FARMACIAS PRIVADAS LLEGAN A CUBA EN MEDIO DE LA ESCASEZ: EL PROBLEMA AHORA SERÁ QUIÉN PUEDE PAGAR LOS MEDICAMENTOS
La aparición de establecimientos privados que comercializan medicamentos está comenzando a cambiar una de las imágenes más habituales de la crisis cubana: las farmacias estatales con anaqueles vacíos y pacientes recorriendo varios municipios en busca de un antibiótico, un antihistamínico o simplemente un analgésico.
Desde agosto de 2026, el Gobierno cubano abrió legalmente la puerta para que determinados actores económicos no estatales presten servicios farmacéuticos, una decisión impensable durante décadas dentro de un sistema sanitario presentado oficialmente como exclusivamente estatal. El cambio llega, sin embargo, cuando buena parte de la población enfrenta un problema mucho más elemental: puede aparecer el medicamento, pero eso no significa necesariamente que pueda pagarlo.
El Decreto 160/2026, publicado el 28 de julio en la Gaceta Oficial y vigente desde el 4 de agosto, modificó las actividades permitidas al sector privado y colocó determinados servicios farmacéuticos entre aquellos que pueden ser autorizados bajo supervisión estatal. La propia norma sustituyó al Decreto 107 de 2024, que mantenía mayores restricciones para los actores no estatales.
DE LOS ANAQUELES VACÍOS A MEDICAMENTOS QUE CUESTAN MILES DE PESOS
El municipio habanero de Regla se ha convertido durante las últimas semanas en uno de los principales ejemplos del nuevo escenario.
Videos y reportes difundidos desde el establecimiento muestran medicamentos, vitaminas, suplementos y productos naturales difíciles de encontrar habitualmente en la red estatal. Algunos vecinos consultados por medios independientes reconocieron precisamente esa diferencia: allí podían encontrar fármacos que llevaban meses buscando.
Pero junto con la disponibilidad apareció inmediatamente otro problema: los precios.
Entre los productos reportados se encuentran medicamentos comercializados por valores de alrededor de 1.000, 1.200, 1.800 y hasta 2.000 pesos cubanos, dependiendo del fármaco y su presentación. Algunos reportes han mostrado cefalexina, nistatina, difenhidramina, bromhexina y otros productos entre las ofertas disponibles.
La comparación con los ingresos resulta inevitable.
Desde julio de 2026, el salario mínimo oficial en Cuba fue elevado de 2.100 a 3.210 pesos mensuales, incremento que comenzó a reflejarse en los pagos de agosto. La propia prensa oficial reconoció que el nuevo monto continúa siendo insuficiente frente al costo de vida.
Esto significa que un medicamento de 2.000 CUP equivale aproximadamente al 62% de un salario mínimo mensual de 3.210 pesos.
Una persona que necesitara dos o tres medicamentos en ese rango podría superar rápidamente todo su salario mensual, antes de pagar alimentos, electricidad, transporte o cualquier otro gasto.
Ahí aparece la contradicción que marcará probablemente el futuro de estas farmacias: una mayor disponibilidad de medicamentos no equivale automáticamente a un mayor acceso a ellos.
EL ESTADO ABRE AL SECTOR PRIVADO UNA ACTIVIDAD QUE DURANTE DÉCADAS MANTUVO BAJO SU CONTROL
El Decreto 160 representa un cambio considerable dentro del modelo económico cubano.
La norma establece una diferenciación entre actividades completamente prohibidas, actividades restringidas para determinadas formas de gestión y otras que pueden desarrollarse mediante licencia, autorización o certificación.
Los servicios farmacéuticos entran dentro de este último grupo. No significa que cualquier persona pueda abrir mañana una farmacia en el portal de su casa. La actividad continúa sujeta a regulación y supervisión del Ministerio de Salud Pública y a los requisitos sanitarios correspondientes.
Además, la liberalización tiene límites importantes. La apertura no convierte al sistema sanitario cubano en un mercado privado de salud. La consulta médica y odontológica continúa esencialmente dentro del Sistema Nacional de Salud, mientras otras actividades sanitarias permanecen restringidas o condicionadas.
Lo significativo es que el Gobierno acepta ahora que actores privados participen precisamente en una actividad donde el monopolio estatal lleva años mostrando enormes dificultades para garantizar abastecimiento.
¿POR QUÉ AHORA?
La respuesta más evidente está en las propias farmacias estatales. Durante años, conseguir determinados medicamentos en Cuba se ha convertido para muchas familias en una carrera de obstáculos. Cuando no aparecen en la farmacia correspondiente, las alternativas suelen ser conseguirlos mediante familiares residentes en el extranjero, grupos de compraventa, viajeros o el mercado informal.
