BELARMINO CASTILLA MAS: EL COMANDANTE OLVIDADO DE RAÚL CASTRO QUE LLEVÓ LA MILITARIZACIÓN A LA EDUCACIÓN CUBANA
Belarmino Castilla Mas, conocido durante la lucha revolucionaria como “Aníbal”, fue uno de aquellos comandantes que ocuparon posiciones importantes después de 1959 pero cuyo nombre terminó quedando mucho menos presente en la memoria pública que el de otros jefes de su generación. Había nacido en Santiago de Cuba en 1934, estuvo vinculado a la clandestinidad del Movimiento 26 de Julio y, durante 1958, llegó a dirigir la Columna 19 “José Tey” del Segundo Frente Oriental “Frank País”.
Después del triunfo revolucionario su carrera ascendió rápidamente. Castilla Mas ocupó responsabilidades en el Ejército Oriental, llegó a desempeñarse como jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y terminó formando parte del Comité Central del Partido Comunista, antes de pasar posteriormente al Ministerio de Educación y a la vicepresidencia del Consejo de Ministros.
Pero detrás de aquella trayectoria oficial aparecen episodios mucho más controvertidos. Su nombre está relacionado con los tribunales revolucionarios de enero de 1959, con testimonios que lo sitúan alrededor de las UMAP, con el proceso de creciente influencia militar sobre el sistema educativo cubano y con una posterior salida de posiciones importantes del Gobierno cuya verdadera dimensión política ha sido objeto de interpretaciones diferentes.
LOS JUICIOS DE SANTIAGO Y LA LOMA DE SAN JUAN
Uno de los episodios más graves asociados a Castilla Mas ocurrió apenas días después del triunfo revolucionario. Diversas reconstrucciones históricas identifican a Belarmino Castilla como responsable o integrante destacado de uno de los tribunales revolucionarios que juzgaron en Santiago de Cuba a militares y miembros de los cuerpos represivos del gobierno de Fulgencio Batista.
El 11 de enero de 1959, un tribunal en Santiago condenó a muerte a cuatro acusados en un proceso extraordinariamente rápido. Las fuentes que reconstruyen aquel juicio señalan que Castilla Mas tuvo un papel directivo y que Jorge Serguera actuó como fiscal, mientras posteriormente un tribunal encabezado por Raúl Castro procesó a un grupo mucho mayor de acusados.
Al día siguiente, decenas de condenados fueron fusilados en la zona conocida como Loma de San Juan, un episodio que continúa provocando una profunda controversia histórica. Algunas fuentes de la época sostuvieron que entre los procesados había responsables de asesinatos y torturas durante la dictadura de Batista, mientras organizaciones y autores críticos del Gobierno cubano han cuestionado las garantías procesales y han denunciado que los procedimientos fueron sumarios.
La presencia de Castilla en esos primeros tribunales es relevante porque muestra que su función después de enero de 1959 no fue únicamente militar. Desde prácticamente el comienzo del nuevo Gobierno aparece participando en estructuras encargadas de impartir justicia revolucionaria durante uno de los períodos más polémicos de la transición de poder.
EL HOMBRE DE RAÚL EN LAS NUEVAS FAR
Castilla desarrolló una prolongada relación profesional con Raúl Castro dentro de las Fuerzas Armadas. En abril de 1961, cuando se estructuró el Ejército Oriental, Raúl aparecía como jefe, Calixto García Martínez como segundo jefe y Belarmino Castilla como jefe de Estado Mayor, una posición desde la cual participó directamente en la reorganización del aparato militar cubano.
Durante esos años las FAR abandonaron progresivamente la organización guerrillera improvisada y adoptaron estructuras más próximas al modelo militar soviético. El propio Castilla reconocería posteriormente la importancia del asesor hispano-soviético conocido en Cuba como “Angelito”, Ángel Martínez Riosola, a quien describió como uno de los hombres que introdujo organización y estrategia militar modernas en las nuevas fuerzas armadas.
Su carrera militar lo llevó finalmente a la jefatura del Estado Mayor General. Un documento de inteligencia estadounidense de 1978 recordaba que Castilla había permanecido durante años dentro del aparato de Raúl Castro y que posteriormente había ocupado la dirección de preparación combativa, antes de asumir responsabilidades directamente relacionadas con la enseñanza militar y técnica.
