JOSÉ SOLAR HERNÁNDEZ: EL GENERAL DE LA FRONTERA QUE HABLABA CARA A CARA CON LOS MILITARES DE EE.UU.
Durante años, José Solar Hernández ocupó una posición singular dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias: fue general de brigada, segundo jefe del Ejército Oriental, miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y uno de los principales responsables militares de la región que rodea la Base Naval estadounidense de Guantánamo. Ese puesto lo convirtió en una figura poco conocida por el gran público, pero extraordinariamente importante en uno de los puntos más sensibles de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
Su nombre aparece vinculado a la Brigada de la Frontera, los campos minados cubanos alrededor de la base, los contactos militares mensuales con oficiales estadounidenses y el delicado período posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando Washington comenzó a utilizar Guantánamo para recluir prisioneros capturados en Afganistán. A diferencia de otros generales cubanos rodeados de escándalos internos, Solar Hernández resulta polémico precisamente por una paradoja: mientras La Habana y Washington mantenían una confrontación política abierta, él participaba en uno de los pocos canales regulares y pragmáticos de comunicación militar entre ambos gobiernos.
DE LA LUCHA CLANDESTINA AL ALTO MANDO ORIENTAL
Fuentes oficiales cubanas lo identifican como combatiente del Ejército Rebelde y de la lucha clandestina. Décadas después ya aparecía integrado en la dirección superior del Ejército Oriental y en las estructuras políticas del PCC, lo que demuestra una carrera prolongada dentro del aparato militar y partidista.
También fue integrante del Comité Central del Partido durante los períodos correspondientes al IV y V congresos. Esa condición resulta importante porque Solar no era simplemente un comandante local de frontera: combinaba responsabilidad militar directa con pertenencia al órgano político superior del partido gobernante.
MÁS DE UNA DÉCADA AL FRENTE DE UNA DE LAS ZONAS MÁS SENSIBLES DE CUBA
Raúl Castro afirmó en un discurso de condecoración que Solar Hernández había ejercido “durante más de una década” el mando de la región vinculada a la Brigada de la Frontera. En reconocimiento a ese desempeño recibió la Orden Antonio Maceo, una de las principales condecoraciones militares cubanas.
La importancia de ese mando radicaba en que sus tropas estaban desplegadas directamente frente a la Base Naval de Guantánamo. Allí, soldados cubanos y estadounidenses se observaban a poca distancia a través de alambradas, torres de vigilancia y una franja territorial que durante décadas estuvo marcada por campos minados y el recuerdo de incidentes mortales ocurridos en los años sesenta y setenta.
LOS CAMPOS MINADOS: UNA DE LAS GRANDES POLÉMICAS DE LA FRONTERA
En 2002, Solar Hernández reconoció públicamente que el lado cubano de la frontera continuaba protegido por campos minados defensivos. Mientras Estados Unidos había retirado sus minas del perímetro durante los años anteriores, Cuba mantenía las suyas y el general defendía su existencia argumentando que resultaban necesarias por la presencia de una instalación militar estadounidense en territorio reclamado por La Habana.
La cuestión era particularmente delicada porque las minas representaban un peligro no solo militar, sino también humano. Documentación cubana sobre la Brigada de la Frontera relata operaciones de zapadores dentro de esos campos y accidentes en los que militares resultaron heridos, evidencia del riesgo permanente asociado a esa estrategia defensiva.
Solar defendía una doctrina muy clara para sus tropas. En una entrevista reproducida posteriormente en literatura militar cubana afirmó que podían recibir disparos o incluso bombardeos, pero no debían responder salvo que recibieran una orden superior o las fuerzas estadounidenses cruzaran la cerca.
EL GENERAL QUE HABLABA CON LOS ESTADOUNIDENSES TODOS LOS MESES
Aquí aparece el aspecto más singular de su carrera. Mientras ambos gobiernos mantenían décadas de enfrentamiento político y carecían de relaciones diplomáticas normales, Solar Hernández participaba en reuniones mensuales con los comandantes estadounidenses de la Base Naval de Guantánamo.
Esos encuentros se celebraban alternativamente a uno y otro lado de la cerca y estaban diseñados para evitar accidentes, malentendidos o una escalada militar. Los temas incluían incendios, ejercicios militares, movimientos inusuales dentro de la base y cualquier actividad capaz de ser interpretada erróneamente por el otro lado.
Uno de los comandantes estadounidenses explicó que las conversaciones eran cordiales y estrictamente prácticas. Incluso cuando la retórica política entre Washington y La Habana se endurecía, las partes continuaban hablando sobre problemas específicos relacionados con Guantánamo.
¿DIPLOMACIA MILITAR SECRETA?
No eran negociaciones diplomáticas secretas en sentido estricto, pero sí constituían algo muy inusual: uno de los pocos canales institucionales permanentes entre Estados Unidos y Cuba. Investigaciones sobre las FAR han descrito esos contactos en la cerca como un mecanismo destinado a reducir tensiones y evitar incidentes entre fuerzas desplegadas a escasos metros unas de otras.
