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Cuba Bajo Lupa

“LA COMIDA DEL POBRE” SE CONVIERTE EN LUJO EN CUBA: PAN CON GUAYABA, HUEVOS Y HASTA UN REFRESCO GOLPEAN EL BOLSILLO

Pan con guayaba, un huevo frito, una tortilla, yogur de soya o un refresco en polvo fueron durante años alimentos modestos asociados a desayunos y meriendas económicas en Cuba. Una publicación de la cubana Yordanka Battle Moré ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad mucho más profunda: la inflación en Cuba y los precios de los alimentos han convertido incluso esas opciones básicas en gastos difíciles de asumir para quienes dependen de salarios y pensiones en pesos.

Battle Moré resumió el contraste con una frase que provocó numerosas reacciones en Facebook: “Lo que antes era la comida del pobre, hoy es un lujo”. Su publicación mezcla recuerdos personales con precios actuales compartidos por usuarios y abre una pregunta especialmente incómoda: ¿cómo se alimenta quien vive exclusivamente de sus ingresos dentro de la Isla y no recibe ayuda del exterior?

DE UNA MERIENDA COTIDIANA A UN GASTO DIFÍCIL DE ASUMIR

La cubana recordó que hace menos de siete años podía desayunar pan con tortilla acompañado de yogur de soya vendido de manera liberada. También evocó sus años de estudiante, alrededor del año 2000, cuando su madre reservaba el pan de varios días para prepararle tostadas y acompañarlas con pasta de guayaba y refrescos Toki.

No se trataba de productos asociados al lujo. Precisamente ahí está el centro de la discusión: eran soluciones económicas dentro de hogares que debían administrar cuidadosamente sus recursos.

Hoy, según Battle Moré, incluso un coffee cake o un pan de caracol puede alcanzar unos 450 CUP en establecimientos económicos. Sobre el pan con guayaba ironizó que consumirlo se ha convertido “casi en una experiencia religiosa”.

Los comentarios a su publicación añadieron otros precios, entre ellos 1,200 CUP por pasta de guayaba Conchita, 650 CUP por paquetes de espaguetis en determinados lugares y unos 350 CUP por refrescos en polvo utilizados como alternativa a productos que prácticamente han desaparecido.

Estas cantidades proceden de testimonios en redes sociales y no constituyen un levantamiento oficial de precios. Pueden variar ampliamente según provincia, municipio, tipo de establecimiento y disponibilidad.

LA INFLACIÓN EN CUBA Y LOS PRECIOS DE LOS ALIMENTOS EXPLICAN PARTE DEL PROBLEMA

La percepción expresada por Battle Moré coincide con un deterioro del poder adquisitivo que también aparece en las estadísticas oficiales.

El dato de inflación interanual de 20,70% correspondía a julio de 2026, pero la cifra volvió a subir posteriormente: la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) situó la inflación interanual oficial en 25,19% en agosto, con un aumento mensual del 4,92%. Los alimentos se encuentran entre los componentes que más presión ejercen sobre los hogares cubanos.

La diferencia entre precios e ingresos ayuda a entender por qué productos aparentemente modestos generan tanta discusión. El salario mínimo fue elevado en julio a 3,210 CUP mensuales. Como referencia, una estimación realizada por una residente de La Habana calculó recientemente que una familia pequeña podría necesitar alrededor de 205,000 CUP mensuales para alimentos, transporte, higiene, medicamentos y servicios. No se trata de una cifra oficial de costo de vida, sino de un presupuesto doméstico elaborado a partir de precios reales recopilados por su autora.

Otro cálculo, citado por Food Monitor Program, estimó anteriormente en 41,735 CUP mensuales la alimentación básica de dos adultos en La Habana. Ese valor por sí solo supera ampliamente los ingresos mínimos vigentes.

CUANDO EL PROBLEMA YA NO ES QUÉ COMER, SINO SI SE PUEDE COMPRAR

El debate generado por la publicación va más allá de la nostalgia por productos desaparecidos. Expone el cambio en la relación entre salario y comida.

Una libra de pollo, un cartón de huevos, aceite, pan o una barra de guayaba pueden representar hoy una proporción considerable del ingreso mensual de un trabajador o pensionado. Y cuando varios alimentos básicos deben comprarse prácticamente a precios de mercado, la aritmética doméstica se vuelve cada vez más difícil.

La pregunta repetida entre los comentaristas resume precisamente esa vulnerabilidad: ¿qué ocurre con las personas que no reciben remesas ni ayuda familiar desde el extranjero?

Esa es quizá la parte más reveladora de la discusión. El deterioro no se mide únicamente en porcentajes de inflación. También puede observarse en algo mucho más cotidiano: alimentos que durante décadas fueron considerados baratos dejan de estar al alcance de una parte creciente de la población.

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