ANCIANOS DUERMEN FRENTE A UN BANCO EN SANTIAGO DE CUBA PARA INTENTAR COBRAR SUS PENSIONES
Una denuncia difundida desde Santiago de Cuba muestra una escena que resume las dificultades que enfrentan numerosos jubilados para acceder a sus pensiones: varias personas pasan la madrugada acostadas frente a una sucursal bancaria con la esperanza de conservar un lugar y cobrar al día siguiente.
La publicación fue realizada en Facebook por Yasser Sosa Tamayo, quien aseguró haber encontrado la escena alrededor de la una de la madrugada. La fotografía compartida muestra a varias personas tendidas en el piso, junto a mantas, bolsas y botellas, en las inmediaciones de una instalación bancaria cerrada. CubaBajoLupa no ha podido verificar independientemente la identidad o circunstancias particulares de cada persona que aparece en la imagen.
ANCIANOS DUERMEN FRENTE AL BANCO PARA NO PERDER SU TURNO
Según la denuncia, los adultos mayores habían llegado durante la noche para intentar cobrar sus “chequeras”, término utilizado tradicionalmente en Cuba para referirse al pago de jubilaciones y pensiones.
Sosa cuestionó que personas de edad avanzada tengan que permanecer durante horas —e incluso dormir en el suelo— simplemente para intentar acceder al dinero que necesitan para cubrir sus necesidades cotidianas.
La imagen no constituye un caso aislado dentro del contexto actual de la banca cubana. Durante los últimos meses se han documentado situaciones similares en distintas provincias, relacionadas con la falta de efectivo, los prolongados apagones y la saturación de las sucursales.
En julio, CubaNet documentó en Holguín a pensionados que llegaban desde la noche anterior y dormían sobre cartones frente a los bancos para conseguir uno de los primeros turnos de la mañana. RTVE informó ese mismo mes que la escasez de dinero físico había convertido el cobro de las pensiones en una carrera de obstáculos para muchos jubilados.
EL PROBLEMA YA HA SIDO RECONOCIDO POR EL PROPIO SISTEMA BANCARIO
La situación resulta especialmente significativa porque las dificultades para cobrar pensiones ya han sido reconocidas por instituciones estatales.
En julio, el Banco de Crédito y Comercio (Bandec) en Santiago de Cuba admitió públicamente que los jubilados tenían que madrugar para realizar determinados trámites y señaló que los apagones podían dejar oficinas sin electricidad. Como alternativa, promovió el servicio conocido como Caja Extra, que permite entregar efectivo a través de determinados establecimientos fuera de las oficinas bancarias.
Más recientemente, el Banco Central de Cuba informó que las sucursales debían ampliar horarios, buscar alternativas cuando no hubiera electricidad y coordinar la presencia de trabajadores sociales o autoridades comunitarias en los centros de pago. También anunció que se revisarían las condiciones para llevar el pago a domicilio a pensionados que, por razones de salud, no pudieran acudir personalmente.
Ese planteamiento oficial contrasta directamente con la escena denunciada en Santiago: si los mecanismos de asistencia funcionan correctamente, un adulto mayor con limitaciones físicas no debería necesitar pasar la madrugada en una acera para acceder a su pensión.
SANTIAGO DE CUBA YA BUSCA ALTERNATIVAS ANTE LAS COLAS
La gravedad del problema ha impulsado otras iniciativas en la propia provincia. En agosto se informó que 17 actores económicos no estatales comenzaron a participar en mecanismos para facilitar pagos de pensiones en zonas como Versalles, Ciudamar y El Caney, con el objetivo de reducir la presión sobre las sucursales.
También se habilitó en el centro de Santiago de Cuba un espacio para ofrecer café, galletas y bebidas a adultos mayores mientras esperaban para cobrar en una sucursal del Banco Popular de Ahorro. La iniciativa pretendía aliviar la espera, pero su propia existencia evidencia hasta qué punto las largas colas de pensionados se han convertido en parte de la rutina.
MÁS QUE UNA COLA: UN PROBLEMA DE PROTECCIÓN SOCIAL
La denuncia de Sosa introduce además otra pregunta: qué ocurre con la red de asistencia social antes de que un jubilado termine durmiendo frente a un banco.
El problema no se limita a organizar mejor una fila. Para personas mayores que viven solas, tienen dificultades para caminar o dependen exclusivamente de su pensión, cada viaje fallido al banco puede significar transporte, horas de espera, exposición al calor y regresar a casa sin efectivo.
La fotografía de Santiago de Cuba convierte esa crisis en algo difícil de esconder: personas acostadas frente a una puerta bancaria cerrada, esperando que llegue el día para intentar cobrar un dinero que ya les pertenece.
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