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Cuba Bajo Lupa

CARMEN PAUMIER GALÁN: LA CURANDERA DE BARACOA QUE ASEGURA ESCUCHAR UNA VOZ MISTERIOSA QUE LE REVELA CÓMO SANAR A LOS ENFERMOS

En una humilde vivienda cercana a la desembocadura del río Duaba, en Baracoa, vivía Carmen Paumier Galán, una sanadora popular cubana que aseguraba recibir instrucciones de una misteriosa voz femenina para preparar remedios con plantas medicinales. No se consideraba bruja, santera ni espiritista, sino una mujer que, según sus creencias, había recibido desde niña un don para ayudar a los demás.

Su extraordinaria historia quedó documentada el 3 de noviembre de 2014 por el periodista y fotógrafo Alain L. Gutiérrez Almeida, quien la entrevistó para OnCuba. Entonces Carmen tenía 82 años, continuaba atendiendo a personas que buscaban alivio para diferentes dolencias y afirmaba haber dedicado gran parte de su vida a una práctica que mezclaba oraciones, hierbas y una profunda fe religiosa.

CARMEN PAUMIER GALÁN Y EL MISTERIOSO DON QUE DESCUBRIÓ A LOS NUEVE AÑOS

La historia de Carmen comenzó a orillas del río Toa, en el municipio guantanamero de Baracoa, donde nació y pasó sus primeros años. Según su propio relato, tenía apenas nueve años cuando experimentó un episodio que terminaría marcando el resto de su existencia.

Aquel día, su madre la había enviado a realizar unas compras cuando, al pasar frente a una vivienda, escuchó los gritos de una niña. Movida por la curiosidad, entró en la casa y descubrió que la pequeña llevaba tiempo sin poder dormir ni alimentarse adecuadamente, mientras su madre intentaba tranquilizarla.

Carmen contó que, cuando estaba a punto de marcharse, escuchó una voz que le ordenaba realizar un despojo espiritual. Aunque desconocía cómo practicar ese procedimiento, recordó las oraciones católicas que había aprendido mediante un catecismo y decidió utilizarlas para intentar ayudar a la niña.

Tomó una rama de salvia, pidió un poco de perfume y comenzó a rezar mientras realizaba el ritual. Según su testimonio, la pequeña terminó tranquilizándose y se quedó dormida, un desenlace que Carmen interpretó como la primera manifestación de una capacidad espiritual desconocida hasta entonces.

Cuando regresó a su casa y explicó lo sucedido, su madre consideró que había recibido una gracia especial. Aquella interpretación familiar reforzó una creencia que acompañaría a Carmen durante el resto de su vida.

LA VOZ FEMENINA QUE, SEGÚN ELLA, LE INDICABA QUÉ REMEDIOS PREPARAR

Con el paso de los años, Carmen comenzó a elaborar tisanas y otros preparados tradicionales para sus hermanos y posteriormente para personas que acudían a solicitarle ayuda. Aseguraba haber atendido molestias de cabeza, brazos y piernas, así como situaciones que sus consultantes atribuían al llamado mal de ojo.

Sin embargo, lo que distinguía su testimonio de otras historias sobre medicina popular era la manera en que decía conocer los procedimientos que debía utilizar. Carmen afirmaba que una presencia invisible le indicaba las plantas necesarias y la forma de preparar cada remedio, sin explicarle cuál era la enfermedad de la persona atendida.

Según relató a OnCuba, aquellas indicaciones podían referirse a emplastos, zumos, cocimientos y otras preparaciones elaboradas con hierbas. También sostenía que la voz parecía pertenecer a una mujer, debido a su tono agudo, aunque aseguraba desconocer su identidad.

No existen evidencias independientes que permitan confirmar la existencia de esa comunicación sobrenatural ni los resultados terapéuticos que Carmen atribuía a sus procedimientos. Su relato constituye un testimonio de creencias personales y prácticas tradicionales, no una demostración médica de curaciones.

NO ERA BRUJA NI SANTERA: ASÍ EXPLICABA CARMEN SU ACTIVIDAD

Durante la entrevista, el periodista quiso saber cómo se definía Carmen dentro del amplio universo de las prácticas espirituales cubanas. Su respuesta fue especialmente reveladora porque rechazó que la clasificaran como bruja o espiritista.

Para ella, su actividad no consistía en comunicarse con los muertos ni en ejercer una religión específica. Consideraba que poseía una capacidad concedida para hacer el bien y que su responsabilidad era utilizarla cuando alguien necesitara ayuda.

Esta distinción resulta importante para comprender su historia. Aunque los despojos, las oraciones y los remedios con plantas aparecen en diversas tradiciones espirituales de Cuba, Carmen no se identificaba necesariamente con todas ellas y prefería interpretar sus experiencias desde su propia fe.

Su testimonio también refleja una costumbre arraigada en numerosas familias cubanas: acudir a personas mayores consideradas conocedoras de remedios tradicionales. En ese universo de saberes transmitidos de generación en generación conviven experiencias domésticas, creencias religiosas y conocimientos sobre el uso de determinadas plantas.

