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Cuba Bajo Lupa

APAGONES EN HOSPITAL PEDIÁTRICO DE HOLGUÍN OBLIGAN A ENFERMERAS A RESPIRAR POR RECIÉN NACIDOS CON SUS PROPIAS MANOS

Los apagones en el Hospital Pediátrico de Holguín están poniendo a prueba la capacidad de respuesta de los servicios de cuidados neonatales. Enfermeras del Centro Regional de Cirugía Neonatal deben utilizar dispositivos manuales para mantener la respiración de bebés conectados a ventiladores mecánicos cuando falla el suministro eléctrico y los sistemas de respaldo no responden de inmediato.

La situación fue documentada en el reportaje Salvar a oscuras, del periodista Reynaldo Zaldívar Osorio, publicado por el periódico oficial Juventud Rebelde. Los testimonios revelan un problema especialmente delicado: en una unidad donde se atiende a recién nacidos vulnerables, la continuidad de equipos esenciales puede depender de trabajadores que intervienen contrarreloj.

APAGONES EN EL HOSPITAL PEDIÁTRICO DE HOLGUÍN: CUANDO LAS MÁQUINAS DEJAN DE FUNCIONAR

El Centro Regional de Cirugía Neonatal funciona dentro del Hospital Pediátrico Octavio de la Concepción y de la Pedraja, una institución sanitaria de Holguín que atiende a pacientes infantiles con necesidades médicas complejas.

Entre sus trabajadores se encuentran las enfermeras Diana Rodríguez y Liliannis Carballo, cuyos testimonios permiten comprender las dificultades de asistir a recién nacidos que necesitan ventilación mecánica.

Cuando se interrumpe la electricidad y los equipos quedan sin alimentación, el personal debe recurrir a un resucitador manual, conocido como Ambú, para continuar proporcionando aire al paciente.

El dispositivo consiste en una bolsa de ventilación que los profesionales comprimen con las manos. Se utiliza como medida de emergencia mientras se recupera el funcionamiento de los sistemas eléctricos o se establece otra alternativa segura de soporte respiratorio.

El problema es que el procedimiento exige atención constante y personal capacitado. Además, la duración de la interrupción no siempre puede preverse, especialmente cuando los generadores de emergencia presentan dificultades para entrar en funcionamiento.

El reportaje describe una situación que involucra al pequeño Leonardo, uno de los recién nacidos atendidos en el servicio. Ante un corte eléctrico, las enfermeras deben utilizar iluminación auxiliar y ventilación manual para responder a la interrupción del funcionamiento de los equipos.

EL TESTIMONIO DE DOS ENFERMERAS QUE ENFRENTAN LOS APAGONES

Diana Rodríguez, de 28 años, acumula ocho años de experiencia en el centro. Sin embargo, todavía recuerda con angustia su primera emergencia relacionada con una interrupción eléctrica.

La profesional explicó a Juventud Rebelde que acababa de graduarse cuando ocurrió aquel episodio. La inesperada pérdida de electricidad mientras atendía a un paciente crítico le provocó una reacción de miedo y tensión que, según reconoció, nunca ha olvidado.

Su experiencia refleja la distancia que puede existir entre la formación sanitaria y las situaciones extremas que deben enfrentar los trabajadores cuando fallan recursos indispensables.

Liliannis Carballo, de 32 años y especialista en Neonatología, relató otro episodio que obligó al personal a trasladar a un paciente hacia una zona del hospital donde todavía existía suministro eléctrico.

Según explicó, la interrupción se prolongó durante más de una hora, lo que hizo necesario reorganizar la atención para preservar la seguridad del recién nacido.

Estos testimonios muestran que las consecuencias de un apagón hospitalario no se limitan a la oscuridad. También obligan a modificar procedimientos y movilizar recursos humanos en circunstancias que pueden resultar especialmente difíciles para pacientes en estado crítico.

LOS VENTILADORES NO SON LOS ÚNICOS EQUIPOS EN RIESGO

En una unidad neonatal, el funcionamiento estable de la electricidad es indispensable para diferentes procedimientos de atención médica.

Los ventiladores mecánicos permiten mantener la respiración de pacientes que no pueden hacerlo adecuadamente por sí mismos. Las incubadoras, por su parte, contribuyen a conservar condiciones térmicas controladas, fundamentales para numerosos bebés prematuros.

Una interrupción prolongada también puede afectar equipos de monitorización y dispositivos utilizados para administrar medicamentos o líquidos por vía intravenosa.

Aunque existen procedimientos alternativos de emergencia, estos no sustituyen indefinidamente la necesidad de disponer de equipos médicos funcionando bajo condiciones seguras.

