EL MÉDICO QUE CONTRADIJO A FIDEL CASTRO EN PLENO PERÍODO ESPECIAL Y LE DIJO EN LA CARA QUE LOS CUBANOS PASABAN HAMBRE
A comienzos de los años 90, mientras Cuba atravesaba la peor etapa del Período Especial, una extraña enfermedad comenzó a extenderse desde Pinar del Río hacia el resto del país. Miles de personas sufrían pérdida de visión, alteraciones en la percepción de los colores, hormigueos, debilidad y otros trastornos neurológicos. En medio de aquella emergencia apareció un nombre que con los años quedaría unido a una de las controversias médicas más delicadas de la época: Héctor Terry Molinet.
La epidemia fue real y su dimensión está ampliamente documentada. Entre 1991 y 1994 se registraron 50,862 casos de neuropatía epidémica en Cuba. Más de 26,000 correspondieron a la forma óptica y más de 24,000 a manifestaciones periféricas. Pinar del Río presentó la mayor incidencia del país.
HÉCTOR TERRY Y LA NEUROPATÍA EPIDÉMICA CUBANA
Terry no era un médico cualquiera. Se desempeñó como viceministro de Salud Pública entre 1980 y 1993 y estuvo directamente involucrado en la respuesta sanitaria a enfermedades como el dengue, la meningitis, el sida y la propia neuropatía epidémica. Incluso una nota oficial publicada tras su muerte reconoció su protagonismo científico durante aquella crisis.
Lo que continúa generando controversia es la forma en que terminó su etapa como viceministro.
Relatos publicados posteriormente sostienen que Terry chocó con Fidel Castro al defender que las graves carencias alimentarias que sufría la población debían ocupar un lugar central en la explicación de la enfermedad. Esas versiones aseguran que perdió su cargo después de contradecir las hipótesis que buscaban otros posibles responsables de la epidemia.
La documentación oficial confirma que Terry dejó de ser viceministro precisamente en 1993, pero no establece públicamente que fuera destituido por ese enfrentamiento. Por tanto, esa relación causal debe tratarse como una versión respaldada por testimonios y publicaciones posteriores, no como un hecho reconocido oficialmente.
LA CIENCIA APUNTABA HACIA LA NUTRICIÓN
Lo que sí terminó adquiriendo un fuerte respaldo científico fue la importancia de los factores nutricionales y tóxicos.
Investigaciones realizadas durante la epidemia encontraron una asociación entre la enfermedad y factores como menor índice de masa corporal, tabaquismo y menor consumo de proteína animal, grasas y alimentos ricos en vitaminas del complejo B. Las biopsias nerviosas tampoco mostraban el patrón inflamatorio que cabría esperar de determinadas infecciones virales.
La literatura médica posterior continuó describiendo la neuropatía cubana como un fenómeno complejo y probablemente multifactorial, pero concedió un papel fundamental a las deficiencias nutricionales combinadas con factores tóxicos. Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine confirmó que más de 50,000 cubanos fueron afectados y documentó la relación entre distintos factores de riesgo y la enfermedad.
El episodio ocurrió además en momentos de severa reducción de la disponibilidad de carne, productos lácteos, aceites y grasas en Cuba, una transformación alimentaria que también fue recogida por los investigadores internacionales.
CUANDO LAS VITAMINAS CAMBIARON LA CURVA
La respuesta decisiva fue la distribución masiva de suplementos vitamínicos.
En marzo de 1993 comenzaron a entregarse vitaminas del complejo B y vitamina A en Pinar del Río, y posteriormente la medida se extendió a otras provincias. Durante mayo y junio, la incidencia de nuevos casos empezó a disminuir. Muchos enfermos consiguieron una recuperación parcial o completa después del tratamiento, aunque algunos quedaron con secuelas.
El propio Fidel Castro reconocería posteriormente que hubo jornadas con cientos de nuevos diagnósticos y aproximadamente 800 casos reportados en un solo día, además de admitir que fue necesario adquirir grandes cantidades de vitaminas y buscar cooperación científica internacional.
Su discurso de julio de 1994 deja además un detalle importante que matiza una parte de la historia repetida durante años: Castro afirmó que la primera hipótesis manejada públicamente había sido precisamente la tóxico-nutricional, aunque posteriormente se estudiaron hipótesis infecciosas, tóxicas, genéticas y de otra naturaleza.
UNA HISTORIA MÁS COMPLEJA QUE LA LEYENDA
La historia de Héctor Terry resulta poderosa precisamente porque no necesita adornos. Fue uno de los principales epidemiólogos de Cuba, estuvo en la primera línea de una emergencia que afectó a más de 50,000 personas y dejó su cargo de viceministro en 1993, justo cuando la crisis sanitaria alcanzaba uno de sus momentos más graves.
Que su salida haya sido consecuencia directa de desafiar a Fidel Castro por insistir en las carencias alimentarias es una versión extendida, pero no reconocida en los documentos oficiales consultados.
Lo que la evidencia científica sí terminó demostrando es algo quizás todavía más contundente: la alimentación y las deficiencias nutricionales desempeñaron un papel central en aquella epidemia, y las vitaminas contribuyeron decisivamente a detenerla.
En medio del hambre, los apagones y la escasez del Período Especial, la enfermedad dejó una lección imposible de reducir a propaganda política: cuando el organismo deja de recibir lo que necesita, ningún discurso puede convencer al sistema nervioso de lo contrario.
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