EL GENERAL DE LOS ARCHIVOS SECRETOS DEL G-2: FABIÁN ESCALANTE FONT Y LAS GRANDES CONSPIRACIONES DE LA GUERRA FRÍA
Fabián Escalante Font pasó de ser un joven militante comunista detenido durante la dictadura de Fulgencio Batista a convertirse en uno de los hombres más vinculados con la construcción y dirección de la Seguridad del Estado cubana. Nacido en La Habana en 1940, ingresó en la Juventud Socialista en 1954, fue fundador de los órganos de Seguridad después de 1959 y alcanzó en 1976 la jefatura de esa institución. En 1988 recibió el grado de general de división y pasó al retiro en 1996.
Pero Escalante terminó teniendo una segunda carrera casi tan importante como la primera. Después de décadas dentro del aparato de contrainteligencia, convirtió archivos, testimonios y operaciones de la Seguridad del Estado en libros sobre la CIA, Fidel Castro, Operación Mangosta, el crimen organizado y el asesinato de John F. Kennedy. Sus publicaciones constituyen una de las exposiciones más extensas de la interpretación oficial cubana sobre la guerra secreta entre Washington y La Habana, aunque varias de sus conclusiones más espectaculares continúan siendo discutidas o carecen de verificación independiente.
DE JOVEN COMUNISTA A FUNDADOR DE LA SEGURIDAD DEL ESTADO
Las biografías editoriales de Escalante señalan que comenzó a militar siendo adolescente y sufrió varias detenciones durante Batista. Después de enero de 1959 entró en las nuevas estructuras de seguridad, en un momento en que el Gobierno revolucionario estaba construyendo los organismos de inteligencia, contrainteligencia y vigilancia que posteriormente serían conocidos popularmente como G-2 y, formalmente, como parte de la Seguridad del Estado.
A los 22 años, según su propio testimonio, ya dirigía una unidad de contrainteligencia cuando Kennedy fue asesinado el 22 de noviembre de 1963. Esa experiencia temprana terminaría teniendo enorme importancia décadas después, cuando convirtió el magnicidio de Dallas en una de sus principales obsesiones investigativas.
EL GENERAL QUE LLEGÓ A LA CÚPULA DEL G-2
Escalante asumió la jefatura de la Seguridad del Estado en 1976 y posteriormente ocupó otras responsabilidades dentro del Ministerio del Interior. Documentación estadounidense desclasificada de finales de los años ochenta lo identifica como general de brigada y viceministro del Interior durante reuniones internacionales relacionadas con asuntos de seguridad e inteligencia.
Su ascenso resulta especialmente interesante por otro detalle familiar. El propio documento estadounidense recoge que era sobrino de Aníbal Escalante, dirigente comunista purgado en dos ocasiones por Fidel Castro, y que su padre también había formado parte de las Organizaciones Revolucionarias Integradas. A pesar de esas tensiones familiares con la dirigencia, Fabián Escalante no perdió su carrera dentro del MININT y terminó alcanzando el generalato.
OPERACIÓN MANGOSTA: DONDE SUS LIBROS ENCUENTRAN DOCUMENTOS REALES
Uno de los temas centrales de Escalante es Operación Mangosta, el gigantesco programa encubierto aprobado por la administración Kennedy después de Bahía de Cochinos. Documentos oficiales estadounidenses confirman que Kennedy autorizó en noviembre de 1961 el desarrollo de un programa destinado a debilitar y eventualmente provocar el derrocamiento del Gobierno cubano, bajo la coordinación del general Edward Lansdale y con participación de la CIA, el Pentágono y otras agencias.
Aquí existe una base documental importante que respalda una parte esencial de la narrativa de Escalante: Estados Unidos desarrolló operaciones clandestinas contra Cuba que incluyeron sabotaje, infiltración, propaganda, apoyo a grupos armados y planes contra dirigentes cubanos. El propio Departamento de Estado reconoce en su colección histórica que, tras Bahía de Cochinos, se reautorizaron esfuerzos vinculados al asesinato de Fidel Castro.
El problema comienza cuando se pasa de hechos oficialmente desclasificados a cifras, responsabilidades individuales y reconstrucciones que descansan principalmente en archivos cubanos de acceso limitado. Es precisamente en esa frontera entre documento comprobable y narrativa estatal donde la obra de Escalante se vuelve más polémica.
