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Cuba Bajo Lupa

LO QUE CUBA GUARDA BAJO TIERRA: ARMAS, CENTROS DE MANDO Y RESERVAS EN LAS OBRAS MILITARES

Durante las tres primeras entregas de esta investigación examinamos el origen de los túneles de la defensa, los recursos que pudieron consumir y el deterioro que muestran actualmente numerosos refugios populares. Pero esa infraestructura visible representa solamente una parte del sistema subterráneo construido en Cuba durante décadas.

Las propias autoridades cubanas han reconocido públicamente que muchas obras soterradas fueron concebidas para proteger centros de dirección y mando, unidades militares, armamento, técnica de combate y reservas estratégicas. Algunas declaraciones oficiales van todavía más lejos y hablan de miles de kilómetros de instalaciones construidas a lo largo del territorio nacional.

La diferencia con los túneles populares es fundamental. Mientras muchos refugios destinados a civiles terminaron abandonados, inundados o sellados, las fuentes disponibles no permiten asumir que las obras militares corrieron la misma suerte. El accidente ocurrido en Melones, Holguín, en enero de 2025, demostró que instalaciones protegidas continuaban siendo utilizadas para almacenar material de guerra décadas después de las grandes campañas constructivas de los años 80 y 90.

NO TODOS LOS TÚNELES FUERON CONSTRUIDOS PARA LA POBLACIÓN

Uno de los errores más frecuentes al abordar esta historia consiste en considerar todas las obras subterráneas como simples refugios civiles. La documentación oficial establece una separación clara entre los “túneles populares” y las denominadas “obras ingenieras de alta protección”.

Durante el ejercicio Bastión 2004, Granma explicó que esas instalaciones estaban destinadas a asegurar la supervivencia no solamente de la población, sino también de los órganos de dirección y mando, las tropas, la técnica militar, el armamento y las reservas militares y estatales. El mismo texto reconocía que estas construcciones continuaban realizándose en diferentes partes del país y que participaban tanto fuerzas militares como trabajadores de empresas civiles.

Eso significa que el sistema subterráneo cubano nunca tuvo una única función. Bajo la misma estrategia de defensa convivieron refugios relativamente sencillos para civiles con instalaciones diseñadas para proteger recursos considerados esenciales para mantener las operaciones militares y gubernamentales durante un conflicto.

La diferencia también explica por qué resulta imposible evaluar todo el sistema observando únicamente las bocas abandonadas que todavía pueden verse en algunos barrios.

RAÚL CASTRO HABLÓ DE “MILES DE KILÓMETROS”

Una de las declaraciones oficiales más reveladoras procede de Raúl Castro. En un discurso posteriormente recopilado por Granma, afirmó que Cuba había construido “miles de kilómetros de túneles de todos los tamaños” y sostuvo que las unidades militares importantes habían sido protegidas bajo tierra, incluyendo instalaciones relacionadas con la aviación.

En otra intervención afirmó que el armamento se encontraba distribuido y protegido en “miles de kilómetros de obras soterradas” construidas a lo largo y ancho del país, incluyendo dentro de ese sistema los túneles populares.

Estas declaraciones son importantes porque proceden de quien durante décadas ocupó las máximas responsabilidades militares del país. No constituyen un inventario detallado, pero sí un reconocimiento directo de la magnitud que alcanzó el programa.

Tampoco significan necesariamente que cada kilómetro permanezca operativo hoy. Las afirmaciones describen la infraestructura creada durante décadas; no existe un balance público actualizado que permita determinar qué proporción continúa en servicio, qué instalaciones fueron clausuradas y cuáles han recibido mantenimiento.

ARMAMENTO PROTEGIDO BAJO TIERRA

La finalidad militar de las instalaciones tampoco es una deducción basada en fotografías o testimonios externos. Forma parte de las explicaciones ofrecidas por las propias autoridades.

Raúl Castro afirmó que las armas estaban protegidas en miles de kilómetros de obras soterradas, mientras que Granma describió expresamente instalaciones destinadas a proteger armamento, técnica y reservas militares.

