POBLADOS EN MATANZAS ACUMULAN ENTRE 40 Y 70 HORAS DE APAGÓN CONTINÚAS Y EL RÉGIMEN ADVIERTE QUE NO TIENE MANERA DE ENCENDERLOS
La crisis de los apagones en Matanzas alcanzó niveles extremos este sábado 17 de octubre de 2026, con comunidades que acumularon casi 70 horas sin electricidad y numerosos circuitos desconectados durante más de dos días consecutivos. La situación fue reconocida por funcionarios de la Empresa Eléctrica provincial, mientras el déficit de generación a escala nacional impide garantizar un suministro estable a la población.
Manuelito y Bolondrón figuran entre las localidades más afectadas, según los datos difundidos por el periodista Pedro Rizo Martínez, del telecentro estatal TV Yumurí. La emergencia no se limita a estas comunidades: Jagüey Grande, Pedro Betancourt, Colón y otros territorios presentan interrupciones extraordinariamente prolongadas, en medio de averías, sobrecargas y una disponibilidad de generación insuficiente.
MANUELITO Y BOLONDRÓN: CASI TRES DÍAS SIN ELECTRICIDAD
Los apagones en Matanzas han dejado a familias enteras sometidas a períodos de desconexión que superan ampliamente los cortes habituales. En Manuelito y Bolondrón, las interrupciones se acercaban a las 70 horas, mientras varios circuitos de Jagüey Grande acumulaban alrededor de 60 horas sin servicio.
Entre los más afectados aparecen los circuitos MK41, MK69, MK73 y MK51, además del circuito 5980, asociado al acueducto de Bolondrón. Este último constituye un punto especialmente sensible porque las interrupciones eléctricas pueden comprometer el funcionamiento de los sistemas de bombeo y distribución de agua.
Otros sectores tampoco escaparon a la emergencia. El circuito 4072 registraba 50 horas de interrupción, mientras zonas de Pedro Betancourt, Güira y Jagüey Grande alcanzaban aproximadamente 45 horas. Los Arabos, Colón Este, México y San José también superaban ese tiempo sin electricidad.
En Santa Marta, Boca de Camarioca, Perico y Carlos Rojas se reportaron 42 horas sin servicio; Versalles acumulaba 43 y Colón, 41. Limonar, Carbonera y sectores de la ciudad de Matanzas se acercaban igualmente a las 40 horas de desconexión.
Estas cifras corresponden al balance divulgado el 17 de octubre y no deben interpretarse como un registro actualizado de cada localidad para las horas posteriores.
LA EMPRESA ELÉCTRICA RECONOCE QUE MATANZAS SUPERÓ SU CAPACIDAD DE DESCONEXIÓN
Alejandro Rodríguez Aspeitía, director de la Empresa Eléctrica provincial, reconoció durante una reunión de trabajo que las afectaciones superaban los 130 megavatios (MW), una cifra identificada por las autoridades como el máximo de carga que podía desconectarse en la provincia.
El funcionario explicó que se intentaría priorizar el restablecimiento en los circuitos con mayor tiempo acumulado sin suministro, siempre que las condiciones meteorológicas y técnicas lo permitieran. Sin embargo, esa estrategia no supone una solución definitiva: cuando la electricidad disponible sigue siendo inferior a la demanda, devolver el servicio a una zona puede exigir desconectar otras.
Las autoridades también reconocieron problemas adicionales en circuitos que se disparan al intentar restablecer el suministro. En Manuelito y Bolondrón, por ejemplo, determinadas reposiciones requieren la intervención presencial de brigadas desplazadas desde Pedro Betancourt, lo que dificulta las operaciones.
La gobernadora Marieta Poey Zamora señaló que este tipo de situación se repetía en localidades como Manguito y Versalles, donde las sobrecargas provocaban nuevas desconexiones. Por su parte, el primer secretario del Partido Comunista en Matanzas, Mario Sabines Lorenzo, pidió buscar alternativas para reducir las afectaciones a la población.
La gravedad del escenario evidencia que el problema ya no consiste únicamente en organizar los horarios de apagones. También existen dificultades técnicas para mantener los circuitos funcionando cuando se intenta recuperar el servicio.