LA SOMBRA DE LAS UMAP
Otro asunto mucho más difícil de establecer documentalmente es su posible relación con las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, conocidas como UMAP, que funcionaron entre 1965 y 1968. Aquellos campamentos fueron utilizados para internar a miles de hombres considerados incompatibles con el servicio militar regular por razones políticas, religiosas, sociales o relacionadas con su conducta y orientación sexual.
Una organización dedicada a recopilar testimonios de antiguos internados incluye a Belarmino Castilla Mas entre los comandantes vinculados a la estructura de mando de las UMAP. Además, el libro La UMAP: El Gulag Castrista, de Enrique Ros, reproduce el testimonio de un antiguo confinado que recordaba que Castilla habría ocupado durante un período funciones de jefatura.
Sin embargo, ese punto requiere especial cautela. No hemos localizado hasta ahora una orden militar, documento oficial o expediente primario que permita precisar exactamente qué cargo ocupó Castilla dentro de las UMAP, durante cuánto tiempo o qué responsabilidad directa tuvo sobre el funcionamiento de los campamentos.
Por esa razón, su relación con las UMAP debe presentarse como una atribución basada en testimonios y registros de antiguos confinados, no como un hecho cuya cadena documental esté completamente establecida. Es un terreno que merece una investigación específica porque, de confirmarse documentalmente, añadiría otra dimensión relevante a su trayectoria dentro de las FAR.
DEL EJÉRCITO AL MINISTERIO DE EDUCACIÓN
Uno de los giros más llamativos de su carrera ocurrió a finales de los años 60. Documentos desclasificados estadounidenses señalan que Castilla desempeñó un papel destacado en la incorporación de amplios segmentos de la enseñanza secundaria y tecnológica a estructuras de fuerte influencia militar, antes de ser nombrado ministro de Educación en julio de 1970.
Una evaluación de la CIA de 1974 interpretaba su traslado desde las FAR hacia Educación no como una disminución del poder militar sobre el sector, sino como parte de una creciente militarización administrativa. El informe sostenía que Castilla llevó consigo cuadros procedentes del MINFAR y que José Ramón Fernández, también militar de carrera, pasó a ocupar una posición clave dentro del ministerio.
Aquella etapa coincidió con la expansión de las escuelas en el campo, los internados y un modelo educativo estrechamente ligado al trabajo agrícola, la disciplina colectiva y la formación ideológica. Años después, un testimonio publicado por Diario de Cuba recordó incluso la aparición de Castilla, ya como ministro de Educación, en un campamento estudiantil después de una protesta protagonizada por jóvenes contra las condiciones existentes allí.
UN PODER QUE CRECIÓ Y DESPUÉS SE REDUJO
En noviembre de 1972, Castilla Mas fue elevado a vicepresidente del Consejo de Ministros encargado del sector de Educación, Cultura y Ciencia. Bajo su área quedaron instituciones relacionadas no solamente con educación, sino también con ciencia, deporte, radiodifusión y otras ramas estratégicas de la administración estatal.
Sin embargo, a comienzos de 1978 fue retirado de esa vicepresidencia. Un análisis de la CIA de la época señaló que la prensa cubana atribuyó el cambio a problemas de salud y que, pese a dificultades registradas entonces en el sector educativo, la información disponible no permitía concluir que hubiera sido una purga política.
Ese detalle es importante porque alrededor de dirigentes que desaparecieron de posiciones de poder en Cuba surgieron frecuentemente rumores de castigos o enfrentamientos internos. En el caso de Castilla, la documentación estadounidense consultada advertía precisamente que no existían evidencias suficientes para afirmar que su salida hubiera sido resultado de un conflicto político.
UN COMANDANTE ENTRE VARIAS ZONAS OSCURAS DE LA HISTORIA
Belarmino Castilla Mas murió en La Habana el 20 de febrero de 2015, a los 80 años, después de permanecer durante décadas ligado a la historia oficial del Segundo Frente Oriental y de las Fuerzas Armadas. Su trayectoria conecta algunas de las etapas más sensibles de las primeras décadas posteriores a 1959: los tribunales revolucionarios, la construcción de unas FAR inspiradas en modelos soviéticos, las UMAP y la creciente presencia de estructuras militares dentro de la educación.
No todos esos episodios tienen el mismo nivel de documentación, y precisamente ahí está el interés del personaje. Lo confirmado permite reconstruir a un hombre situado muy cerca de los centros de decisión militar y política, mientras otros elementos —especialmente su papel exacto en las UMAP— siguen dependiendo de testimonios que todavía necesitan respaldo documental adicional.
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