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Cuba Bajo Lupa

NI EL GORDO DEL PUERCO SE SALVA: LA MANTECA SE DISPARA EN UNA CUBA SIN ACEITE

En Cuba ya casi nada sorprende, pero todavía hay noticias que parecen escritas por el absurdo. Esta vez no se trata de un corte fino, ni de un alimento importado, ni de un producto de lujo. Se trata de la manteca de cerdo, el viejo “gordo” del puerco, ese que durante años fue lo más barato, lo que muchos miraban por encima del hombro y que ahora se está vendiendo incluso más caro que la propia carne.

En la plaza de mercado más popular de Sancti Spíritus ocurrió, según describió el periodista ciudadano y colaborador del ICLEP Adriano Castañeda, “algo que nunca se había visto”: la manteca de cerdo superó en precio a la carne de cerdo.

“El gordo del puerco había superado a la carne de cerdo como tal, como producto líder”, relató Castañeda desde el lugar.

Según su testimonio, la libra de manteca de cerdo se vende actualmente entre 1,400 y 1,500 pesos cubanos, mientras que la carne de cerdo en bandas se ofrece en esa misma plaza a 1,000 pesos la libra.

Dicho en buen cubano: ya no solo está cara la carne. Ahora hasta la grasa se cotiza como si viniera con certificado de oro.

El aceite por las nubes empuja a la manteca

El salto de la manteca no sale de la nada. Castañeda atribuyó este aumento a la escalada brutal del precio del aceite, que según su reporte ronda entre 4,000 y 5,000 pesos el litro en distintos puntos de Sancti Spíritus. Una cifra que calificó como “histórica” y “récord” para un producto esencial en la cocina de cualquier familia cubana.

Y ahí está la clave: muchos cubanos no están comprando manteca porque quieran regresar a la cocina tradicional de la abuela ni porque ahora esté de moda freír con grasa de puerco. La compran porque el aceite se volvió prácticamente inalcanzable.

La manteca, que antes era una alternativa barata, también se disparó. El resultado es una cadena de desesperación doméstica: si sube el aceite, sube la manteca; si sube la manteca, sube la comida; si sube la comida, el salario desaparece antes de tocar la mesa.

En un país normal, la grasa del cerdo es un subproducto. En la Cuba de hoy, se convirtió en termómetro del colapso.

La Habana confirma el mismo disparate

La situación no parece limitarse a Sancti Spíritus. Colaboradores de CubaBajoLupa comprobaron hoy en varios puntos de venta de carne en La Habana que los distintos cortes de cerdo se manejaban entre 1,300 y 1,400 pesos la libra, mientras que la manteca alcanzaba los 1,500 pesos la libra.

Ese dato confirma que el fenómeno no es un simple chisme de mercado ni una rareza de una provincia. La manteca está alcanzando precios que hace apenas unos años habrían parecido una burla.

Pero hay otro detalle todavía más revelador: en muchos puntos de venta ahora se está ofreciendo la carne “desgrasada”. Es decir, le retiran la grasa, la venden completamente limpia y luego comercializan aparte esa misma grasa convertida en un producto de alto valor.

Esto cambia una costumbre de años. En Cuba, la gente muchas veces protestaba porque la carne traía demasiada grasa, piel o hueso. Hoy ocurre lo contrario: muchos miran con molestia que le quiten toda la grasa, porque esa grasa ya no es desperdicio. Es manteca. Es comida. Es aceite sustituto. Es dinero.

La crisis logró lo impensable: convertir lo que antes sobraba en mercancía codiciada.

Carne limpia para vender más, grasa aparte para cobrar doble

La venta de carne desgrasada abre una pregunta incómoda. Si la grasa antes venía pegada al corte, y ahora se retira para venderse aparte a precio elevado, el consumidor termina pagando dos veces por el mismo puerco.

Compra la carne, pero ya sin el gordo. Y si quiere freír, cocinar o guardar manteca, tiene que pagar la grasa aparte. A precio de lujo.