UNA SANADORA QUE HABÍA PERDIDO GRAN PARTE DE LA VISTA

Uno de los aspectos más humanos de aquella entrevista era la propia situación de salud de Carmen. En 2014 contó que había sido operada de la vista y que sus dificultades visuales le impedían realizar con normalidad algunas actividades cotidianas.

Pese a esas limitaciones, afirmaba que seguía recibiendo visitantes y que su esposo y una de sus hijas la ayudaban a localizar las plantas y los materiales que necesitaba. Su familia se había convertido así en un apoyo fundamental para continuar con aquellas prácticas.

Cuando el periodista le preguntó por qué no utilizaba sus supuestas capacidades para aliviar sus propios problemas, Carmen respondió que el don que creía poseer no estaba destinado a curarse a sí misma. Aquella explicación evidenciaba la manera en que conciliaba su fe con las limitaciones físicas que enfrentaba.

También reconoció que muchas personas acudían a ella antes de consultar con un médico. Lejos de recomendar que abandonaran la atención sanitaria, aseguró que insistía en que buscaran asistencia profesional, aunque algunos visitantes respondían que depositaban una mayor confianza en sus remedios.

DEL RÍO TOA AL DUABA: UNA VIDA FAMILIAR JUNTO AL MAR

La existencia de Carmen no estuvo definida únicamente por sus prácticas de sanación popular. A los 22 años se trasladó a las inmediaciones del río Duaba junto a su esposo, en una zona profundamente vinculada a la historia y las tradiciones de Baracoa.

Cuando fue entrevistada, llevaba 58 años de matrimonio y había formado una extensa familia. Era madre de cinco hijos —tres mujeres y dos hombres—, abuela de once nietos y bisabuela de otros diez descendientes.

Su hogar también era conocido por una actividad mucho más cotidiana: la elaboración de cucuruchos de coco, uno de los dulces tradicionales más representativos de Baracoa. De hecho, el periodista Alain L. Gutiérrez Almeida explicó que inicialmente había llegado hasta ella interesado en esos productos artesanales, preparados con miel y almendras.

Aquella coincidencia permitió descubrir una historia que probablemente habría permanecido fuera de los medios de comunicación. Detrás de una mujer dedicada a preparar dulces tradicionales aparecía una vida entera de experiencias espirituales, vínculos familiares y prácticas de medicina popular.

LAS CURANDERAS CUBANAS Y UNA TRADICIÓN QUE SOBREVIVE EN LA MEMORIA

La figura de Carmen Paumier Galán permite acercarse a una parte de la historia cotidiana de Cuba que pocas veces ocupa las páginas de los libros. En numerosos pueblos y comunidades han existido personas a las que sus vecinos acudían buscando un consejo, una oración o un preparado tradicional para afrontar determinadas molestias.

Estas prácticas forman parte del patrimonio cultural y de las creencias populares, pero conviene distinguir su significado histórico de su eficacia médica. Algunas plantas contienen sustancias con propiedades farmacológicas estudiadas, mientras que otras pueden resultar ineficaces o peligrosas si se utilizan sin conocimiento adecuado.

También es importante reconocer que la confianza depositada en una sanadora no demuestra que sus tratamientos hayan producido las mejorías relatadas por los consultantes. Los testimonios individuales no permiten establecer una relación científica entre un ritual, un remedio y la recuperación de una enfermedad.

El valor de historias como la de Carmen reside, precisamente, en comprender cómo vivían aquellas personas y qué representaban para sus comunidades. Su experiencia habla de la fe, la transmisión familiar de conocimientos y la necesidad humana de encontrar consuelo frente a la enfermedad y la incertidumbre.

¿QUÉ FUE DE CARMEN PAUMIER GALÁN?

La última referencia biográfica detallada localizada sobre Carmen corresponde a la entrevista publicada por OnCuba en noviembre de 2014. Desde entonces no se ha encontrado una fuente posterior suficientemente fiable que permita establecer si continúa viva o si siguió atendiendo personas después de aquella fecha.

Por tanto, sería incorrecto presentarla como una curandera actualmente en ejercicio o afirmar que ha fallecido sin disponer de documentación que lo confirme. Su historia debe entenderse como un retrato de una época concreta, construido a partir de sus declaraciones y del encuentro periodístico que permitió conocerla.

Más allá de las dudas que puedan despertar sus afirmaciones sobrenaturales, Carmen Paumier Galán representa una figura reconocible de la Cuba tradicional: la mujer a la que otros acudían buscando alivio, que conservaba sus creencias y que encontraba en la posibilidad de ayudar una razón para continuar adelante.

Su legado documental permanece en aquella conversación a orillas del Duaba, entre el aroma de los cucuruchos de coco y el recuerdo de una misteriosa voz que, según ella, la había acompañado desde los nueve años. Una historia de fe popular, familia y memoria que merece ser contada sin exageraciones ni certezas inventadas.

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