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Cuba Bajo Lupa

FIDEL CASTRO LO LLAMÓ “INCOMPETENTE”, LLORÓ ANTE EL GABINETE Y SEMANAS DESPUÉS PERDIÓ EL MINISTERIO: EL CASO FAUSTINO PÉREZ

Faustino Pérez Hernández no era un funcionario cualquiera del gobierno nacido en enero de 1959. Había sido dirigente nacional del Movimiento 26 de Julio, expedicionario del Granma, combatiente de la Sierra Maestra y una figura relevante de la lucha clandestina en La Habana. Precisamente por eso resulta tan llamativo lo ocurrido apenas diez meses después del triunfo revolucionario: Fidel Castro lo acusó ante el Consejo de Ministros de incompetencia e ineficiencia, Pérez respondió entre lágrimas y semanas más tarde perdió su cargo.

No fue, sin embargo, un defenestrado definitivo como Manuel Urrutia, Manuel Ray o Felipe Pazos. Faustino terminó reconciliado con el núcleo gobernante y ocupó durante décadas importantes responsabilidades dentro del sistema. Su historia pertenece a otra categoría de esta serie: la del revolucionario públicamente humillado, apartado y posteriormente rehabilitado.

DE HOMBRE DE CONFIANZA DE FIDEL A MINISTRO DE LAS CONFISCACIONES

Antes de 1959, Faustino Pérez estaba situado muy cerca del centro de la insurgencia. Un telegrama de la Embajada de Estados Unidos fechado en diciembre de 1958 lo incluyó dentro de un reducido comité ejecutivo del Movimiento 26 de Julio junto a Fidel Castro, Aldo Santamaría y otros dirigentes.

Con el triunfo revolucionario recibió una responsabilidad especialmente sensible: el Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados, organismo encargado de localizar, intervenir y recuperar propiedades y fondos atribuidos a funcionarios, colaboradores y beneficiarios económicos del régimen de Batista. Documentos estadounidenses de enero de 1959 ya lo identificaban como miembro del gabinete revolucionario.

No era una oficina administrativa cualquiera. A través de ese ministerio comenzaron confiscaciones de cuentas bancarias, empresas, fincas, ingenios y otras propiedades consideradas producto de la corrupción batistiana. Fuentes favorables al nuevo gobierno afirmaron posteriormente que el organismo llegó a recuperar cientos de millones de pesos. Esa cifra debe tratarse como una afirmación de fuentes revolucionarias y no como una auditoría independiente, pero sirve para comprender el enorme poder que acumuló aquella institución.

Aquí conviene marcar una línea muy clara: no hemos encontrado pruebas fiables de que Faustino Pérez se apropiara personalmente de aquellos bienes ni de que fuera acusado de corrupción personal. El escándalo que lo derribó fue político y administrativo, no una causa documentada de enriquecimiento ilícito.

EN MARZO YA APARECÍA “COMPLETAMENTE DISGUSTADO”

Los problemas comenzaron mucho antes de su destitución. El 12 de marzo de 1959, el congresista estadounidense Adam Clayton Powell relató a funcionarios del Departamento de Estado sus impresiones después de visitar Cuba. Según el memorando de aquella conversación, Powell afirmó que Faustino Pérez estaba “completely disgusted” y que ni siquiera estaba asistiendo regularmente a su oficina.

La fuente requiere cautela. No era una declaración pública de Pérez ni un documento redactado por él, sino el relato que Powell transmitió a funcionarios estadounidenses. Sin embargo, coincide con el cuadro de tensiones internas que otras fuentes documentarían durante los meses siguientes.

Pérez pertenecía al llamado sector del “llano”, formado por revolucionarios que habían desarrollado buena parte de su lucha clandestina en las ciudades y que durante 1959 comenzaron a perder espacio frente al núcleo guerrillero de la Sierra.

HUBER MATOS CAMBIÓ EL EQUILIBRIO

La crisis se aceleró después del caso Huber Matos en octubre de 1959. Matos, comandante militar de Camagüey, presentó su renuncia denunciando la creciente influencia comunista y terminó arrestado. La Embajada estadounidense observaba pocos días después que los elementos considerados moderados dentro del gobierno estaban inquietos y que entre quienes se rumoreaba que podían abandonar sus cargos figuraban Felipe Pazos, Rufo López-Fresquet, Manuel Ray y Faustino Pérez.