Ese concepto tiene una lógica militar conocida: dispersar armamento y municiones disminuye la vulnerabilidad de las fuerzas ante ataques contra instalaciones superficiales. Los depósitos subterráneos también ofrecen protección contra fragmentación, condiciones meteorológicas y determinados tipos de bombardeo.

Sin embargo, conocer la finalidad general no equivale a conocer el contenido actual de cada instalación. No existen datos públicos fiables que permitan establecer qué tipos de armas están almacenados hoy en determinados complejos ni cuánto material permanece en ellos.

Cualquier afirmación específica sobre arsenales activos necesita, por tanto, evidencia independiente.

TÉCNICA MILITAR: VEHÍCULOS, ARTILLERÍA Y EQUIPOS

Las obras de alta protección también fueron concebidas para resguardar la denominada técnica militar, término utilizado habitualmente por las FAR para referirse a vehículos, equipos y medios de combate.

La documentación oficial de Bastión 2004 menciona expresamente la protección de la técnica junto al armamento y las tropas. Raúl Castro, por su parte, señaló que las principales unidades habían sido llevadas a instalaciones protegidas en profundidad.

Esto permite sostener que al menos una parte de las fortificaciones fue diseñada con dimensiones suficientes para albergar equipos significativamente mayores que los que cabrían en un simple refugio personal.

Lo que no puede afirmarse con precisión es cuántos complejos de ese tipo existen actualmente ni qué vehículos específicos permanecen almacenados en ellos. Las historias sobre túneles con largas filas de tanques, transportes blindados o sistemas de artillería circulan desde hace décadas. Algunas resultan compatibles con la finalidad reconocida oficialmente del sistema, pero la compatibilidad no convierte automáticamente cada relato en un hecho demostrado.

¿Y LA AVIACIÓN?

La afirmación de Raúl Castro sobre la aviación es uno de los aspectos más llamativos de todo el expediente.

En el discurso reproducido por Granma, aseguró que las unidades militares importantes se encontraban protegidas en las profundidades y agregó específicamente que ello incluía a la aviación.

La frase demuestra que la planificación defensiva cubana contempló la protección subterránea o altamente fortificada de medios vinculados con la fuerza aérea. No permite, sin embargo, determinar la forma exacta de cada instalación ni confirmar versiones sobre bases enteras escondidas bajo montañas.

Existen construcciones militares fortificadas capaces de proteger aeronaves sin que necesariamente se trate de extensos hangares subterráneos interconectados. Por esa razón, CubaBajoLupa no presentará como hecho las numerosas historias que circulan en internet sobre supuestas bases aéreas secretas mientras no existan documentos o imágenes verificables que permitan sostenerlas.

La declaración oficial ya es suficientemente significativa: la protección de la aviación formó parte del esfuerzo de fortificación reconocido por la dirección militar cubana.

CENTROS DE MANDO PROTEGIDOS

Las obras también contemplaron instalaciones para órganos de dirección y mando. Esa categoría aparece explícitamente en la descripción oficial de las fortificaciones publicada durante Bastión 2004.

La existencia de puestos de mando protegidos no resulta excepcional desde el punto de vista militar. Un sistema de defensa territorial necesita mantener comunicaciones, coordinación y capacidad de decisión incluso después de ataques contra instalaciones superficiales.

El problema aparece cuando esa realidad documentada se mezcla con historias que no han podido comprobarse.

Durante años han circulado relatos acerca de túneles que conectarían sedes gubernamentales, residencias oficiales, unidades militares y otras instalaciones estratégicas. Algunas versiones hablan incluso de grandes redes subterráneas capaces de permitir desplazamientos entre diferentes puntos de La Habana.

Hasta ahora no existe documentación pública suficiente para confirmar esas redes concretas. Podemos afirmar que existen o existieron centros de mando protegidos bajo tierra porque las propias autoridades reconocieron esa finalidad. No podemos convertir automáticamente en hechos los mapas y relatos anónimos que circulan sin respaldo documental.

RESERVAS PARA UNA GUERRA PROLONGADA

La infraestructura subterránea también estuvo vinculada a la preservación de reservas. Granma incluyó explícitamente dentro de los objetivos de las obras la protección de reservas militares y estatales.