La escasez ha generado incluso redes informales donde medicamentos básicos pueden terminar vendidos a precios muy superiores a los oficiales.
Las farmacias privadas podrían reducir parte de ese déficit si logran establecer cadenas estables de importación y distribución. Pero también pueden consolidar una realidad que ya existe en numerosos sectores de la economía cubana: productos disponibles para quien tiene dinero y escasez para quien depende exclusivamente de un salario o una pensión estatal.
La diferencia puede ser especialmente dramática cuando no se habla de una cerveza, un electrodoméstico o una comida en un restaurante, sino de un medicamento que una persona necesita para tratar una enfermedad.
EL CASO DE REGLA Y UNA ACLARACIÓN IMPORTANTE
Diversas publicaciones y usuarios en redes sociales han presentado el establecimiento de Regla como la “primera farmacia privada de Cuba” después de décadas.
Esa afirmación debe tomarse con cautela. 14ymedio informó, citando a un trabajador del establecimiento, que el negocio llevaba alrededor de dos años comercializando medicamentos y que la nueva legislación habría proporcionado un marco distinto para una actividad que ya existía anteriormente.
Por eso, más que determinar quién merece el título de “primera farmacia privada”, lo verdaderamente relevante es que el Gobierno ha creado ahora un marco jurídico explícito para autorizar este tipo de actividad.
Y eso sí constituye un cambio importante.
MÁS MEDICAMENTOS, PERO TAMBIÉN MÁS PREGUNTAS
La entrada del sector privado puede ayudar a aumentar la oferta, pero abre interrogantes que todavía serán fundamentales seguir durante los próximos meses.
Una de ellas es el origen de los medicamentos. También será esencial conocer cuáles son los mecanismos utilizados por las autoridades para comprobar registro sanitario, almacenamiento, cadena de frío cuando corresponda, fechas de vencimiento y autenticidad de productos importados.
Martí Noticias recogió precisamente preocupaciones relacionadas con los elevados precios y las garantías de calidad de algunos productos que comienzan a aparecer en estos establecimientos privados.
El tema no es menor. En un mercado con enorme demanda y escasez acumulada, un medicamento puede convertirse rápidamente en uno de los productos más rentables para importar y comercializar.
Por eso, junto con la apertura económica tendrá que existir un mecanismo efectivo de vigilancia sanitaria.
LA PARADOJA CUBANA: LO QUE EL ESTADO NO TIENE, EL PRIVADO LO VENDE
La entrada de farmacias privadas también expone una contradicción difícil de esconder. Durante décadas, el Gobierno cubano utilizó el sistema estatal de salud como uno de los principales pilares de su discurso político. La participación privada en áreas vinculadas a la medicina fue prácticamente eliminada después de 1959 y durante años se presentó como incompatible con el modelo socialista.
Ahora, en medio de una de las peores crisis económicas que ha atravesado la Isla, las autoridades están recurriendo precisamente al capital privado para cubrir espacios donde las estructuras estatales no consiguen satisfacer la demanda.
El cambio no significa que desaparezca la farmacia estatal ni que toda la distribución farmacéutica sea privatizada.
Pero sí supone reconocer, aunque sea indirectamente, que el Estado necesita de otros actores para mantener determinados productos disponibles.
¿UNA SOLUCIÓN PARA TODOS O UNA FARMACIA PARA QUIEN TENGA DINERO?
Ese probablemente será el debate central. Para una familia que recibe remesas desde Estados Unidos, España u otro país, pagar 1.500 o 2.000 pesos por un medicamento necesario puede ser posible.
Para un trabajador que cobra cerca del salario mínimo, puede convertirse en una decisión brutal entre comprar medicinas o dedicar ese dinero a comida.
Incluso después del aumento aprobado este verano, el nuevo salario mínimo oficial de 3.210 CUP sigue ofreciendo muy poco margen frente al precio de muchos productos básicos. El propio Gobierno ha admitido públicamente que el incremento resulta insuficiente.
La farmacia privada puede resolver entonces una parte del problema cubano —que el medicamento exista— sin resolver necesariamente la segunda y quizás más importante: que la persona enferma pueda comprarlo.
La verdadera prueba de esta nueva política no estará únicamente en cuántas farmacias privadas aparezcan ni en lo llenos que estén sus anaqueles.
Estará en saber cuántos cubanos pueden llegar al mostrador, preguntar cuánto cuesta el medicamento que necesitan y realmente llevárselo a casa.
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