Durante décadas, en la esquina de Consulado y Virtudes existió uno de los espacios más singulares de las artes escénicas cubanas: el Teatro Musical de La Habana, una institución en la que actores, músicos, bailarines y técnicos trabajaban conjuntamente para sostener una programación que llegó a atraer a numerosos espectadores.
Hoy aquella historia contrasta con el deterioro del inmueble. Cubaescena, portal oficial de las artes escénicas cubanas, ha reconocido el abandono de esa emblemática esquina y recuerda que el Teatro Musical funcionó allí desde 1962 hasta finales de la década de 1980. El cierre, relacionado inicialmente con problemas eléctricos y de seguridad, terminó convirtiéndose en definitivo.
UNA ESQUINA CON MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA TEATRAL
El valor del lugar comenzó mucho antes del Teatro Musical. En ese espacio funcionó desde comienzos del siglo XX el célebre Teatro Alhambra, estrechamente relacionado con el teatro vernáculo y la sátira cubana. Posteriormente apareció el cine-teatro Alkázar y, en 1962, el inmueble pasó a convertirse en sede del Teatro Musical de La Habana.
La institución desarrolló una compañía especializada en un género particularmente exigente: sus intérpretes debían combinar actuación, canto y baile.
Los testimonios de antiguos integrantes describen jornadas que comenzaban temprano con clases de canto, danza y actuación, continuaban con ensayos durante la tarde y podían terminar pasada la medianoche después de la función.
No era simplemente una sala donde ocasionalmente se presentaba un musical. Existía una estructura artística permanente dedicada al género.
UNA FÁBRICA DE ESPECTÁCULOS Y ARTISTAS
Por el Teatro Musical pasaron numerosos intérpretes, dramaturgos y directores que posteriormente ocuparon espacios importantes dentro de la cultura cubana.
Una figura fundamental fue Héctor Quintero, dramaturgo de obras emblemáticas como Contigo pan y cebolla. Fuentes oficiales de La Habana señalan que Quintero estuvo al frente del Teatro Musical durante 12 años.
José Milián también ejerció como director artístico durante la década de 1980, mientras Zenia Marabal estuvo vinculada a la dirección durante la etapa final de la institución.
El material testimonial disponible describe además dos espacios de representación. La sala principal acogía los grandes espectáculos, mientras una sala más pequeña, denominada Salón Alhambra, permitía propuestas experimentales y de menor formato.
Los antiguos responsables recuerdan funciones llenas y una intensa actividad artística. Pero también mencionan problemas acústicos, limitaciones técnicas y dificultades constantes para mantener funcionando el edificio.
¿POR QUÉ CERRÓ EL TEATRO MUSICAL DE LA HABANA?
Aquí aparece uno de los puntos más interesantes de la historia.
Cubaescena sitúa la trayectoria de la institución entre 1962 y 1989 y explica que el teatro fue cerrado para evitar un incendio debido a problemas eléctricos. Una información del portal oficial de La Habana habla, de manera más general, de problemas constructivos y ubica el cierre durante la década de 1990.
Los protagonistas entrevistados en el material aportado ofrecen una explicación todavía más específica: recuerdan deterioro en partes del sistema eléctrico que alimentaba la iluminación del escenario y una intervención de los bomberos que terminó provocando la clausura del inmueble.
Pero sus testimonios apuntan a algo que consideran más profundo.
Varios antiguos responsables sostienen que aquellas averías podían haberse solucionado y atribuyen la desaparición definitiva del proyecto a una combinación de negligencia administrativa, falta de gestión, cambios de dirección e incomprensión hacia el género musical.
Esa interpretación pertenece a quienes vivieron el proceso y no puede presentarse como una conclusión documental definitiva.
EL EDIFICIO CERRÓ, PERO EL PROBLEMA FUE MUCHO MAYOR
El golpe no terminó con la clausura física de la sala.
Sin una sede estable, artistas y trabajadores comenzaron a dispersarse hacia otras compañías y actividades. Hubo intentos posteriores de mantener vivo el grupo, incluso trabajando fuera del inmueble, pero la estructura que había permitido reunir bajo un mismo techo actuación, música y danza fue debilitándose.
Cubaescena ha descrito posteriormente al Teatro Musical de La Habana como una institución desaparecida de la escena cubana y ha cuestionado públicamente el abandono de una esquina con semejante peso histórico.
Ese es probablemente el aspecto más difícil de reducir a unas paredes deterioradas.
Consulado y Virtudes no perdió solamente un edificio. Cuba perdió una institución especializada que había creado durante décadas espectáculos, formado artistas y construido una tradición propia de teatro musical.
Los problemas eléctricos pueden explicar por qué un día cerraron las puertas.
Más de tres décadas después, resulta mucho más difícil explicar por qué nunca volvieron a abrirse.
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