El gobierno reaccionó a la llegada de Luis Manuel Otero Alcántara a Estados Unidos mediante una publicación del portal oficialista Razones de Cuba, que intentó desacreditar al artista y negar que su salida de la isla constituya un destierro.
El mensaje utilizado fue directo:
“No es exilio, es reubicación. No es víctima, es mercenario”.
Así pretende presentar el poder cubano la salida de un hombre que recuperó la libertad después de pasar cinco años encarcelado y abandonar definitivamente el país como parte de las condiciones establecidas para su excarcelación. ✈️🇨🇺
La versión oficial vincula su viaje con un proceso de parole gestionado desde Estados Unidos. Sin embargo, esa explicación no elimina la pregunta central:
¿Puede hablarse de una salida libre cuando la alternativa era continuar en prisión?
Otero Alcántara llegó a territorio estadounidense después de cumplir una condena de cinco años. Su traslado fuera de Cuba estuvo relacionado con un acuerdo que le permitió salir de la cárcel, pero también lo obligó a dejar atrás su casa, su familia y su derecho a permanecer en la tierra donde nació.
💔 Cambiarle el nombre al destierro no cambia sus consecuencias.
Durante los últimos años, el artista visual se convirtió en una de las figuras más visibles del movimiento cívico cubano y de las protestas relacionadas con la libertad de expresión.
Su activismo, su obra y su participación en el Movimiento San Isidro lo colocaron en el centro de una fuerte persecución política. Su encarcelamiento fue denunciado por organizaciones defensoras de los derechos humanos, mientras las autoridades insistieron en presentarlo como un delincuente común.
Ahora, después de su salida, el discurso se repite.
En lugar de explicar por qué un ciudadano debe abandonar su país para recuperar la libertad, la propaganda oficial intenta reducir el caso a una operación extranjera y descalificar al protagonista con etiquetas políticas.
📢 Para sectores del exilio y organizaciones de derechos humanos, lo ocurrido representa un destierro forzoso. Para las autoridades cubanas, se trata de una “reubicación”.
La diferencia no es solo semántica.
Hablar de reubicación presenta el viaje como un trámite voluntario. Hablar de exilio reconoce el dolor de alguien que no puede volver, que deja familiares atrás y que recupera la libertad a cambio de perder su país.
El caso vuelve a colocar sobre la mesa la situación de los presos políticos, la libertad de expresión y las condiciones que enfrentan quienes se oponen públicamente al sistema.
⚠️ También expone una vieja práctica del poder cubano: encarcelar, presionar y después expulsar, para finalmente presentar la salida como una decisión personal o un favor concedido.