HOSPITALES, AGUA Y ALIMENTOS: LAS CONSECUENCIAS DE UN APAGÓN PROLONGADO
Permanecer cerca de tres días sin electricidad tiene consecuencias que van mucho más allá de la falta de iluminación. La refrigeración de alimentos, el abastecimiento de agua, las comunicaciones y el funcionamiento de equipos domésticos dependen de un suministro que debería ser continuo y seguro.
En los centros sanitarios, las interrupciones obligan a depender de sistemas alternativos de generación. Según la información atribuida al director eléctrico provincial, las plantas disponibles se estaban distribuyendo entre instalaciones con mayores necesidades, con períodos de servicio previstos de dos horas en determinadas condiciones.
No se ha informado cuántos hospitales carecieron efectivamente de electricidad ni si se produjeron interrupciones de servicios médicos esenciales. Sin embargo, la necesidad de administrar recursos energéticos limitados en instalaciones de salud demuestra hasta qué punto la emergencia puede afectar áreas especialmente sensibles.
Para las familias cubanas, un apagón de semejante duración significa también dificultades para conservar alimentos perecederos y utilizar ventiladores, bombas de agua o medios de comunicación. El problema resulta particularmente delicado para personas mayores, niños y pacientes que dependen de equipos eléctricos en sus hogares.
CUBA ENFRENTA UN DÉFICIT DE GENERACIÓN SUPERIOR A LOS 2.000 MW
La situación de Matanzas coincide con un panorama nacional igualmente crítico. Para el sábado 17 de octubre, la Unión Eléctrica pronosticó una disponibilidad de apenas 758 MW frente a una demanda máxima estimada de 2.800 MW durante el horario pico.
La diferencia representaba un déficit previsto de 2.042 MW, mientras la afectación calculada ascendía a 2.072 MW. Estas cifras son especialmente preocupantes porque la disponibilidad proyectada equivalía a poco más de una cuarta parte de la demanda máxima esperada.
Entre las unidades reportadas con averías figuraban las 1 y 2 de Santa Cruz, la unidad de la termoeléctrica Antonio Guiteras, la 2 de Felton y las 3 y 6 de Renté. Las limitaciones de la generación térmica se estimaban en 394 MW, a lo que se sumaban unidades fuera de servicio por mantenimiento.
La central Antonio Guiteras, ubicada precisamente en Matanzas, había salido del Sistema Electroenergético Nacional el 14 de octubre debido a un salidero en el economizador. Su indisponibilidad añadía presión a un sistema que ya enfrentaba importantes restricciones operativas.
UNA CRISIS QUE NO SE RESUELVE CAMBIANDO LOS HORARIOS DE LOS APAGONES
El deterioro del servicio eléctrico cubano no responde exclusivamente a una avería puntual. La coincidencia de unidades termoeléctricas indisponibles, limitaciones de generación y problemas en las redes de distribución revela dificultades que requieren soluciones estructurales.
En Matanzas, las autoridades han planteado redistribuir el poco suministro disponible y atender primero los circuitos más castigados. Son medidas que pueden aliviar temporalmente la situación de determinadas comunidades, pero no aumentan la capacidad nacional de generación ni eliminan las causas de las interrupciones.
La diferencia entre administrar la escasez y recuperar un servicio eléctrico confiable resulta fundamental. Mientras la demanda continúe superando ampliamente la electricidad disponible, las familias seguirán expuestas a apagones prolongados, incluso cuando las autoridades anuncien reajustes en los bloques de desconexión.
El caso de Manuelito y Bolondrón muestra la dimensión humana de una crisis que suele explicarse mediante megavatios y circuitos eléctricos. Detrás de cada cifra hay hogares que necesitan cocinar, conservar sus alimentos, disponer de agua y desarrollar su vida cotidiana sin permanecer días enteros a oscuras.
Para la población matancera, la respuesta pendiente no es únicamente cuándo regresará la electricidad a cada circuito, sino qué medidas concretas permitirán evitar que una interrupción de casi 70 horas vuelva a repetirse.
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