CUBANOS VUELVEN AL ACEITE DE COROJO ANTE PRECIOS DEL ACEITE DE SOYA QUE NO APARECE Y SUS PRECIOS ANDAN POR LAS NUBES
En comunidades rurales de Cuba, una práctica que parecía pertenecer a otras épocas ha regresado a la vida cotidiana: hacer aceite de corojo en Cuba de manera artesanal. Familias recolectan el fruto, rompen su dura cáscara, tuestan y muelen la almendra y finalmente extraen un aceite que utilizan para cocinar.
El regreso a este proceso no responde a una moda gastronómica. El material testimonial consultado lo vincula directamente con el encarecimiento del aceite comestible, que en determinados espacios informales estaría alcanzando entre 3.500 y 4.000 pesos por litro. CubaBajoLupa no ha podido verificar de manera independiente que ese rango sea uniforme en todo el país, pero las propias autoridades han reconocido fuertes incrementos y han comenzado a intervenir en algunos territorios.
La comparación con los ingresos ayuda a dimensionar el problema. Desde julio de 2026, el salario mínimo cubano quedó establecido oficialmente en 3.210 pesos mensuales, con efecto en los pagos realizados desde agosto. Eso significa que un litro vendido a 3.500 o 4.000 pesos costaría más que todo el salario mínimo mensual.
EL PRECIO DEL ACEITE EMPUJA A BUSCAR ALTERNATIVAS
El problema aparece en medio de profundas modificaciones en la política de precios. Entre las transformaciones económicas implementadas este año, el denominado Eje Temático 13 descentralizó la facultad de aprobar precios mayoristas y minoristas y modificó los mecanismos utilizados para su formación.
La descentralización, sin embargo, coincide con una realidad particularmente complicada para hogares cuyos ingresos no han crecido al mismo ritmo que determinados productos.
El caso del aceite llegó incluso a provocar respuestas institucionales. El Consejo de la Administración Municipal de Guantánamo estableció a comienzos de agosto un precio de referencia de 2.200 pesos por unidad, después de estudiar los costos asociados a su comercialización. Las autoridades aclararon que no se trataba formalmente de un precio topado y anunciaron medidas contra incumplimientos e ilegalidades.
Incluso ese precio de referencia representa cerca del 69% del salario mínimo nacional de 3.210 pesos.
ACEITE DE COROJO EN CUBA: OCHO HORAS PARA PRODUCIR UN LITRO
Frente al costo del producto industrial, algunas familias han encontrado una alternativa en los corojales.
El corojo procede de palmas presentes tradicionalmente en Cuba y su almendra permite obtener una sustancia grasa conocida históricamente como manteca o aceite de corojo. Fuentes botánicas documentan además su utilización como cultivo oleaginoso y su presencia particularmente importante en zonas del oriente cubano.
El procedimiento descrito por las familias consultadas está muy lejos de ser sencillo. Primero recolectan los frutos secos, posteriormente rompen uno por uno para sacar las almendras, las tuestan ligeramente y las pasan por un molino manual. La pasta resultante se mezcla con agua caliente y se exprime utilizando una tela.
Finalmente, el líquido obtenido vuelve al fuego hasta que el agua se evapora y queda el aceite.
Según los testimonios recogidos, todo el proceso puede consumir alrededor de ocho horas para producir aproximadamente un litro.
Yoniel, de 26 años, explica que recibe unos 500 pesos por media jornada desyerbando fincas. Bajo esa referencia, conseguir mediante trabajo remunerado los 4.000 pesos que podría costar un litro implicaría alrededor de cuatro jornadas completas.
Su conclusión resume la economía doméstica detrás de esta práctica: dedicar un día a fabricar aceite puede resultar preferible a dedicar varios días de salario a comprarlo.
CUANDO EL SALARIO SUBE, PERO EL PRODUCTO SIGUE FUERA DE ALCANCE
El Gobierno presentó el aumento salarial de julio como parte de sus Transformaciones Económicas y Sociales. El mínimo pasó de 2.100 a 3.210 pesos, y las autoridades reconocieron que la medida seguía siendo insuficiente frente a las condiciones económicas existentes.
El caso del aceite muestra con particular crudeza ese límite. Un incremento nominal de los salarios pierde buena parte de su efecto cuando determinados alimentos esenciales pueden consumir una proporción enorme —o incluso superar— el ingreso mensual de un trabajador.
Por eso, detrás de las piedras, los molinos domésticos y las horas empleadas en romper corojos hay una historia económica mucho mayor. No se trata únicamente de recuperar una tradición campesina: es una estrategia familiar para reducir la dependencia de un mercado que para muchos bolsillos se ha vuelto inaccesible.
El corojo tiene además una curiosa carga histórica en Cuba. Después de la Protesta de Baraguá de 1878, al fijarse el día 23 para reanudar las hostilidades contra España, el capitán mambí Fulgencio Duarte pronunció la frase que quedó incorporada al habla popular cubana: “El 23 se rompe el corojo”.
Casi siglo y medio después, el significado es muy diferente y mucho más doméstico: hoy hay cubanos rompiendo literalmente el corojo para poder poner aceite en la sartén.
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