Solar Hernández se convirtió así en interlocutor habitual del Pentágono en un momento en que ambos gobiernos prácticamente no mantenían contacto directo en otros niveles. Esa función plantea una paradoja interesante: un general integrado en el Comité Central del PCC y encargado de defender militarmente la frontera terminó siendo, al mismo tiempo, una de las personas que más regularmente conversaba cara a cara con oficiales estadounidenses.
DESPUÉS DEL 11 DE SEPTIEMBRE: GUANTÁNAMO CAMBIA DE FUNCIÓN
La situación se volvió todavía más delicada después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Estados Unidos decidió trasladar a la Base Naval de Guantánamo prisioneros capturados durante la guerra en Afganistán, entre ellos miembros del Talibán y personas acusadas de vínculos con Al Qaeda.
Solar Hernández fue una de las principales voces militares cubanas en reaccionar públicamente. Su posición fue sorprendentemente contenida: declaró que el traslado era un asunto estadounidense dentro de la base y que Cuba no consideraba que la operación estuviera dirigida contra el país.
También aseguró que Cuba no aumentaría las medidas de seguridad porque ya existía un dispositivo permanente alrededor de la instalación. Su mensaje consistía en evitar cualquier impresión de que La Habana pudiera aprovechar la llegada de los prisioneros para incrementar la tensión militar.
TALIBANES, AL QAEDA Y EL HOMBRE AL OTRO LADO DE LA CERCA
Durante aquellos primeros meses de 2002, Solar explicó que no se habían producido incidentes importantes y que la prioridad cubana era mantener la tranquilidad alrededor del perímetro. En septiembre de ese año insistía en que la distensión alcanzada entre las fuerzas de ambos países continuaba sin alteraciones.
Su actuación resulta particularmente interesante porque coincidió con el momento en que Guantánamo se convertía en uno de los lugares más controvertidos de la política internacional estadounidense. Mientras fuera de Cuba comenzaban los debates sobre detenciones indefinidas, trato a prisioneros y legalidad del centro de detención, el principal jefe cubano de aquella frontera hablaba sobre disciplina militar, seguridad y prevención de incidentes.
LAS REUNIONES DE LA CERCA LLEGARON A INCLUIR COOPERACIÓN PRÁCTICA
Los contactos no se limitaban a intercambiar advertencias. Fuentes estadounidenses describieron ejercicios coordinados de prevención de incendios, ofertas recíprocas de asistencia médica en casos de emergencia y avisos sobre movimientos o construcciones capaces de generar sospechas al otro lado.
Un ejemplo particularmente curioso ocurrió cuando Estados Unidos planeó instalar grandes turbinas eólicas dentro de la base. El comandante estadounidense informó previamente a Solar porque temía que, observadas desde las posiciones cubanas, las estructuras pudieran confundirse con instalaciones militares o incluso con silos de misiles.
Ese detalle aparentemente menor explica la importancia del mecanismo. En un lugar donde ambas fuerzas se observaban constantemente, un error de interpretación podía producir una reacción militar antes de que existiera tiempo suficiente para aclarar lo sucedido.
HASTA EL BÉISBOL ENTRABA EN LAS CONVERSACIONES
Las reuniones tenían una parte formal, pero después los oficiales podían conversar durante un desayuno preparado alternativamente por cada delegación. Según testimonios estadounidenses, incluso hablaban de béisbol y otros asuntos informales después de completar la agenda militar.
Eso no significa que existiera amistad política entre ambas partes. De hecho, los propios participantes insistían en mantener el carácter profesional de los encuentros, pero el tono revela hasta qué punto la realidad cotidiana en Guantánamo podía ser diferente de la confrontación pública entre ambos gobiernos.
UN GENERAL DEL PCC CON UN PAPEL EXTRAORDINARIAMENTE PRAGMÁTICO
Solar Hernández era miembro del Comité Central del Partido Comunista y ocupaba una importante posición dentro del Ejército Oriental. Sin embargo, sus declaraciones públicas alrededor de la base estadounidense solían tener un tono mucho más pragmático que ideológico.
Su objetivo declarado era evitar incidentes, impedir provocaciones y mantener la disciplina en las tropas cubanas. Esta faceta rompe parcialmente con la imagen habitual de la frontera de Guantánamo exclusivamente como escenario de enfrentamiento permanente y demuestra que existió también una larga práctica de contención militar.
¿QUÉ PAPEL TUVO EN LOS INCIDENTES DE LA FRONTERA?
Antes de los años noventa, la frontera había vivido numerosos enfrentamientos y episodios tensos. Sin embargo, las fuentes revisadas sitúan la etapa de Solar principalmente durante el período de progresiva distensión iniciado en la década de 1990, no en los momentos más violentos de los sesenta y setenta.
No hemos encontrado evidencia que permita atribuirle responsabilidad personal en los incidentes mortales anteriores a su mando. Por el contrario, las fuentes estadounidenses disponibles destacan que durante sus años como interlocutor se produjo una prolongada etapa sin enfrentamientos graves en la cerca.
