamativa porque muestra cómo las prácticas populares pueden llegar a coexistir con la atención sanitaria institucional.

Sin embargo, el testimonio de una paciente no permite establecer que existiera una política médica favorable al curanderismo. Tampoco demuestra que otros profesionales compartieran aquella recomendación o que existiera evidencia clínica que justificara el procedimiento.

El sociólogo Alejandro Satorre Morales, profesor de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, explicó en aquel reportaje que estas prácticas tienen un marcado componente cultural. Su análisis relacionaba el curanderismo con la combinación de tradiciones religiosas, creencias de ascendencia africana y costumbres populares transmitidas entre generaciones.

Este contexto ayuda a entender la permanencia de figuras como El Chino. La confianza en un curandero puede surgir de experiencias personales, recomendaciones comunitarias, convicciones religiosas o de la búsqueda de alivio cuando los tratamientos anteriores no han producido los resultados esperados.

¿QUÉ SE SABE DE NICOLÁS MÉNDEZ EN 2026?

La investigación histórica sobre El Chino permite reconstruir aspectos de su trayectoria, pero deja una incógnita importante: su situación actual. El reportaje de OnCuba corresponde a octubre de 2015, mientras que una publicación posterior de TodoCuba retomó su historia en octubre de 2018.

Hasta la fecha de esta revisión, no se ha localizado documentación reciente y verificable que permita confirmar si Nicolás Méndez sigue vivo, si permanece en Santa Clara o si continúa realizando sesiones de curanderismo. Tampoco existen datos públicos suficientes para establecer cuántas personas atendió a lo largo de los años.

La ausencia de información actualizada impide presentar sus antiguas jornadas de consultas como una actividad vigente. Cualquier afirmación sobre su paradero, estado de salud o trabajo actual necesitaría nuevas fuentes o testimonios directos contrastados.

ENTRE LA FE, LA TRADICIÓN Y LAS PRUEBAS QUE FALTAN

La historia de Nicolás Méndez es más que el retrato de un curandero de barrio. Representa una expresión de la religiosidad popular cubana y permite observar cómo las experiencias individuales pueden construir la reputación de una persona a la que sus visitantes atribuyen capacidades especiales.

Pero la investigación también revela los límites de lo que puede afirmarse. Existen testimonios sobre consultas, prácticas y mejorías percibidas, mientras faltan evaluaciones clínicas independientes que permitan demostrar la eficacia de las supuestas curaciones.

Para CubaBajoLupa, la cuestión no consiste en ridiculizar la fe de quienes acudieron a su vivienda ni en desacreditar automáticamente sus experiencias. Consiste en examinar qué está documentado, qué pertenece al terreno de las creencias y qué necesitaría pruebas antes de considerarse una verdad médica.

Nicolás Méndez, «El Chino», quedó retratado como uno de esos personajes de la Cuba popular cuya notoriedad nació de las recomendaciones personales y de una profunda convicción espiritual. Su historia permanece documentada; sus supuestos poderes curativos, en cambio, siguen sin demostración científica independiente.

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