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Cuba Bajo Lupa

LIS CUESTA APARECE DICIENDO QUE LA CULPA DE QUE MILLONES DE CUBANOS NO TENGA ELECTRICIDAD NI AGUA ES EL «IMPERIALISMO»

Lis Cuesta y la crisis en Cuba volvieron a quedar en el centro del debate público después de que la esposa del gobernante Miguel Díaz-Canel reconociera en una publicación en X la existencia de una «corrosiva cotidianidad» en la isla, aunque atribuyó esa realidad a los «imperialistas». Su mensaje, difundido el martes 20 de octubre de 2026 por el Día de la Cultura Cubana, coincidió con nuevos datos oficiales sobre apagones, falta de agua e inflación.

La declaración resulta significativa porque admite, aunque sea de manera indirecta, las dificultades que atraviesan las familias cubanas. Sin embargo, Cuesta concentró la responsabilidad en factores externos sin hacer referencia a las deficiencias internas de los servicios públicos, el deterioro de las infraestructuras o las decisiones económicas del Gobierno.

LIS CUESTA Y LA CRISIS EN CUBA: UNA FRASE QUE EXPONE UNA CONTRADICCIÓN

En su cuenta de X, Lis Cuesta Peraza escribió: “Que la ‘corrosiva cotidianidad’ que nos obligan a vivir los imperialistas no impida que celebremos tener una sólida Cultura, ‘Escudo y Espada de nuestra Nación’”.

La publicación estuvo acompañada de una producción audiovisual de aproximadamente 35 segundos, identificada con el sello de Aguaje Films, que recrea escenas relacionadas con los mambises durante las guerras de independencia.

El mensaje pretendía destacar la importancia de la cultura nacional, pero introdujo una expresión poco habitual en una figura cercana al poder: reconocer que la vida cotidiana en Cuba resulta corrosiva.

Cuesta no mencionó directamente los apagones, la escasez de alimentos ni las dificultades del sistema sanitario. No obstante, esos problemas forman parte del contexto en que millones de ciudadanos reciben sus palabras.

El cuestionamiento no está en celebrar la cultura cubana, sino en presentar las dificultades del país como una consecuencia atribuible exclusivamente a enemigos externos, sin examinar también las responsabilidades de las instituciones que administran los servicios esenciales.

CASI 2,5 MILLONES DE CUBANOS CON PROBLEMAS PARA RECIBIR AGUA

Mientras Cuesta llamaba a celebrar la cultura nacional, las autoridades hidráulicas reconocían que aproximadamente 2,5 millones de personas enfrentaban dificultades parciales o totales para recibir agua potable mediante las redes de suministro.

Alexis Acosta, vicepresidente del Grupo Empresarial de Agua y Saneamiento del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, explicó que la contracción de la generación eléctrica afecta directamente el funcionamiento de las estaciones de bombeo.

La situación demuestra cómo un problema inicialmente energético termina comprometiendo otro servicio indispensable para la población.

Cuando falta electricidad, numerosas instalaciones hidráulicas no pueden mantener sus ciclos de bombeo. El resultado puede traducirse en interrupciones prolongadas del abastecimiento, dificultades para almacenar agua y mayores obstáculos para mantener condiciones adecuadas de higiene.

Las restricciones externas de combustible forman parte del contexto energético cubano, pero también deben considerarse las averías, las limitaciones técnicas y el deterioro acumulado de las instalaciones nacionales.

APAGONES EN CUBA: UNA DIFERENCIA ENORME ENTRE GENERACIÓN Y DEMANDA

Los datos divulgados por la Unión Eléctrica para el 20 de octubre mostraban una situación particularmente complicada.

Para el horario de máxima demanda se estimaba una disponibilidad de apenas 970 megavatios, frente a una demanda prevista de 2.820 megavatios. El déficit calculado ascendía a 1.850 megavatios, mientras que la afectación pronosticada alcanzaba los 1.880 megavatios.