Por eso, el funcionamiento del sistema eléctrico de respaldo constituye una parte esencial de la protección hospitalaria, especialmente en áreas de cuidados intensivos y neonatología.

GENERADORES ENVEJECIDOS Y UNA ALARMA FABRICADA CON PIEZAS DE RADIO

Uno de los aspectos más preocupantes del reportaje es el estado de los sistemas eléctricos del hospital.

La instalación dispone de dos vías de alimentación y equipos destinados a responder cuando se interrumpe el suministro habitual. Uno de esos sistemas debería activarse automáticamente aproximadamente 30 segundos después de producirse un corte.

Sin embargo, el deterioro técnico y la antigüedad de determinados componentes pueden impedir que esa respuesta se produzca correctamente.

En esas circunstancias interviene Néstor Vélez Sinta, un trabajador con cuatro décadas de experiencia en el sector eléctrico que desde 2023 opera los grupos electrógenos de la institución.

El técnico atiende dos estaciones eléctricas separadas por un recorrido de aproximadamente 175 pasos. Cuando falla el suministro, debe desplazarse entre ellas para comprobar el problema y realizar las maniobras necesarias.

La situación llegó al punto de que fabricó una alarma artesanal utilizando piezas recuperadas de un radio para detectar con mayor rapidez las interrupciones eléctricas.

Su iniciativa demuestra capacidad técnica y compromiso profesional, pero también plantea una preocupación evidente: un hospital que atiende a recién nacidos críticos no debería depender de soluciones improvisadas para compensar deficiencias en sistemas eléctricos esenciales.

La alarma permite alertar al operador, pero no reemplaza la renovación de equipos ni garantiza por sí misma el restablecimiento inmediato del servicio.

LA CRISIS ELÉCTRICA TAMBIÉN HA AFECTADO A OTROS HOSPITALES CUBANOS

Lo ocurrido en Holguín no constituye el único antecedente de dificultades hospitalarias relacionadas con los apagones.

En agosto de 2025, autoridades eléctricas de Santiago de Cuba reconocieron que varios grupos electrógenos utilizados en hospitales estaban presentando fallas debido a períodos prolongados de funcionamiento.

Los equipos de emergencia, diseñados principalmente para responder a interrupciones temporales, habían sido sometidos a exigencias superiores a sus condiciones habituales de operación.

Posteriormente, durante el apagón nacional de septiembre de 2025, la viceministra de Salud Pública Carilda Peña García reconoció que fue necesario suspender operaciones programadas y determinados procedimientos no urgentes.

La funcionaria explicó que se habían activado protocolos de contingencia para proteger los servicios esenciales, incluidos los sistemas de oxígeno, los generadores y el abastecimiento de agua.

Estos antecedentes revelan un problema que trasciende una institución determinada: la capacidad de los hospitales cubanos para mantener servicios críticos cuando falla el Sistema Electroenergético Nacional.

¿QUIÉN RESPONDE POR LA SEGURIDAD ELÉCTRICA DE LOS HOSPITALES?

El reportaje de Juventud Rebelde reconoce el compromiso de profesionales que continúan atendiendo a sus pacientes a pesar de las limitaciones materiales.

Sin embargo, el reconocimiento a los trabajadores no debe sustituir el análisis de las responsabilidades institucionales.

El Ministerio de Salud Pública y las autoridades encargadas de la infraestructura hospitalaria tienen la obligación de organizar el mantenimiento, evaluar los riesgos y garantizar sistemas de respaldo adecuados para los servicios sanitarios prioritarios.

Las restricciones económicas y las dificultades para adquirir combustible o componentes pueden complicar esas tareas, pero resulta necesario conocer el estado técnico de los generadores, los programas de mantenimiento y las inversiones previstas para su recuperación.

La información disponible no permite determinar si alguna de las interrupciones descritas provocó lesiones o fallecimientos. Tampoco establece cuántas veces ha fallado el suministro del centro durante 2026.

Lo que sí documenta es la existencia de situaciones en las que los profesionales deben recurrir a medidas de emergencia porque la electricidad no llega de forma continua a equipos indispensables.

La dedicación de las enfermeras y los técnicos merece reconocimiento. Pero ninguna sociedad debería considerar normal que la seguridad de un recién nacido dependa de que una enfermera pueda ventilarlo manualmente mientras otro trabajador corre para recuperar la electricidad.

El verdadero desafío no consiste solamente en responder a cada apagón, sino en evitar que una interrupción del suministro se convierta en una amenaza adicional para quienes reciben atención médica.

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