MARIELA CASTRO DICE QUE NEGOCIAR CON EE.UU. ES “IMPOSIBLE” Y LE ENVÍA MENSAJE A TRUMP: «EL PUEBLO ESTÁ LISTO PARA ENFRENTARLO»
Mariela Castro Espín cuestionó abiertamente la posibilidad de una negociación entre Cuba y Estados Unidos al describir al interlocutor estadounidense como un adversario con un “bajo nivel de inteligencia” y de “aprendizaje histórico”. Sus declaraciones, realizadas en mayo y difundidas nuevamente esta semana, contrastan con contactos de alto nivel que ya se estaban produciendo entre ambos gobiernos y con la posterior disposición al diálogo expresada por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro.
“Cuando tú vas a hablar de negociación con Estados Unidos, eso es imposible con un adversario con ese tan bajo nivel de inteligencia, de aprendizaje histórico”, afirmó Castro Espín. También sostuvo que la población cubana estaría preparada para enfrentar las diferentes formas de presión de Washington. Las expresiones han sido reproducidas a partir de declaraciones suyas difundidas públicamente en redes sociales.
MARIELA CASTRO ENDURECE EL DISCURSO SOBRE ESTADOS UNIDOS
La hija de Raúl Castro empleó un tono particularmente confrontativo al referirse a Washington y presentó las diferencias bilaterales no solo como un conflicto político, sino como una dificultad para establecer una interlocución efectiva.
Ese discurso coincidió con un período de fuertes tensiones entre la Administración de Donald Trump y La Habana. Sin embargo, mientras públicamente se multiplicaban las declaraciones de confrontación, en paralelo existían canales de contacto entre funcionarios estadounidenses y representantes del poder cubano.
Ese contraste resulta esencial para entender el momento: la retórica pública y las negociaciones discretas no necesariamente estaban avanzando en la misma dirección.
EL DIRECTOR DE LA CIA VIAJÓ A LA HABANA
El 14 de mayo, el director de la CIA, John Ratcliffe, sostuvo en La Habana reuniones con altos funcionarios cubanos, entre ellos el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas; responsables de los servicios de inteligencia; y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del expresidente Raúl Castro.
La visita fue confirmada tanto por funcionarios estadounidenses como cubanos. De acuerdo con Associated Press, las conversaciones abordaron asuntos relacionados con cooperación de inteligencia, seguridad y estabilidad económica, y Ratcliffe transmitió un mensaje de la Administración Trump sobre las condiciones para una posible relación más amplia con La Habana.
Por tanto, no sería preciso afirmar que durante ese período una negociación era literalmente “imposible”. Mientras Mariela Castro cuestionaba públicamente la capacidad del interlocutor estadounidense, representantes de ambos países ya estaban sentados en una misma mesa.
EL NIETO DE RAÚL CASTRO ABRIÓ DESPUÉS LA PUERTA A NEGOCIAR
La diferencia se hizo todavía más evidente en julio.
Raúl Guillermo Rodríguez Castro declaró a USA Today que estaba dispuesto a dialogar con cualquier representante designado por Estados Unidos e incluso directamente con Donald Trump si tuviera esa oportunidad.
“Puedo negociar con cualquier persona designada por Estados Unidos”, declaró durante entrevistas realizadas en junio en La Habana, según confirmó Reuters. Rodríguez Castro no ocupa un cargo gubernamental electivo, pero su participación en las conversaciones con el director de la CIA demuestra que sí había sido incluido en intercambios políticos de alto nivel.
Días después de publicarse la entrevista, un funcionario del Comité Central del Partido Comunista afirmó que Rodríguez Castro contaba con respaldo de la “máxima dirección” para participar en conversaciones con Washington, según reportó USA Today.
DOS MENSAJES DISTINTOS DESDE EL ENTORNO DE RAÚL CASTRO
Las declaraciones revelan una diferencia llamativa dentro del círculo familiar del antiguo gobernante cubano. Por un lado, Mariela Castro sostiene un discurso de confrontación y cuestiona incluso la capacidad intelectual del adversario para negociar. Por otro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro se presenta públicamente dispuesto a sentarse con los enviados de Washington e incluso con el propio Trump.
Eso no demuestra necesariamente que exista una ruptura interna ni permite concluir que ambos representen facciones enfrentadas. Sí demuestra que públicamente se han proyectado mensajes muy diferentes sobre cómo relacionarse con Estados Unidos.
También obliga a separar el discurso político de los hechos diplomáticos. La retórica antiestadounidense continúa ocupando un lugar central en determinadas intervenciones públicas del oficialismo cubano, pero los encuentros de mayo y las declaraciones posteriores del nieto de Raúl Castro muestran que los canales de negociación no están cerrados.
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