LA FRONTERA COMO ZONA DE CONTROL INTERNO
La Brigada de la Frontera no vigilaba únicamente a las fuerzas estadounidenses. También formaba parte del dispositivo destinado a impedir cruces no autorizados hacia la Base Naval, algo especialmente sensible durante crisis migratorias y episodios de intento de salida del país.
Esta dimensión introduce inevitablemente una controversia distinta: para el Estado cubano se trataba de defensa territorial y seguridad fronteriza, mientras críticos del Gobierno han interpretado históricamente esos dispositivos también como mecanismos para impedir que ciudadanos cubanos alcanzaran territorio bajo control estadounidense. Las fuentes consultadas para este perfil, sin embargo, no permiten establecer qué decisiones concretas tomó personalmente Solar respecto de casos individuales.
LA CRISIS DE LOS BALSEROS Y EL CAMBIO DE CLIMA
Guantánamo también tuvo un papel importante durante la crisis migratoria de 1994-1995, cuando Estados Unidos alojó temporalmente en la base a decenas de miles de cubanos y haitianos interceptados en el mar. Solar recordó posteriormente que los acuerdos migratorios alcanzados después de aquella crisis contribuyeron a reducir considerablemente las tensiones alrededor del perímetro.
Para comienzos de la década siguiente describía la frontera como una zona de relativa calma. Esa transformación ayuda a explicar por qué los contactos militares mensuales pudieron convertirse en un mecanismo estable y sobrevivir incluso durante momentos de fuerte confrontación política.
¿POR QUÉ WASHINGTON CONFIABA EN HABLAR CON ÉL?
Las fuentes estadounidenses disponibles muestran algo poco habitual en los perfiles de altos mandos cubanos: Solar aparece descrito repetidamente como un interlocutor previsible y profesional. Los comandantes de la base sabían quién era, mantenían reuniones regulares con él y le comunicaban anticipadamente determinados movimientos o cambios relevantes. Los Angeles Times
Eso no significa que Washington confiara políticamente en el Gobierno cubano. Significa algo más específico: los mandos de ambos lados habían desarrollado reglas informales y mecanismos de comunicación suficientes para reducir la posibilidad de un enfrentamiento accidental.
SU RETIRO EN 2006
En enero de 2006, Solar Hernández anunció su retiro durante una de las reuniones mensuales de la cerca. Fue sustituido en ese canal de contacto por el capitán de navío Pedro Román Cisneros, mientras fuentes estadounidenses describían a Solar como el principal contacto que durante años habían tenido con las fuerzas cubanas alrededor de la base.
El episodio incluso tuvo una nota insólitamente personal. El comandante estadounidense Mark Leary le entregó como despedida un humidor para puros adquirido en la base y grabado con un emblema, un detalle que muestra hasta qué punto se había desarrollado una relación profesional entre oficiales oficialmente pertenecientes a países enfrentados.
DESAPARECIÓ DEL PRIMER PLANO, PERO NO DE LA VIDA PÚBLICA
Su retiro militar no significó una desaparición completa. En años posteriores volvió a aparecer en actividades oficiales como general de brigada de la reserva y veterano del Ejército Rebelde, especialmente en ceremonias relacionadas con las FAR y conmemoraciones históricas.
En 2016, durante un acto por el aniversario del Ejército Oriental, habló en nombre de sus fundadores y recordó los difíciles primeros años de aquella estructura. Cinco años más tarde todavía aparecía públicamente como veterano de la lucha clandestina y del Ejército Rebelde.
EL GRAN MISTERIO: UNA BIOGRAFÍA EXTRAORDINARIAMENTE ESCASA
Aquí aparece uno de los aspectos más curiosos del personaje. A pesar de haber sido miembro del Comité Central, segundo jefe del Ejército Oriental, jefe militar de una de las regiones más sensibles del país y principal interlocutor cubano con los comandantes estadounidenses de Guantánamo, hay sorprendentemente poca información biográfica pública sobre José Solar Hernández.
No hemos localizado en las fuentes revisadas una biografía oficial extensa que detalle con claridad fecha y lugar de nacimiento, campañas militares, formación académica, misiones internacionales, ascensos o todas las funciones que desempeñó antes de llegar al mando fronterizo. Para un general con acceso a una zona tan estratégica, esa escasez documental constituye por sí sola un elemento relevante para cualquier perfil histórico.
¿HUBO ESCÁNDALOS?
Hasta ahora no hemos encontrado evidencia sólida de un gran escándalo personal de corrupción, narcotráfico, purga o proceso disciplinario comparable con los casos de otros dirigentes cubanos. Forzar una acusación de ese tipo sería incorrecto.
Sus controversias están vinculadas fundamentalmente a la naturaleza de sus funciones: campos minados, control fronterizo, pertenencia al alto mando militar, relaciones discretas con Estados Unidos y supervisión de una región situada frente a una base cuya presencia Cuba considera ilegítima. Precisamente por eso su historia resulta interesante sin necesidad de inventar un escándalo.
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