Estas cifras correspondían a un pronóstico operativo, no al resultado definitivo de la jornada. Aun así, reflejaban la magnitud de las limitaciones del Sistema Eléctrico Nacional.

La falta de electricidad no solamente afecta la iluminación de los hogares. También repercute en la conservación de alimentos, el suministro de agua, las actividades productivas y el funcionamiento de diferentes servicios.

Por ello, la crisis energética representa mucho más que una sucesión de apagones: condiciona numerosas actividades esenciales de la vida cotidiana.

PRECIOS DISPARADOS Y ALIMENTOS CADA VEZ MÁS CAROS

La expresión utilizada por Lis Cuesta también contrasta con los últimos indicadores publicados por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).

En septiembre de 2026, la inflación mensual alcanzó el 3,37 %, mientras que el incremento acumulado desde enero fue del 24,85 %. La variación interanual llegó al 28,44 %.

Los alimentos y las bebidas no alcohólicas representaron el 73,39 % de la contribución al aumento mensual del índice de precios.

Este último porcentaje no significa que todos los alimentos hayan aumentado un 73,39 % en septiembre, sino que esa categoría explicó casi tres cuartas partes del incremento mensual del indicador general.

La consecuencia para los consumidores es especialmente importante cuando los ingresos no crecen al mismo ritmo que los precios. Las familias deben destinar una proporción mayor de sus recursos a necesidades básicas, reduciendo su capacidad para afrontar otros gastos.

Además, las cifras oficiales del índice de precios no reflejan completamente los movimientos del mercado informal, que desempeña un papel importante en el abastecimiento de numerosos hogares cubanos.

LA CRISIS SANITARIA AÑADE OTRA DIMENSIÓN AL DETERIORO COTIDIANO

A los problemas económicos y energéticos se suman las dificultades del sistema sanitario, particularmente la disponibilidad de medicamentos y las condiciones de saneamiento.

Las denuncias sobre carencias de productos médicos esenciales han acompañado las informaciones sobre la crisis hospitalaria. Paralelamente, las dificultades para garantizar agua y recoger residuos generan preocupaciones adicionales sobre la prevención de enfermedades transmisibles.

La circulación de enfermedades como el dengue y el chikungunya aumenta la importancia de mantener servicios sanitarios y ambientales adecuados.

Esta combinación de problemas ayuda a comprender por qué la expresión «corrosiva cotidianidad» adquiere un significado distinto cuando se examina desde la experiencia diaria de los ciudadanos.

LA CULTURA CUBANA NO ELIMINA LAS RESPONSABILIDADES DEL GOBIERNO

El Día de la Cultura Cubana conmemora un acontecimiento central de la identidad nacional, vinculado a la primera interpretación pública del Himno de Bayamo el 20 de octubre de 1868.

Su celebración no resulta incompatible con reconocer los problemas que enfrenta el país. Tampoco exige renunciar a examinar críticamente las políticas públicas responsables del funcionamiento de la economía y los servicios básicos.

El Gobierno cubano atribuye una parte sustancial de sus dificultades a las sanciones estadounidenses, cuya influencia económica constituye un elemento relevante del debate. Sin embargo, esa explicación no excluye la necesidad de evaluar la gestión administrativa, la planificación económica, las inversiones y el mantenimiento de las infraestructuras nacionales.

Precisamente ahí aparece el principal contraste del mensaje de Lis Cuesta: reconoce el deterioro de la vida cotidiana, pero elude cualquier reflexión sobre la responsabilidad interna en su agravamiento.

La cultura puede ser motivo de orgullo para los cubanos dentro y fuera de la isla. Pero ese orgullo no sustituye el derecho de la población a recibir electricidad, agua potable, alimentos accesibles y atención médica.

La declaración de Cuesta deja así una pregunta de fondo: si incluso desde el entorno del poder se reconoce que la cotidianidad cubana resulta corrosiva, ¿qué respuestas concretas están ofreciendo las autoridades para transformarla?

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