Pérez estaba, por tanto, en medio de una lucha interna mucho mayor que un simple problema administrativo.

LA REUNIÓN DEL GABINETE: FIDEL LO ACUSA Y FAUSTINO ROMPE A LLORAR

El episodio más explosivo llegó durante una reunión del gabinete celebrada el 29 de octubre de 1959.

El ministro de Hacienda, Rufo López-Fresquet, describió posteriormente aquella reunión al embajador estadounidense Philip Bonsal. Según el memorando oficial del encuentro, Fidel Castro “denounced Minister Faustino Perez for incompetence and inefficiency”.

El documento continúa con un detalle extraordinario: Faustino Pérez respondió con un discurso altamente emocional durante el cual lloró profusamente.

No estamos ante una reconstrucción hecha décadas después. El memorando está fechado el 8 de noviembre de 1959, apenas días después de la reunión, y recoge el testimonio de otro ministro que estaba dentro del gobierno.

La escena también permite observar hasta qué punto las discusiones del Consejo de Ministros se habían convertido en enfrentamientos ideológicos. En aquella misma reunión se habló de Felipe Pazos, de la influencia comunista y de la futura orientación económica del país.

MENOS DE UN MES DESPUÉS ESTABA FUERA

El desenlace llegó el 26 de noviembre de 1959. Un telegrama de la Embajada de Estados Unidos informó que Faustino Pérez había sido reemplazado como ministro de Recuperación de Bienes Malversados por el capitán de corbeta Rolando Díaz Aztaraín. Oficialmente, a Pérez se le asignarían nuevas e imprecisas “tareas revolucionarias”.

Pero el telegrama añade un detalle político mucho más importante: según información de la Embajada, Pérez había adoptado la misma posición que Manuel Ray respecto al tratamiento de Huber Matos y la restauración de los tribunales revolucionarios.

En otras palabras, detrás de las acusaciones de incompetencia existía una fractura política.

En aquella misma reorganización también salió Manuel Ray de Obras Públicas y Felipe Pazos perdió la presidencia del Banco Nacional, que pasó a manos de Ernesto “Che” Guevara. Para los diplomáticos estadounidenses, aquello representaba la derrota casi definitiva de los elementos moderados dentro del gobierno.

PERO FAUSTINO NO TERMINÓ COMO LOS OTROS

Aquí aparece la gran diferencia entre Faustino Pérez y otras figuras de nuestra serie. Manuel Ray rompió con Castro. Felipe Pazos terminó en el exilio. Manuel Urrutia salió completamente del poder. Faustino Pérez, en cambio, sobrevivió políticamente a su caída.

Fuentes cubanas reconocen incluso que fue separado de su cargo, pero destacan que posteriormente recibió otras responsabilidades. Dirigió el Servicio Médico Rural, participó en operaciones militares del gobierno, encabezó desde 1962 el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, fue embajador en Bulgaria y ocupó puestos partidistas y administrativos durante décadas.

Eso convierte su caída de 1959 en una suerte de purga temporal. Fue castigado, desplazado y humillado, pero no cruzó la línea que otros dirigentes sí cruzaron hacia la oposición abierta.

EL ESCÁNDALO QUE CASI DESAPARECIÓ DE SU BIOGRAFÍA OFICIAL

Las biografías oficiales cubanas recuerdan extensamente al expedicionario del Granma, al médico, al dirigente clandestino y al administrador público. Mucho menos espacio ocupa aquella noche de octubre de 1959 en que Fidel Castro lo acusó delante del gabinete de ser incompetente y él respondió llorando.

Sin embargo, los documentos diplomáticos de la época permiten reconstruir el episodio.

Faustino Pérez había sido uno de los hombres más importantes del Movimiento 26 de Julio. En enero recibió uno de los ministerios más delicados del nuevo gobierno. En marzo ya existían informes sobre su frustración. En octubre era mencionado entre los moderados que podían salir. Fidel lo atacó personalmente en el gabinete y el 26 de noviembre perdió su ministerio.

Después volvió al círculo de confianza.

Su historia demuestra algo fundamental sobre aquellos primeros meses: dentro de la Revolución también existían castigos, caídas y rehabilitaciones. Faustino Pérez no fue expulsado del sistema; recibió una advertencia brutal sobre quién mandaba dentro de él.

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