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Cuba Bajo Lupa

EE.UU. HABRÍA EXIGIDO LA SALIDA DE DÍAZ-CANEL DEL PODER Y ESO FRENÓ LAS NEGOCIACIONES DE LA ADMINISTRACIÓN TRUMP CON “EL CANGREJO”

Las conversaciones entre funcionarios estadounidenses y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como “El Cangrejo”, habrían llegado a un punto muerto después de que Washington planteara la salida de Miguel Díaz-Canel de la Presidencia de Cuba. La revelación aparece en una investigación publicada este 5 de octubre por The Atlantic y firmada por el periodista Kevin Sieff.

El dato es relevante porque coloca el problema del poder político en el centro de los contactos entre ambas partes. Hasta ahora, buena parte de las especulaciones alrededor de esos intercambios había girado en torno a sanciones, petróleo, reformas económicas o eventuales acuerdos, pero el nuevo reporte sugiere que Washington habría llevado la discusión hasta una condición mucho más delicada para la cúpula cubana: quién ocupa la Presidencia.

LA EXIGENCIA SOBRE DÍAZ-CANEL HABRÍA MARCADO EL PUNTO MUERTO

The Atlantic señala que los contactos con el nieto de Raúl Castro se estancaron después de que Estados Unidos exigiera que Díaz-Canel dejara el cargo. El artículo no identifica públicamente qué funcionario estadounidense transmitió esa condición, ni ofrece una respuesta textual atribuida a Rodríguez Castro, por lo que el episodio debe tratarse como una revelación periodística y no como una posición anunciada oficialmente por la Casa Blanca o el Departamento de Estado.

Ese matiz es fundamental. Que un medio como The Atlantic publique que esa fue la causa del estancamiento no equivale a que Washington haya hecho pública una demanda formal de cambio presidencial en Cuba. Lo que sí revela el reportaje es que la continuidad de Díaz-Canel habría sido suficientemente importante como para bloquear cualquier avance posterior.

“EL CANGREJO” SE CONVIRTIÓ EN UN INTERLOCUTOR INESPERADO

Raúl Guillermo Rodríguez Castro pasó durante 2026 de ser una figura relativamente discreta dentro del círculo familiar de Raúl Castro a convertirse en uno de los nombres más observados en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Reportes anteriores ya habían señalado su participación en contactos con Washington, mientras medios internacionales lo han descrito como una figura ligada a la seguridad personal de su abuelo y al núcleo de poder cubano.

Su aparición como interlocutor resulta especialmente significativa porque no representa a la oposición ni a sectores reformistas externos al sistema, sino a una familia estrechamente vinculada al poder desde 1959. Esa circunstancia alimentó durante meses interrogantes sobre si Estados Unidos estaba buscando una transición negociada con actores internos capaces de garantizar estabilidad y, al mismo tiempo, introducir cambios.

LAS EXPECTATIVAS EN MIAMI SE HAN ENFRIADO

El artículo de The Atlantic, titulado “Waiting on Marco”, describe además un notable cambio de ánimo dentro de sectores del exilio cubano en el sur de Florida. Después de la operación estadounidense que sacó del poder a Nicolás Maduro en Venezuela, muchos interpretaron aquel episodio como posible antecedente de una estrategia similar contra La Habana.

Nueve meses después, ese entusiasmo inicial se ha moderado. El medio señala que la atención militar estadounidense se desplazó hacia el conflicto con Irán, mientras la posibilidad de una operación de características similares en Cuba perdió fuerza. A eso se suma el estancamiento de las conversaciones diplomáticas y una retórica más cautelosa por parte de Marco Rubio respecto a una intervención directa.

EMPRESARIOS CUBANOAMERICANOS YA HACEN PLANES PARA UNA TRANSICIÓN

Mientras la política sigue empantanada, algunos sectores empresariales del exilio comenzaron a diseñar escenarios para una eventual Cuba posterior al comunismo. La Cuban-American National Chamber of Commerce creó 14 comités especializados, entre ellos uno dedicado a mercados financieros y una futura bolsa de valores, así como grupos centrados en infraestructura, comercio, logística y otras áreas económicas.

The Atlantic añade que uno de los integrantes de esa organización llegó a viajar a Cuba para inspeccionar terminales petroleras con vistas a posibles inversiones futuras. El propio sitio de la Cámara reconoce que sus comités buscan preparar recomendaciones para una eventual reconstrucción económica de una Cuba democrática y orientada al mercado, aunque admite que no existe todavía un plan integral listo para aplicarse.

EL PODER POLÍTICO SIGUE SIENDO EL NUDO CENTRAL

Todo esto ayuda a entender por qué la supuesta exigencia sobre Díaz-Canel tendría tanto peso. Negociar petróleo, inversión extranjera, sanciones o apertura económica puede permitir márgenes de maniobra, pero discutir quién continúa ocupando la Presidencia toca directamente la arquitectura política del sistema.

Si la información publicada por The Atlantic es correcta, el límite de las conversaciones apareció precisamente cuando Washington intentó pasar de reformas económicas a una modificación concreta de la estructura de poder. Eso explicaría por qué, pese a meses de contactos, no existe todavía un acuerdo visible ni una hoja de ruta pública.

La situación también muestra una paradoja. Washington parece dispuesto a hablar con figuras nacidas dentro del propio sistema, pero cualquier entendimiento de fondo tendría que resolver la cuestión que durante décadas ha definido el conflicto cubano: si se busca simplemente modificar el modelo económico o producir una transición política real.

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