LOS 634 COMPLOTS CONTRA FIDEL CASTRO
Escalante es probablemente más conocido internacionalmente por una cifra: 634 complots para asesinar a Fidel Castro. Durante años sostuvo que la Seguridad del Estado había identificado cientos de planes organizados o alentados desde Estados Unidos, y en 2023 publicó 634 maneras de matar a Fidel. Posteriormente seleccionó diez de los casos que consideraba más importantes para otro volumen.
La propia explicación editorial divide la cifra entre complots considerados suficientemente avanzados como para producir detenciones o procesos y otros detectados durante fases de planificación. La cifra, sin embargo, pertenece fundamentalmente al trabajo de Escalante y a los archivos de inteligencia cubanos; no existe una investigación estadounidense pública que haya verificado independientemente los 634 casos uno por uno.
Eso no significa que los intentos de asesinato contra Castro sean una invención. El Comité Church del Senado estadounidense documentó operaciones de la CIA que involucraron incluso contactos con figuras del crimen organizado para eliminar al gobernante cubano. Lo discutible es si todos los cientos de episodios catalogados por Escalante pueden considerarse complots independientes, reales y operativamente viables.
JFK: LA TEORÍA MÁS EXPLOSIVA DE ESCALANTE
El episodio que convirtió a Escalante en personaje de controversia internacional llegó en 1993. En un documental de la televisión cubana sostuvo que Kennedy había sido asesinado por una conspiración que involucraba a miembros del crimen organizado y exiliados cubanos anticastristas, y mencionó nombres concretos de supuestos tiradores.
Escalante señaló a Eladio del Valle y Herminio Díaz García junto a presuntos integrantes del crimen organizado estadounidense. Además, situó alrededor de la operación a personajes relacionados con la CIA, la mafia y organizaciones del exilio. Sin embargo, Reuters, en una información publicada por The Washington Post, subrayó un detalle decisivo: Escalante no reveló públicamente las pruebas que demostraran aquellas identificaciones.
La Comisión Warren había concluido que Lee Harvey Oswald disparó contra Kennedy y que no encontró evidencia de una conspiración. Décadas después, otros investigadores oficiales cuestionaron algunos aspectos del caso, y nuevas desclasificaciones han revelado que la CIA ocultó información sobre sus vínculos con determinados grupos anticastristas que tuvieron contacto con Oswald. Eso mantiene vivos numerosos interrogantes, pero los documentos más recientes tampoco establecen que la teoría específica de Escalante sobre los tiradores sea un hecho probado.
LA BATALLA POR CULPAR O EXCULPAR A CUBA
Una parte central de la obra de Escalante busca demostrar que Cuba no tuvo responsabilidad en el asesinato de Kennedy y que, por el contrario, existieron operaciones destinadas a crear indicios que apuntaran hacia La Habana. Su libro Más allá de la duda razonable: El asesinato de Kennedy y la inculpación a Cuba desarrolla precisamente esa interpretación.
En ese terreno, Escalante no funciona solamente como antiguo oficial que recuerda acontecimientos. Se convierte en autor de una versión histórica que intenta responder a décadas de sospechas sobre Oswald, México, la embajada cubana, la CIA y los grupos anticastristas. Esa condición simultánea de protagonista, investigador y defensor de la posición estatal cubana es una de las principales razones para leer su obra con interés, pero también con cautela.
ORDOQUI Y EDITH GARCÍA BUCHACA: CUANDO SUS LIBROS CONTRADICEN AL PROPIO SISTEMA
Uno de los episodios más inesperados de la producción de Escalante aparece en el caso de Joaquín Ordoqui y Edith García Buchaca, dos históricos dirigentes comunistas cubanos castigados durante los años sesenta bajo sospechas de contactos con la CIA. Décadas después, Escalante escribió que una operación de desinformación estadounidense había fabricado información falsa contra el matrimonio y la había hecho llegar a Cuba a través de México.
Documentación desclasificada estadounidense citada en estudios posteriores respalda la existencia de una operación para sembrar información contra Ordoqui. El aspecto políticamente incómodo es evidente: si la reconstrucción de Escalante es correcta, la propia dirigencia cubana habría sido engañada por la CIA y habría castigado durante años a dos de sus cuadros históricos basándose, al menos parcialmente, en una operación de desinformación enemiga.