El concepto es coherente con la estrategia de Guerra de Todo el Pueblo. Una defensa prolongada requeriría no solamente armas, sino combustible, alimentos, piezas de repuesto, equipos médicos, comunicaciones y otros suministros capaces de mantener funcionando unidades militares y estructuras esenciales.

Pero nuevamente aparece el límite impuesto por la ausencia de información pública.

No existe un inventario actualizado sobre qué reservas siguen almacenándose bajo tierra, dónde se encuentran o cuál es su estado de conservación.

En una investigación responsable, esa ausencia debe reconocerse en lugar de llenarse con especulaciones.

MELONES: CUANDO UNA OBRA MILITAR SUBTERRÁNEA VOLVIÓ A SER NOTICIA

El 7 de enero de 2025, una serie de explosiones en Melones, municipio Rafael Freyre, provincia de Holguín, puso de nuevo bajo atención pública las instalaciones utilizadas para almacenar material militar.

El Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias informó inicialmente que las explosiones se habían producido en un área destinada al almacenamiento de material de guerra. Trece militares fueron reportados desaparecidos: dos mayores, dos segundos suboficiales y nueve soldados.

La magnitud del incidente obligó a adoptar medidas preventivas en las comunidades cercanas. Las informaciones oficiales y de agencias internacionales señalaron evacuaciones de residentes mientras continuaban las detonaciones relacionadas con el material almacenado.

Ocho días después, las autoridades declararon fallecidos a los trece militares.

El MINFAR explicó que las explosiones, los gases acumulados, los daños estructurales y el riesgo de nuevos derrumbes habían hecho imposible acceder al punto donde se encontraban. La investigación oficial señaló como posible causa del accidente un fallo eléctrico producido por un cortocircuito en el interior de la instalación.

MELONES DEMOSTRÓ QUE ALGUNAS OBRAS CONTINUABAN EN USO

El caso tiene una importancia especial dentro de esta investigación.nNo demuestra que todos los túneles construidos durante la Guerra de Todo el Pueblo estén operativos. Tampoco permite conocer el estado general del sistema nacional.

Pero sí demuestra algo más concreto: en 2025 seguían existiendo instalaciones militares protegidas utilizadas para almacenar material de guerra. La propia declaración oficial de Miguel Díaz-Canel describió el lugar como una “obra que almacenaba material de guerra” perteneciente a la Región Militar de Holguín.

Ese reconocimiento contemporáneo conecta directamente las grandes fortificaciones construidas durante décadas con la realidad militar actual. No todo quedó abandonado después del Período Especial.

MUNICIONES ENVEJECIDAS Y UN PROBLEMA DIFERENTE

Las informaciones difundidas después del accidente añadieron otro elemento relevante. Fuentes oficiales señalaron que en la unidad se estaban clasificando municiones envejecidas, razón por la cual se advertía que podían continuar produciéndose detonaciones después del incendio inicial.

Esto introduce un desafío distinto al de construir los túneles: conservar durante décadas el material almacenado dentro de ellos.

Las municiones requieren condiciones específicas de almacenamiento y controles periódicos. La humedad, las variaciones de temperatura, el envejecimiento de componentes y los sistemas eléctricos pueden incrementar riesgos en depósitos antiguos.

La investigación oficial atribuyó el inicio probable del desastre de Melones a un cortocircuito. Esa es la explicación anunciada por las autoridades cubanas; no se ha publicado un informe técnico completo y accesible que permita revisar independientemente todos los aspectos de la investigación.

LAS CRÍTICAS SOBRE LOS PROTOCOLOS DE SEGURIDAD

Después del accidente también surgieron cuestionamientos sobre la actuación del personal.

Un antiguo oficial encargado de armamento declaró a 14ymedio, bajo anonimato, que en su opinión se habían violado protocolos y que la evacuación debía haberse producido inmediatamente ante el peligro de explosiones. Se trata de la valoración de una fuente individual y no de una conclusión independiente establecida por una investigación pública.

Ese tipo de acusaciones deben diferenciarse claramente de los hechos confirmados. Lo documentado es que trece militares murieron tras intervenir durante el incidente y que las autoridades atribuyeron posteriormente el inicio del siniestro a un fallo eléctrico. Lo que sigue sujeto a discusión es si los procedimientos aplicados antes y durante las explosiones fueron los adecuados.

