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Cuba Bajo Lupa

“VIÑALES ESTÁ DESÉRTICO”: EL TURISMO SE HUNDE Y LOS TRABAJADORES BUSCAN SOBREVIVIR

Viñales, uno de los destinos turísticos más conocidos de Cuba, atraviesa una de sus etapas más difíciles. Calles con escasos visitantes, negocios prácticamente vacíos, trabajadores que han tenido que abandonar el sector y emprendedores que apenas mantienen sus locales abiertos dibujan un panorama muy distinto al de años anteriores.

El deterioro no es anecdótico. Según un reportaje de EFE, durante una jornada completa recorriendo la localidad su equipo no encontró un solo turista internacional, mientras varios trabajadores y propietarios describieron una economía local que ya no intenta crecer: intenta sobrevivir. Texto pegado

“VIÑALES ESTÁ DESÉRTICO”

La frase pertenece a Lázaro Mena, responsable del proyecto privado Mogote Adventure. Según relató a EFE, su negocio lleva más de seis meses sin ingresos.

La caída de visitantes ha obligado a los emprendimientos locales a bajar precios y modificar su oferta para intentar captar turismo nacional. Mena llegó a señalar que Viñales podría estar entre los destinos con tarifas más bajas de Cuba debido a la necesidad de competir por un mercado cada vez más reducido.

La dimensión del golpe se entiende mejor por la estructura económica del municipio. Viñales tiene alrededor de 28.000 habitantes y distintas estimaciones citadas por EFE sitúan en cerca del 80 % la proporción de residentes vinculados directa o indirectamente al turismo.

A diferencia de polos dominados por grandes complejos hoteleros, en Viñales buena parte de la actividad depende de casas particulares, restaurantes, excursiones, guías y pequeños servicios privados.

NEGOCIOS ABIERTOS AUNQUE NO HAYA CLIENTES

Uno de los testimonios más reveladores es el de Yolexis Romero, trabajador del bar privado Tapas 3J desde hace once años.

Romero explicó que algunos negocios siguen funcionando casi por inercia, para no desaparecer comercialmente mientras esperan tiempos mejores.

Su resumen fue directo: “Estamos sobreviviendo poco a poco”.

Ante la falta de clientes, habitantes de la zona han comenzado a vender productos en los portales de sus casas mediante pequeñas “ventas de garaje”. No se trata de una nueva etapa de prosperidad privada, sino de una estrategia para conseguir ingresos cuando el turismo dejó prácticamente de generarlos.

DEL RESTAURANTE AL CAMPO

El caso de Elieser Duarte, de 41 años, muestra la dimensión humana del desplome. Duarte trabajó durante cuatro años como jefe de cocina de un restaurante hasta perder su empleo con la caída del turismo. Después tuvo que buscar sustento trabajando la tierra.

Según explicó a EFE, terminó viviendo en una pequeña casa de madera y palma en las afueras de Viñales y recurriendo al campo para “sembrar y hacer lo que se pueda”.

Su situación familiar refleja además otro problema: la falta de transporte. Duarte aseguró que su hija de diez años debe caminar varios kilómetros algunos días para poder asistir a la escuela porque no puede asumir regularmente el costo de los triciclos eléctricos.

EL DESPLOME DEL TURISMO EN CUBA YA ES NACIONAL

Lo que ocurre en Viñales forma parte de una caída mucho mayor.

Cuba recibió 450.353 turistas internacionales entre enero y agosto de 2026, un descenso del 64,4 % respecto al mismo período del año anterior, según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información divulgadas por EFE.

Las cifras están muy lejos de los años de mayor llegada de visitantes. En 2018 Cuba recibió alrededor de 4,6 millones de turistas y en 2019 unos 4,2 millones. En 2025, en cambio, la cifra quedó apenas por encima de 1,8 millones.

El propio primer ministro Manuel Marrero reconoció en julio que el 73 % de las instalaciones hoteleras del país estaban cerradas, que unos 25.000 trabajadores se encontraban afectados y que siete cadenas internacionales habían salido de Cuba.

EL TURISMO NO ES EL ÚNICO PROBLEMA DE VIÑALES

A la falta de visitantes se suman problemas básicos que dañan todavía más la experiencia turística y la vida cotidiana.

Reportes publicados durante 2026 documentaron períodos de más de seis meses sin servicio regular de agua potable, averías en sistemas de bombeo, apagones prolongados y graves dificultades de transporte.

La carretera que conecta Viñales con Pinar del Río también ha sido objeto de denuncias por su deterioro, mientras la falta de combustible ha reducido las alternativas de movilidad.

Este escenario crea un círculo difícil de romper: menos servicios deterioran el destino, el deterioro reduce su atractivo, la caída de visitantes hunde los ingresos y la falta de ingresos dificulta mantener los propios servicios turísticos.

UN DESTINO PATRIMONIO MUNDIAL QUE PIERDE SU PRINCIPAL MOTOR

Viñales no es un destino cualquiera. Su valle forma parte de la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1999, reconocido como paisaje cultural por sus mogotes, agricultura tradicional, arquitectura y relación histórica con el cultivo del tabaco.

Precisamente por eso resulta tan llamativo que un lugar con reconocimiento internacional y una identidad turística consolidada llegue a una situación en la que emprendedores describen sus calles como “desérticas”.

El Gobierno cubano atribuye una parte importante de la caída del turismo a las sanciones y restricciones estadounidenses. Esa presión es un factor real: medidas adoptadas por Washington han afectado vuelos, empresas y operaciones vinculadas al sector. Pero la propia experiencia de Viñales muestra que el problema también incluye apagones, falta de combustible, deterioro del transporte, escasez de servicios básicos y una crisis económica interna prolongada.

NOVIEMBRE SE ACERCA Y LA INCERTIDUMBRE CRECE

La próxima temporada alta comienza tradicionalmente en noviembre, pero los empresarios entrevistados por EFE no hablan de expansión ni recuperación.

Hablan de aguantar. Para una localidad donde gran parte de la economía depende del visitante extranjero, otro invierno sin turismo significaría meses adicionales de negocios sin ingresos, trabajadores desplazados hacia otras actividades y familias buscando alternativas fuera del sector que durante años sostuvo a buena parte del municipio.

La imagen quizá más reveladora de la crisis no sea un hotel vacío. Es un antiguo jefe de cocina sembrando en el campo porque ya no quedan turistas a quienes cocinarles.

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