Críticos del Gobierno cubano han señalado que el libro equivale a una rehabilitación tardía que nunca vino acompañada de una reparación oficial completa. Las autoridades cubanas no realizaron una reivindicación pública de gran alcance comparable al castigo que habían sufrido Ordoqui y García Buchaca, lo que convirtió el caso en una de las contradicciones más interesantes dentro de la propia obra de Escalante.
¿HISTORIADOR, TESTIGO O PROPAGANDISTA?
Ese es probablemente el gran debate alrededor de Fabián Escalante. Su acceso a archivos y protagonistas reales es indiscutiblemente valioso: estuvo dentro de la Seguridad del Estado, participó en reuniones internacionales sobre la Crisis de los Misiles y dedicó décadas a investigar operaciones de la CIA contra Cuba. Sus libros contienen nombres, estructuras y episodios que, en varios casos, coinciden con documentación estadounidense desclasificada.
Al mismo tiempo, escribe desde una posición política inequívoca y suele presentar el conflicto entre Estados Unidos y Cuba desde el marco interpretativo del Gobierno cubano. Incluso críticos desde dentro de la propia izquierda cubana han acusado posteriormente a Escalante de utilizar categorías tradicionales de Seguridad del Estado —CIA, contrarrevolución, desestabilización— para interpretar protestas o movimientos cívicos contemporáneos sin aportar siempre evidencia pública suficiente.
Por eso sus textos tienen doble valor: son documentos producidos por alguien que estuvo dentro del aparato, pero también son parte de la batalla política e histórica de ese mismo aparato por explicar su propia actuación.
DEL G-2 A LOS LIBROS
Tras retirarse en 1996, Escalante convirtió su experiencia acumulada en una prolífica producción editorial. Entre sus obras figuran The Secret War, Operación Mangosta, Acción Ejecutiva, 1963: El Complot, Operación ZR/Rifle, Proyecto Cuba y libros dedicados específicamente a los intentos de asesinato contra Fidel Castro.
En 2025 apareció además Operación Exterminio, presentado como una reconstrucción de medio siglo de actividades de espionaje, subversión, sabotaje y planes de asesinato atribuidos por el autor a la CIA. Esa continuidad demuestra que, incluso décadas después de dejar el servicio activo, Escalante siguió desempeñando un papel en la elaboración de la memoria oficial cubana de la Guerra Fría.
LOS SECRETOS QUE SIGUEN SIN PODER CONTRASTARSE
La gran dificultad para evaluar definitivamente a Escalante es que buena parte del archivo cubano permanece cerrado. Cuando utiliza documentos estadounidenses desclasificados, sus afirmaciones pueden contrastarse. Cuando cita expedientes internos de la Seguridad del Estado, agentes infiltrados o investigaciones cubanas nunca publicadas íntegramente, el lector depende en gran medida de su interpretación.
Esa asimetría documental afecta especialmente a los 634 complots, a algunos nombres atribuidos al asesinato de Kennedy y a diversas operaciones clandestinas que aparecen en sus libros. Escalante puede haber tenido acceso a información que nunca llegó al dominio público, pero el hecho de haberla conocido personalmente no sustituye la necesidad de evidencia verificable cuando se intenta convertir una versión de inteligencia en historia establecida.
EL GENERAL QUE CONVIRTIÓ LOS ARCHIVOS EN UNA GUERRA POR LA MEMORIA
Fabián Escalante terminó haciendo algo poco común entre antiguos jefes de inteligencia: publicar durante décadas su interpretación de aquello que había combatido desde dentro. Esa obra permite asomarse a la mentalidad, prioridades y métodos de la contrainteligencia cubana, incluso cuando no todas sus conclusiones pueden comprobarse externamente.
Por eso su legado resulta inseparable de la controversia. Para el Gobierno cubano y sus partidarios, es uno de los principales cronistas de las operaciones clandestinas emprendidas contra la Revolución. Para sus críticos, es también un antiguo jefe de Seguridad que convirtió archivos de acceso restringido y episodios reales de hostilidad estadounidense en una interpretación donde casi todas las grandes conspiraciones terminan confirmando la narrativa de La Habana.
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