MADRE CUBANA GUARDA LA INSULINA DE SU HIJO EN EL FONDO DE UN POZO TRAS MÁS DE 25 HORAS SIN ELECTRICIDAD PARA PODER CONSERVARLA
Una madre cubana recurrió a una solución extrema para intentar conservar la insulina de su hijo durante un apagón prolongado: proteger los medicamentos dentro de bolsas y bajarlos al interior de un pozo, donde asegura que la temperatura es considerablemente menor que en la superficie. Según relató Lili Romero, su familia llevaba 25 horas consecutivas sin electricidad cuando mostró el improvisado método y posteriormente informó que el corte había alcanzado las 46 horas.
“Esto es una forma para que la insulina de mi hijo no se eche a perder”, explicó Romero mientras mostraba el procedimiento. La madre aseguró que, mientras en el exterior soportaban temperaturas elevadas, en la profundidad del pozo calculaban entre 10 y 15 grados Celsius, razón por la que decidieron utilizarlo como una especie de refrigeración de emergencia.
INSULINA DURANTE LOS APAGONES: UNA PREOCUPACIÓN QUE VA MÁS ALLÁ DE LA COMODIDAD
El caso resulta especialmente delicado porque no se trata simplemente de conservar alimentos. La insulina es un medicamento esencial y su exposición prolongada a temperaturas extremas puede reducir su efectividad, aunque las condiciones exactas de almacenamiento dependen del producto.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) señala que la insulina sin abrir suele conservarse refrigerada aproximadamente entre 2 y 8 °C. También explica que muchos viales y cartuchos pueden mantenerse, abiertos o cerrados, entre unos 15 y 30 °C durante hasta 28 días, según el producto, pero advierte que las temperaturas extremas pueden disminuir progresivamente su potencia y que nunca debe congelarse.
Por ese motivo, la decisión de introducir insulina en un pozo no puede interpretarse automáticamente como un método médico recomendado. La FDA aconseja consultar las instrucciones específicas del fabricante cuando un medicamento sensible a la temperatura ha permanecido fuera de las condiciones recomendadas y señala que cualquier producto que se moje o resulte alterado debe descartarse.
“UN DIABÉTICO, ¿CÓMO SOBREVIVE A ESTE MAL?”
La preocupación de Romero quedó reflejada en sus propias palabras. “Todos los días la misma historia. Se echa a perder la insulina y entonces un diabético ¿cómo sobrevive a este mal?”, cuestionó al describir las dificultades para mantener el medicamento en condiciones adecuadas.
La madre también expresó frustración por la duración del apagón y las condiciones en las que su familia debía resolver una necesidad médica básica. “¿Ustedes creen que esto es vida? ¿Hasta cuándo es esto, señores? Por Dios. No hay una… una posibilidad de un cambio”, manifestó.
Su testimonio no permite determinar qué tipo específico de insulina utiliza el menor ni cuáles son las condiciones de conservación indicadas por su fabricante. Tampoco permite verificar de manera independiente la temperatura real existente dentro del pozo, por lo que esos detalles deben entenderse como parte del relato de la madre.
EL CASO APARECE EN MEDIO DE UNA NUEVA CRISIS ELÉCTRICA
El episodio coincide con otra etapa crítica del sistema eléctrico cubano. El 18 de septiembre, la red nacional sufrió un nuevo colapso general después de una falla en líneas de transmisión de alta tensión en el centro del país. Reuters informó que el apagón fue al menos el sexto colapso importante de la red en lo que va de 2026 y que en determinadas zonas los cortes han superado las 30 horas.
La crisis eléctrica cubana combina problemas de infraestructura y serias limitaciones de combustible, mientras las interrupciones afectan no solamente la iluminación de los hogares, sino también la conservación de alimentos y medicamentos, el acceso al agua, las comunicaciones y otros servicios cotidianos. Reuters ha documentado durante este año múltiples colapsos nacionales y prolongados períodos sin servicio en diferentes puntos del país.
El caso de Lili Romero muestra una de las consecuencias menos visibles de esos apagones: cuando la electricidad desaparece durante uno o dos días, para determinadas familias la preocupación deja de ser únicamente cuándo volverá la corriente y pasa a ser cómo mantener utilizable un medicamento del que depende la salud de un hijo.
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