DE CUANDO FIDEL CASTRO LE REGALÓ UNA ISLA DE CUBA A LOS ALEMANES COMO SI TODO EL PAÍS FUESE SU PREDIO PRIVADO
En 1972, mientras millones de cubanos vivían bajo restricciones y control estatal, Fidel Castro protagonizó uno de los episodios más insólitos de la Guerra Fría: anunció la entrega simbólica de un cayo cubano a la República Democrática Alemana.
El 18 de agosto de aquel año, el noticiero estatal de Alemania Oriental, Aktuelle Kamera, transmitió una ceremonia presentada como la transferencia de soberanía de Cayo Blanco del Sur, un pequeño islote ubicado en el Golfo de Cazones.
Desde entonces pasó a llamarse Cayo Ernesto Thälmann, en homenaje al antiguo líder del Partido Comunista de Alemania, ejecutado en 1944 por orden de Adolf Hitler.
Durante el acto también fue inaugurado un busto de Thälmann, con la presencia del embajador alemán, funcionarios de la RDA y representantes cubanos. 🎥
La historia había comenzado semanas antes, durante una visita oficial de Fidel Castro a Berlín Oriental, invitado por Erich Honecker, máximo dirigente del Partido Socialista Unificado de Alemania.
Según los relatos de la época, Honecker le regaló a Castro un oso de peluche, símbolo de Berlín.
Castro respondió señalando un mapa de Cuba y ofreciendo algo bastante más grande: una isla caribeña.
El cayo, de unos siete kilómetros cuadrados, sería rebautizado en memoria de Thälmann. Incluso una de sus playas recibiría el nombre de “Playa RDA”.
🌴 El proyecto era convertir aquel territorio deshabitado en un supuesto destino turístico comunista para los ciudadanos de Alemania Oriental.
Pero el sueño propagandístico nunca pasó del anuncio.
Los problemas económicos impidieron desarrollar instalaciones turísticas, y ningún ciudadano común de la RDA llegó a disfrutar de aquel lejano “paraíso socialista”.
La contradicción resultaba evidente: se hablaba de vacaciones en el Caribe para una población que apenas podía viajar libremente dentro del bloque comunista.
Con los años, el cayo cayó en el olvido.
Tras la reunificación alemana en 1990, el nuevo gobierno de Alemania no reclamó el territorio. Más tarde se explicó que el supuesto regalo no había constituido una cesión jurídica real, sino un gesto político y simbólico entre dos gobiernos aliados.
Es decir, Cuba nunca dejó oficialmente de ejercer soberanía sobre la isla.
🌊 Mientras la propaganda desaparecía, el islote continuó deshabitado, rodeado de arrecifes y especies marinas. El proyecto turístico comunista jamás se materializó y el busto dedicado a Ernst Thälmann terminó destruido por un huracán.
Hoy, solo algunos restos recuerdan aquella ceremonia.
El episodio refleja una época en la que el régimen cubano utilizaba el territorio, los símbolos nacionales y hasta la geografía de la isla como piezas de propaganda internacional.
🔥 Lo que se presentó como un gesto de amistad revolucionaria terminó convertido en una promesa vacía, una isla abandonada y otra página absurda del castrismo.

