ANCIANA BUSCA BONIATOS DESECHADOS EN LA HABANA Y DENUNCIA QUE NO TIENE COMIDA: “HOY ESTAMOS EN BLANCO”
Una nueva denuncia sobre el hambre en Cuba ha provocado preocupación por las condiciones de vida de los adultos mayores. Una anciana habanera fue grabada mientras buscaba boniatos desechados en la calle para alimentarse y ayudar a un compañero que, según su testimonio, permanece encamado. La mujer aseguró que la falta de dinero la ha llevado a situaciones extremas para conseguir algo de comer.
El testimonio fue difundido en Facebook por el activista y expreso político Silverio Portal y recogido el 26 de octubre de 2026 por el medio independiente CiberCuba. El caso coincide con un deterioro documentado del acceso a los alimentos, especialmente entre los jubilados y otros sectores de bajos ingresos.
ANCIANA BUSCA BONIATOS EN LA HABANA PARA PODER COMER
Durante el encuentro con Silverio Portal, la mujer explicó que había salido a buscar boniatos descartados porque no podía afrontar el precio de ese alimento en el mercado.
Según su relato, la libra de boniato alcanzaba los 130 pesos cubanos, una cantidad que, aunque pueda parecer pequeña de manera aislada, representa un obstáculo para quienes no cuentan con recursos suficientes para garantizar su alimentación diaria.
La situación descrita resulta particularmente preocupante porque el boniato ha sido tradicionalmente uno de los alimentos más accesibles dentro de la dieta cubana. Su encarecimiento ilustra cómo incluso productos agrícolas relativamente sencillos pueden quedar fuera del alcance de personas con ingresos muy limitados.
La anciana no reveló públicamente todos los detalles de su situación económica, pero relató que también debía preocuparse por la alimentación de un compañero que se encontraba postrado en cama.
Su testimonio muestra una realidad que va más allá de las dificultades para comprar determinados productos: la posibilidad de que una persona tenga que buscar entre alimentos desechados para resolver una necesidad tan elemental como comer.
“PUSE LOS HUESOS A HERVIR”: EL RELATO DE UNA COMIDA PREPARADA CON RESTOS DE POLLO
Uno de los momentos más conmovedores del testimonio fue cuando la mujer explicó cómo había logrado preparar una comida utilizando restos de pollo que recibió de una conocida.
Según relató, una persona había deshuesado varios pollos y le entregó los huesos sobrantes. Ante la falta de otros alimentos, decidió hervirlos con un poco de sazón y una pequeña cantidad de arroz para preparar un caldo.
La anciana aseguró que no sentía vergüenza de explicar lo ocurrido, porque aquella preparación había sido la única alternativa disponible para alimentarse.
También relató que, en otra ocasión, tuvo que enviar a su hijo a casa de una familiar para que pudiera comer, ya que en su vivienda no tenían alimentos.
Cuando Silverio Portal le preguntó si había podido comer durante aquella jornada, la respuesta fue breve y reveladora: “Hoy estamos en blanco. En blanco”.
La declaración resume la gravedad de la situación denunciada. No se trataba solamente de reducir las porciones o sustituir determinados productos, sino de afrontar un día sin disponer de comida, según el relato de la propia mujer.
EL HAMBRE EN CUBA AFECTA ESPECIALMENTE A LOS ADULTOS MAYORES
Aunque la experiencia de esta anciana corresponde a un caso particular, investigaciones independientes han documentado dificultades alimentarias extendidas entre la población cubana.
La Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria En Cuba Hay Hambre 2025, presentada en mayo de 2026 por Food Monitor Program y Cuido60, recogió 2.513 respuestas válidas entre mayo y julio de 2025 en las 16 provincias del país.
Entre sus principales resultados, el 33,9 % de los encuestados declaró que al menos un integrante de su hogar se había acostado con hambre por falta de alimentos durante los 30 días anteriores.
La situación fue especialmente preocupante entre las personas mayores de 60 años. En ese grupo, el 55,6 % reportó una pérdida considerable o total de acceso a los alimentos, mientras que el 53 % afirmó destinar todos sus ingresos a la alimentación.
Estas cifras proceden de una encuesta independiente y no deben confundirse con estadísticas oficiales de toda la población. Sin embargo, aportan un contexto relevante para comprender las dificultades que enfrentan numerosos hogares cubanos.
La investigación también identificó problemas relacionados con el acceso a medicamentos, los apagones y la disponibilidad de agua, factores que pueden agravar la vulnerabilidad de los ancianos.
LAS PENSIONES Y EL AUMENTO DE LOS PRECIOS AGRAVAN LA SITUACIÓN
Las dificultades alimentarias están estrechamente relacionadas con la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos en moneda nacional.
Como referencia, una pensión de 4.000 pesos mensuales permitiría comprar aproximadamente 30 libras de boniato a un precio de 130 pesos por libra, siempre que se destinara la totalidad del dinero exclusivamente a ese producto.
El ejemplo no representa una canasta alimentaria real, pero permite dimensionar la presión que pueden ejercer los precios sobre los ingresos de una persona jubilada. En ese cálculo ni siquiera se consideran otros alimentos, medicamentos, transporte, electricidad o productos de higiene.
Las estadísticas oficiales también reflejan el encarecimiento de la alimentación. Según la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), los precios de los alimentos y las bebidas no alcohólicas registraron un incremento interanual del 42,66 % en septiembre de 2026.
Ese aumento supera considerablemente la inflación general oficial del período, situada en el 28,44 %, y evidencia la presión que ejerce la comida sobre los presupuestos familiares.
UNA CRISIS QUE EXIGE RESPUESTAS PARA LOS MÁS VULNERABLES
La denuncia difundida por Silverio Portal no es la única que ha mostrado a ciudadanos cubanos buscando alimentos descartados para sobrevivir.
Durante 2026 se han publicado otros testimonios sobre personas que recogen productos alimenticios entre desechos o reutilizan restos de comida ante la imposibilidad de adquirirlos en el mercado.
Aunque cada caso requiere verificación individual, la repetición de estas situaciones y los resultados de las investigaciones sobre inseguridad alimentaria plantean interrogantes sobre la protección social disponible para los sectores más vulnerables.
La situación también adquiere una dimensión relacionada con los derechos humanos. El acceso a una alimentación adecuada constituye una necesidad fundamental, especialmente para personas mayores, enfermas o dependientes de cuidados.
Las dificultades económicas del país no eliminan la responsabilidad de las autoridades de evaluar y atender las situaciones de vulnerabilidad extrema. La eficacia de las políticas sociales debe medirse también por su capacidad para evitar que las personas más necesitadas queden sin alimentos.
El caso de esta mujer habanera resume una contradicción dolorosa: mientras los precios de productos esenciales continúan aumentando, hay ciudadanos que aseguran no disponer de recursos para comprar siquiera una libra de boniato.
Su testimonio no permite establecer cuántas personas atraviesan exactamente la misma situación, pero plantea una pregunta urgente: qué protección reciben los ancianos cubanos cuando sus ingresos no alcanzan para garantizar una alimentación básica.
La respuesta no debería depender únicamente de la solidaridad ocasional de vecinos o conocidos, sino de mecanismos de asistencia capaces de identificar y atender a quienes enfrentan necesidades alimentarias graves.
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