Es una economía de la escasez llevada al extremo: nada se desperdicia, pero tampoco nada se regala. Todo se separa, todo se pesa, todo se cobra, todo se exprime. Hasta el último pedazo de grasa termina convertido en negocio.

La carne de puerco, que durante años fue protagonista de la mesa cubana en celebraciones, fines de año, cumpleaños y comidas familiares, se ha vuelto cada vez más inaccesible. Y ahora también se encarece lo que antes quedaba como alternativa.

Ya no estamos hablando solo de inflación. Estamos hablando de una deformación completa del mercado alimentario.

El pueblo calcula hasta la cucharada de grasa

En los hogares cubanos, cocinar se ha vuelto un ejercicio de matemática dolorosa. Cuánto aceite queda. Cuánta manteca alcanza. Qué se puede freír. Qué se puede hervir. Qué se puede inventar para que parezca comida completa aunque no lo sea.

Una libra de manteca a 1,500 pesos no es simplemente un precio alto. Es un símbolo del país patas arriba.

Para un trabajador estatal, para un jubilado, para una madre con hijos o para una familia que depende de una remesa pequeña, cada compra se convierte en una decisión cruel. ¿Compro carne o compro grasa para cocinar? ¿Compro aceite o pago otra cosa? ¿Guardo la manteca para varios días o la uso hoy?

La cocina cubana, que siempre fue creatividad, sabor y resistencia, está siendo reducida a pura sobrevivencia.

Precios por las nubes y negocios protegidos

En medio de esta crisis de precios, Adriano Castañeda denunció además la entrega de una casilla comercial ubicada en la céntrica calle Independencia al ex pelotero olímpico Eriel Sánchez, también exdirector del equipo de béisbol de Sancti Spíritus.

Según el testimonio recogido, Castañeda describió a Sánchez como uno de “los niños lindos de la familia Castro Ruz” y afirmó que los productos comercializados en ese local tienen precios “por las nubes”.

Este señalamiento agrega otro ángulo al problema: no se trata solamente de precios altos, sino de quiénes logran acceder a espacios comerciales, quiénes reciben oportunidades, quiénes pueden vender y quiénes quedan condenados a comprar caro.

Porque en Cuba, cuando un negocio prospera demasiado en medio de la miseria general, la gente siempre se pregunta lo mismo: ¿quién está detrás y quién lo protege?

La manteca como retrato de un país roto

La historia de la manteca más cara que la carne parece pequeña, pero no lo es. Resume en una imagen sencilla el desastre económico cubano.

Un país donde el aceite cuesta 4,000 o 5,000 pesos el litro.
Un país donde la carne de cerdo se mueve entre 1,000 y 1,400 pesos la libra.
Un país donde la grasa del puerco alcanza 1,500 pesos.
Un país donde los vendedores desgrasan la carne para vender cada parte por separado.
Un país donde el trabajador mira el mostrador como quien mira una vidriera de otro mundo.

Eso no es normalidad. Eso es colapso cotidiano.

La manteca no debería ser noticia. La grasa del puerco no debería ser símbolo nacional. Pero en la Cuba de hoy, hasta lo más básico termina contando una historia de hambre, inflación y desigualdad.

Cuando el absurdo llega a la mesa

Durante años, los cubanos aprendieron a estirar el arroz, a inventar comidas, a resolver con poco, a guardar el aceite como si fuera medicina, a comprar por pedacitos, a sobrevivir con una creatividad que ningún gobierno debería obligar a tener.

Pero hay momentos en que la creatividad no alcanza. Cuando el aceite se vuelve lujo, la carne se vuelve lujo y la manteca también se vuelve lujo, ya no queda mucho margen para el invento.

La crisis ha llegado hasta el “gordo” del puerco. Y eso dice más que cualquier discurso oficial.

Porque si en un país la grasa cuesta más que la carne, el problema no está en el mercado. Está en todo el sistema que convirtió la comida diaria en una carrera imposible.

Cuba no solo está cara. Cuba está al revés.

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