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Cuba Bajo Lupa

FIDELITO: EL HIJO DE FIDEL CASTRO QUE PASÓ DEL SUEÑO NUCLEAR A UNA TRÁGICA CAÍDA QUE TERMINÓ CON SU SUICIDIO

Fidel Castro Díaz-Balart cargó durante toda su vida con un apellido imposible de separar del poder en Cuba. Conocido como “Fidelito”, el primogénito de Fidel Castro fue físico nuclear, ocupó responsabilidades estratégicas dentro del Estado cubano y llegó a convertirse en una de las caras principales del ambicioso programa atómico de la isla. Su trayectoria, sin embargo, terminó marcada por una destitución pública, años de discreto regreso al mundo científico y su muerte en 2018.

El 1 de febrero de ese año, el diario oficial Granma informó que Fidel Ángel Castro Díaz-Balart había atentado contra su vida después de recibir durante varios meses tratamiento por un “estado depresivo profundo”. La información oficial señaló que inicialmente había requerido hospitalización y posteriormente continuó bajo seguimiento ambulatorio. Tenía 68 años.

FIDEL CASTRO DÍAZ-BALART Y EL PROYECTO NUCLEAR CUBANO

La historia de Fidelito fue mucho más que la del hijo mayor del gobernante cubano. Formado como científico en la Unión Soviética, terminó ocupando posiciones centrales en el desarrollo nuclear de Cuba durante las décadas de 1970 y 1980.

Documentos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirman su participación como representante cubano en debates internacionales sobre energía nuclear. En 1991, Castro Díaz-Balart defendió ante el organismo el acceso de los países en desarrollo a la tecnología nuclear y aseguró que Cuba continuaba avanzando en la construcción de su primera central atómica.

El centro de aquella apuesta era Juraguá, en Cienfuegos, una planta concebida con tecnología soviética que debía convertir a Cuba en uno de los pocos países latinoamericanos con generación eléctrica nuclear.

Un documento del OIEA de 1988 ya registraba que Cuba había establecido acuerdos de salvaguardias relacionados con las unidades 1 y 2 de Juraguá y presentaba oficialmente su programa como destinado a fines pacíficos.

EL DERRUMBE DE JURAGUÁ Y LA CAÍDA DE FIDELITO

El colapso de la Unión Soviética cambió radicalmente el proyecto. Sin el apoyo económico de Moscú, Cuba quedó incapaz de sostener una obra de aquella magnitud y la construcción de Juraguá terminó suspendida en 1992.

Para Fidelito, la crisis tuvo además una dimensión personal y política. Ese mismo año fue apartado de sus responsabilidades en el sector nuclear.

A partir de esa destitución circularon durante años historias sobre las verdaderas causas de su caída: desde presuntas irregularidades financieras hasta especulaciones sobre conflictos dentro de la propia estructura de poder cubana. Esas versiones no deben confundirse con hechos demostrados.

Tampoco existe evidencia concluyente que permita afirmar que Cuba desarrollaba mediante Juraguá un programa secreto de armas nucleares. Los documentos del OIEA disponibles presentan el proyecto cubano dentro del ámbito de la energía y las aplicaciones pacíficas de la tecnología nuclear.

DEL OSTRACISMO AL REGRESO CIENTÍFICO

La caída de 1992 no significó la desaparición definitiva de Fidel Castro Díaz-Balart. Con los años recuperó presencia en círculos científicos y terminó desempeñándose como asesor científico del Consejo de Estado y vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba, cargos que todavía ocupaba al momento de su fallecimiento, según la información oficial publicada entonces.

Su caso resulta especialmente llamativo por el contraste que encierra. Era el primogénito del hombre que concentró el poder político cubano durante décadas, pero su apellido no evitó que fuera removido públicamente cuando uno de los proyectos más ambiciosos de la Revolución comenzó a derrumbarse.

UNA MUERTE QUE ALIMENTÓ RUMORES

La comunicación oficial de 2018 fue inusualmente explícita al reconocer tanto el suicidio como la depresión que padecía Fidelito. Reuters recogió entonces la información divulgada por los medios estatales cubanos y señaló que llevaba meses recibiendo tratamiento.

A partir de su muerte también surgieron teorías que cuestionaron la versión oficial y llegaron a sugerir un posible asesinato relacionado con secretos del poder o del antiguo programa nuclear. No existen pruebas públicas verificables que permitan presentar esas acusaciones como hechos.

Lo documentado dibuja por sí solo una historia extraordinaria: el hijo mayor de Fidel Castro pasó de estudiar en la Unión Soviética y dirigir una de las apuestas tecnológicas más grandes de la Cuba socialista a sufrir una destitución pública, regresar años después a la actividad científica y terminar su vida bajo tratamiento por una depresión profunda.

Más allá de rumores y teorías, la trayectoria de Fidelito dejó una paradoja difícil de ignorar: nació en el círculo más cercano al poder cubano, pero ni siquiera ese apellido pudo protegerlo de las consecuencias políticas, profesionales y personales que acompañaron su recorrido.

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