El MINFAR no ha hecho público un expediente técnico detallado que permita evaluar de forma independiente esas decisiones.

¿CUÁNTAS INSTALACIONES COMO MELONES EXISTEN?

No lo sabemos. Las declaraciones históricas sobre miles de kilómetros de obras soterradas sugieren un sistema mucho mayor que las instalaciones conocidas públicamente.

Pero ninguna fuente oficial ofrece un número actualizado de depósitos subterráneos de municiones, puestos de mando, refugios para equipos o instalaciones vinculadas a la aviación. Tampoco sería correcto utilizar viejos mapas, fotografías aisladas o coordenadas publicadas sin contexto para elaborar un supuesto inventario operacional.

Además de las limitaciones de verificación, algunas de estas instalaciones pueden continuar teniendo funciones militares activas. Por eso esta investigación se concentra en la estructura general, la documentación histórica y los casos ya hechos públicos, y no en localizar accesos operativos o detallar instalaciones activas.

¿SIGUE VIGENTE LA ESTRATEGIA QUE LOS CREÓ?

La doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo no ha desaparecido del discurso oficial cubano.

En enero de 2026, Granma informó sobre nuevas jornadas de preparación territorial vinculadas explícitamente con esa concepción defensiva. Meses después, en junio, dirigentes gubernamentales evaluaron actividades del Día Nacional de la Defensa y la preparación de zonas destinadas a mantener servicios y proteger a la población ante situaciones excepcionales.

Eso no demuestra que hoy continúen construyéndose túneles a la escala de los años 80.

Sí confirma que el sistema doctrinal que originó gran parte de esas obras continúa formando parte del esquema oficial de defensa en 2026. Por esa razón, las instalaciones subterráneas no pueden analizarse únicamente como restos arqueológicos de la Guerra Fría. Una parte pertenece a la historia. Otra, como demostró Melones, siguió teniendo funciones militares mucho después.

QUÉ ESTÁ CONFIRMADO

CONFIRMADO: Cuba construyó miles de kilómetros de obras soterradas según declaraciones de Raúl Castro, y esas instalaciones fueron concebidas para proteger armamento, técnica militar, órganos de mando, tropas y reservas.

CONFIRMADO: la planificación incluyó instalaciones relacionadas con la protección de la aviación, según una declaración pública de Raúl Castro posteriormente reproducida en documentación oficial.

CONFIRMADO: en enero de 2025 una instalación en Melones, Holguín, que almacenaba material de guerra sufrió explosiones que provocaron la muerte de trece militares. Las autoridades atribuyeron como causa probable un cortocircuito eléctrico.

CONFIRMADO: la doctrina de Guerra de Todo el Pueblo sigue apareciendo en actividades oficiales de preparación para la defensa durante 2026.

LO QUE NO ESTÁ CONFIRMADO

No existe un inventario público que permita establecer cuántos depósitos militares subterráneos continúan activos, qué cantidad de armamento guardan o qué porcentaje de los antiguos complejos sigue operativo.

Tampoco disponemos de evidencia suficiente para confirmar numerosas historias sobre supuestas ciudades militares bajo tierra, redes secretas continuas entre instalaciones gubernamentales o hangares gigantes cuya existencia se afirma frecuentemente en redes sociales.

Que Cuba haya construido instalaciones subterráneas a gran escala está documentado. Que cada leyenda asociada a ellas sea verdadera es otra cuestión completamente distinta.

EL MAYOR SECRETO NO ES QUE EXISTAN

Después de cuatro entregas aparece una conclusión importante. La existencia de instalaciones militares bajo tierra no es realmente un secreto. Las propias autoridades cubanas han hablado de miles de kilómetros de obras, armamento protegido, centros de mando y unidades resguardadas en profundidad.

El verdadero vacío está en otra parte. No sabemos cuántas continúan activas, cuánto cuesta mantenerlas, en qué estado se encuentran después de décadas de crisis económica ni qué proporción de los arsenales almacenados durante años ha envejecido dentro de ellas.

Melones mostró que esas preguntas no pertenecen únicamente al pasado. También pueden convertirse, literalmente, en una cuestión de vida o muerte.

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